Entrevistamos a Carlos Buj, uno de los activistas climáticos que, junto con Jorge Riechmann y Marina Gros, participarán en la charla ‘Matar al Mensajero’ que tendrá lugar en el Centro Social Librería La Pantera Rossa de Zaragoza este jueves, 2 de julio, a las 19:30. Esta charla quiere ser un debate sobre la creciente criminalización por parte de los poderes políticos y judiciales de la protesta climática. Unas protestas que tuvieron su punto álgido en los años 2022 y 2023 con varias acciones sorpresa protagonizadas por activistas de Futuro Vegetal, Rebelión Científica y Extinción o Rebelión y en las que Carlos participó junto a otros y otras activistas medioambientales.
¿En primer lugar cuéntanos cuál fue tu implicación estas acciones y como está tu situación judicial a día de hoy?
Participé en la primera acción, organizada por Rebelión Científica a las puertas del Congreso en 2022, para simular la sangre y representar así la condena de muerte que supone el cambio climático. Nuestro “delito” si así puede llamarse, fue lanzar agua con zumo de remolacha, con la intención de maximizar el impacto visual y minimizar los trabajos de limpieza. Si bien no resulté detenido, no todos tuvieron la misma suerte, como Jorge Riechmann entre otros, que enfrentan juicios y peticiones de penas de cárcel y multas.
Más tarde, en abril de 2023, cinco activistas fuimos detenidos por arrojar pintura negra con extintores contra las fachadas de las sedes de PP y PSOE. Por esta acción se nos juzgó por un delito de daños, y la Fiscalía en primera instancia ha condenado a pagar 43.800 euros (casi 9.000 euros por persona) entre multa, indemnización y costas. Solo de indemnización al PSOE nos condenan a 13.874 euros por manchar una fachada con pintura al agua que según el seguro costó limpiar seis veces menos. Parece que ha salido mucho más caro que limpiar el congreso…
Tanto en tu caso como en el de los compañeros y compañeras que participaron en otras acciones, ¿cuál crees tú que es el motivo de una petición de penas de prisión y sanciones tan altas?
En primer lugar, quiero decir que, como todas las personas que participamos en este tipo de acciones, tenemos mejores cosas que hacer y de verdad preferiríamos hacer uso de los canales convencionales para hacer llegar esta reivindicación. Sin embargo, si la casa está en llamas y tu familia no se despierta tras llamarles, es lícito despertarles arrojando un vaso de agua, que sí, es molesto, pero inocuo; especialmente si lo contraponemos a la magnitud de lo que se nos viene encima. El objetivo de 1,5 C para 2100 prácticamente ya se ha superado… La trayectoria actual nos lleva a 3 grados o más; aún hay tiempo de evitar lo peor. Como dice Rebecca Solnit: se ha perdido mucho, pero aún hay mucho que por lo que luchar.
Desafortunadamente, estas reivindicaciones están siendo ignoradas por los gobiernos, que hacen muy poco más que incorporar en su retórica algunas pinceladas “verdes”. En cambio, la respuesta institucional a la emergencia climática se está desplazando a reprimir este tipo de protestas, de ahí el nombre de la charla: “matar al mensajero”.
En vez de actuar sobre un problema cada vez más dramático como es el cambio climático, que nos lleva a un escenario con cada vez más sequía, menos disponibilidad de agua, olas de calor más letales y mayor riesgo de incendios, etc. se castiga a quienes lo señalan, al mensajero. De ahí la criminalización de las protestas, la persecución y detención de los activistas, su procesamiento y las elevadas penas solicitadas por la Fiscalía.
¿A qué crees que se debe la catalogación de los activistas climáticos, en un primer momento, como terrorista?
Para nuestra sorpresa la fiscalía incluyó al activismo climático en la sección de terrorismo en un informe (luego rectificó, afortunadamente). Lo entendemos como una forma de criminalizar este tipo de acciones que, no nos equivoquemos, son todas inocuas y que causan una disrupción mínima en la sociedad. Acciones muy suaves si las comparamos con otras que ha habido en la historia..
De todas maneras, España no es un caso aislado. Reino Unido ha dictado penas de prisión a más de una decena de activistas climáticos (caso Insulate Britain / Just Stop Oil). Alemania ha investigado a Letzte Generation como una organización criminal y un estado alemán reclamó fianza o prisión subsidiaria a científicos españoles que protestaron allí con Rebelión Científica. Italia aprobó un decreto endurecedor que sus críticos llaman "anti-Gandhi".
Amnistía Internacional, se ha mostrado preocupada por la represión que sufre la protesta climática y Michel Forst, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los Defensores del Medio Ambiente, ha afirmado que la represión a la que se enfrentan actualmente en Europa los activistas ambientales que recurren a la desobediencia civil pacífica representa una grave amenaza para la democracia y los derechos humanos.
El mismo fenómeno contra lo estamos viendo con la causa palestina. En Gran Bretaña, se restringe el derecho a la protesta, criminalizando a grupos que se oponen al genocidio del pueblo palestino como Palestine Action. En fin, nuestras libertades parecen estar en retroceso.
¿Qué efecto concreto ha tenido el riesgo de multa o cárcel sobre tu vida en estos años y cómo ha afectado a tu participación en otras protestas?
Tener pendiente un juicio, que se alarga durante años, aunque salgas absuelto, ya es un castigo de por sí. Inevitablemente afecta a la capacidad de movilización, que entendemos es el objetivo de la policía y la Justicia. En este tiempo he sido padre, así que ahora tengo otras prioridades. Sería más justo, hacer un juicio rápido, incluso aunque implique pasar las semanas en prisión como en Reino Unido, y poder seguir con mi vida.
Como activista medioambiental eres partidario de la desobediencia civil activa y pacífica, ¿Cómo animarías a un joven que ve como se desaparecen sus expectativas de futuro, a que se una a la lucha contra el cambio climático?
El secreto a voces es que las élites, que conocen bien el problema, van a seguir con esta “fiesta fósil” porque a ellos les va muy bien y porque a ellos lo peor ya nos les tocará. Esto es tremendamente injusto para las generaciones más jóvenes.
La juventud tiene todas las razones y todo el derecho para reclamar un cambio de modelo, que les asegure un futuro habitable. Aún hay mucho en juego, cada décima cuenta.
¿Cómo se os puede ayudar?
Podéis acudir a la charla que hemos organizado para dar a conocer esta situación y apoyarnos firmando o donando en ActivistasClimaticas.org.





