En el transcurso de los años 70 y 80, en plena explosión de la revolución sexual, eclosiona un proceso de digitalización de la prostitución iniciado por el auge del cine pornográfico. Posteriormente, en la transición a los años 90 con la llegada de internet, emergen las primeras páginas web de pago, centradas en contenido sexual. Marcando este hito un cambio social significativo, dado que a principios de los 2000, surgieron plataformas gratuitas de contenido pornográfico, ampliándose significativamente el acceso a contenidos vinculados con la pornografía.
El impacto de la tecnología desde la infancia se refleja en la incorporación de plataformas como YouTube, Tik Tok o Netflix como herramientas ligadas a la crianza. Sin embargo, a medida que las personas adolescentes comienzan a ser conscientes de sus elecciones de contenido, se presenta un fenómeno inquietante. Según un informe de Save the Children del año 2020 sobre la conexión de los adolescentes con la pornografía, la mayoría de ellos (68,2%) inicia su consumo a los 12 años de manera habitual. Este consumo se realiza mayoritariamente en privado (93,9%), a través de dispositivos móviles, centrándose en contenido gratuito en línea que exhibe violencia y desigualdad, así como terribles entramados de proxenetismo.
En este contexto, han ido surgiendo plataformas como OnlyFans, las cuales se han consolidado como un santuario contemporáneo del denominado entretenimiento adulto y las mismas se han justificado como plataformas de “empoderamiento sexual”. Algo que abordó la escritora y activista social bell hooks, cuando explicó cómo el capitalismo se apropia y comercializa conceptos feministas para su propio beneficio. En su obra ’El feminismo es para todo el mundo’, desarrolla cómo la liberación sexual se ha convertido en una mercancía en manos de la industria, alejándose de su propósito liberador y transformador.
Un ‘’empoderamiento’’ sexual configurado en una plataforma completamente feminizada en su contenido y masculinizada en su consumo, con más de 3 millones de creadores de contenido, siendo el 97% mujeres, y una base de usuarios que supera los 240 millones. Cuando una persona se registra en la plataforma, los usuarios tienen la opción de suscribirse pagando una tarifa mensual para acceder a su contenido exclusivo, que puede ir desde conversaciones privadas hasta posibles encuentros presenciales, revelando así la intrínseca dinámica capitalista: quien paga, establece las reglas. Es decir, al pagar una cuota mensual o por contenido específico, los suscriptores tienen influencia sobre el tipo de contenido que el creador o creadora produce, evidenciándose cómo la relación monetaria define las reglas del juego en esta plataforma.
Los orígenes de OnlyFans
La historia de OnlyFans se entrelaza con la trayectoria de su creador y primer CEO, Tim Stokely, el cual cedió el control a Fénix International Limited, una entidad propiedad de Leonid Radvinsky, quien también ostenta la página de MyFreeCams.com, un sitio web que ofrece presentaciones en vivo de modelos, realizando generalmente desnudos y actividad sexual de acceso gratuito. Stokley, antes de fundar OnlyFans en 2016, ya estaba involucrado en sitios como GlamWorship.com en 2011 y Customs4U.com en 2014, donde los usuarios pagaban por contenido personalizado de estrellas porno. Y es que, según una publicación del Daily Mail, Stokely despertó su interés por la comercialización de material explícito en la década de los 2000, cuando "tropezó con el atractivo de las películas fetichistas", según explicó.
La relación entre estas dos personas podría tener implicaciones no sólo en términos de estrategias empresariales, sino también en la configuración de las políticas y prácticas que rigen el contenido y la interacción en estas plataformas, dado que la convergencia de intereses plantea preguntas significativas sobre la dirección y la influencia conjunta de ambos personajes en el sector del entretenimiento para adultos.
Un poder no democrático
Que plataformas como OnlyFans, la red social X o Tik Tok estén en manos de multimillonarios, pone de manifiesto una concentración desmedida de poder y la influencia desproporcionada que estos individuos tienen sobre la información, el poder sobre la población y la configuración política de la esfera digital. Un poder no democrático que hace y deshace a su antojo. Elon Musk es un buen ejemplo de ello.
La propiedad de estas plataformas por parte de magnates, implica que las decisiones clave sobre políticas, algoritmos y censura de contenido son tomadas de forma autoritaria en función de los intereses financieros y políticos de unos pocos. Contribuyendo bajo una aparente diversidad a que cada vez la cultura digital sea propiedad de unos pocos que toman, las decisiones comerciales y de diseño orientadas hacia la maximización de ganancias.
Crecimiento vertiginoso y polémico
Antes del confinamiento, OnlyFans contaba con menos de 20 millones de usuarios, pero en solo un año, este número se disparó hasta alcanzar los 120 millones. La ideología neoliberal que promueve la mercantilización de los cuerpos (y de todas las esferas sociales), la convergencia de personas con necesidades económicas y el deseo de obtener ingresos adicionales, creó un entorno propicio donde la venta de contenido sexual en línea se convirtió en un negocio accesible para gran parte de la población.
La rápida expansión de OnlyFans durante el confinamiento no solo se debe a la participación de influencers y celebridades, como Bella Thorne o Mala Rodríguez, sino también al resultado de un cambio de las políticas de la plataforma. Lo que inicialmente parecía un intento de cambio de imagen al anunciar la prohibición de contenidos pornográficos, terminó siendo una estrategia oportunista. La posterior reversión de la decisión, fue en gran medida producida por cierta presión mediática tal y como explicó la BBC en el artículo ‘El lado más oscuro de OnlyFans (y por qué cambió tras una investigación de la BBC)’ así como por las numerosas quejas y denuncias por su polémico contenido. Fue una estrategia empresarial focalizada en seguir aumentando el negocio ante una posible amenaza de pérdidas de ingresos.
La controversia y la polémica en torno a Onlyfans llegó a tal punto que plataformas como Tik Tok censuraron (entre otras cosas debido a cierta presión social y mediática) la palabra “OnlyFans” en sus buscadores, pero sin embargo, hemos analizado que con códigos diferentes (que no vamos a reproducir para no dar publicidad) sí que se redirige a dicha plataforma así como a webs pornograficas. También nos encontramos con diversos perfiles que relatan su experiencia en la plataforma, como puedes ser miembro de esta y cómo les ha cambiado la vida al introducirse en este mundo. Corroboramos como la censura por parte de Tik Tok de la plataforma Onlyfans se queda en una mera formalidad, no llegando a materializarse en la práctica.
Pueden encontrarse desde declaraciones como: ‘’Si estás soltero y ves esto, quédate. Mi ‘X’ (palabra camuflada para no nombrar el código OnlyFans) es gratuita”. Hasta sesiones de preparación personal, conocidas con el nombre GRWM (Get Ready With Me) donde se cuentan las ventajas y desventajas de tener una ‘X’. O multitud de vídeos de diferentes usuarios y usuarias hablando de su experiencia (generalmente positiva) en OnlyFans, revelando que se puede ganar dinero con la plataforma y que ‘’puedes llegar a vivir de ello”.
Prostitución camuflada
Salvador Gamero, detective privado experto en ciber investigación, opina de OnlyFans que “es evidente que se da una prostitución camuflada, porque si -a través del chat privado- pueden solicitar vídeos específicos […] el siguiente paso es la cita”. La propia creadora de contenido en OnlyFans, @crys_swingladiess, lo explicaba: “En el chat me han ofrecido 3.000€ por pasar 5 horas con un tío, así que, sí, me han ofrecido prostitución.”
Esto nos lleva a la necesidad crucial de cuestionar en qué medida plataformas como OnlyFans están contribuyendo a normalizar la mercantilización del cuerpo y una prostitución encubierta, especialmente entre jóvenes. Por no hablar de la cosificación e hipersexualización de las mujeres en estas plataformas, donde se perpetúan los estereotipos y presiones en torno a su estética, sexualidad y autonomía.
Estamos ante un fenómeno complejo que genera enormes problemáticas en nuestras sociedades y que va más allá de la simple oferta de contenido adulto, planteando interrogantes sobre las implicaciones a nivel social de este tipo de plataformas y sus urgentes respuestas políticas.

