Siete de las ocho personas presas vinculadas al colectivo Palestine Action han puesto fin a su huelga de hambre tras conocerse que el Gobierno británico no adjudicará a Elbit Systems UK —filial de Elbit Systems, uno de los mayores fabricantes de armas israelíes— un contrato público de 2.000 millones de libras para el entrenamiento del Ejército. La protesta ha sido la mayor huelga de hambre coordinada en la historia británica desde 1981, cuando presos republicanos irlandeses se negaron a comer para reivindicar sus derechos políticos.
La huelga, iniciada el 2 de noviembre de 2025 —Día de la Declaración Balfour— contra la complicidad británica con el genocidio en Gaza, duró hasta 73 días y estuvo protagonizada por ocho personas presas preventivas, a espera del juicio, acusadas de acciones contra instalaciones de Elbit Systems y una base de la Real Fuerza Aérea británica. Cuatro de ellas abandonaron la protesta debido al grave deterioro de su salud, mientras que Heba Muraisi, Kamran Ahmed y Lewie Chiaramello la mantuvieron hasta esta semana.
Ahora, Muraisi, Ahmed, Chiaramello, junto a Teuta Hoxha, Jon Cink, Qesser Zuhrah y Amu Gib, han comenzado a realimentarse siguiendo las directrices sanitarias, aunque Umer Khalid continúa sin ingerir alimentos tras retomar la huelga el pasado 10 de enero.
Desde el colectivo Prisioneros por Palestina advierten de que el encarcelamiento prolongado de activistas solidarios con Palestina constituye una “mancha democrática” y subrayan que la protesta ha evidenciado la existencia de presos políticos en cárceles británicas, al tiempo que ha reactivado el compromiso con la acción directa contra la industria armamentística israelí.
El colectivo también ha destacado el fuerte paralelismo histórico con la huelga de hambre de 1981, en la que murieron Bobby Sands y otras nueve personas presas del IRA y el INLA. “El día 66 de la huelga de Heba Muraisi fue especialmente significativo, porque coincidió con el día en que Bobby Sands murió a manos del Estado británico”, señalaron en un comunicado. En aquella protesta, las muertes de los presos republicanos irlandeses se produjeron entre los días 46 y 73 sin ingerir alimentos, un dato que incrementó la alarma social y médica ante el riesgo vital que enfrentaban las personas presas actuales.
Según informó The Guardian, Muraisi alcanzó los 73 días sin comer, Ahmed los 66 y Chiaramello, con diabetes tipo 1, realizó ayunos intermitentes de hasta 46 días. Durante semanas, organizaciones médicas, familiares y colectivos de derechos humanos denunciaron la negligencia sanitaria en prisión y alertaron de posibles daños irreversibles e incluso muerte inminente.

El anuncio del Ministerio de Defensa de no adjudicar a Elbit Systems UK el contrato —que habría permitido a la empresa entrenar a unos 60.000 soldados británicos al año durante una década— fue interpretado por Prisioneros por Palestina como una victoria directa de la huelga. Desde 2012, Elbit ha obtenido más de diez contratos públicos del Gobierno de Londres, por lo que la pérdida de este acuerdo marca un punto de inflexión en su relación con el Estado británico.
Además de la cancelación del contrato, el colectivo señaló otros avances logrados durante la protesta: el traslado de Heba Muraisi a una prisión más cercana a su entorno familiar, la entrega de correspondencia y libros que habían sido retenidos durante meses, y una reunión, convocada por el Ministerio de Justicia, entre responsables nacionales de sanidad penitenciaria y representantes de las personas huelguistas.
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