Repeal the Eighth: jornada histórica en Irlanda

El viernes 25 de mayo se celebraba en Irlanda un referéndum histórico, no sólo por sus implicaciones políticas, sino sobre todo por el gran impacto social que ha provocado. La victoria del Sí no sólo supone una esperanza para muchas mujeres, sino un paso enorme en la lucha de un país por dejar atrás un pasado conservador marcado por la moral religiosa y falta de libertades individuales.

Foto: Seán O' Murchadha

El viernes 25 de mayo se celebraba en Irlanda un referéndum histórico, no sólo por sus implicaciones políticas, sino sobre todo por el gran impacto social que ha provocado. El país decidía acerca de la pervivencia de la llamada Octava Enmienda-Eighth Amendment, una cláusula de su Constitución aprobada en 1983 que aboga por la protección del derecho a la vida del no nacido, superponiendo sus derechos a los de la mujer gestante. En este sentido, la Octava Enmienda hacía imposible la legalización del aborto, ni siquiera en casos extremos o que comprometiesen la salud de la mujer, llegando a suponer penas de hasta 14 años de cárcel para mujeres que decidieran interrumpir su embarazo.

Esta enmienda ha sido fuente de gran polémica en los últimos años, debido principalmente a casos como el de Savita Halappanavar, una mujer de 31 años que falleció en 2012 debido a una complicación derivada de un aborto natural mal atendido. Savita, de origen hindú y residente en Irlanda, sufrió un aborto espontáneo a las 17 semanas de gestación e ingresó en el Hospital Universitario de Galway, al oeste del país. Los médicos informaron de su estado pero se negaron a realizar cualquier tipo de intervención, ya que el corazón del feto todavía latía. Savita sufrió varios días de agonía y fuertes dolores hasta que finalmente el corazón del feto dejó de latir y los médicos decidieron intervenir. Para cuando esto ocurrió era ya demasiado tarde y Savita murió por una infección generalizada, algo inaudito e impactante en un país con un sistema sanitario accesible y moderno. Fueron numerosas las concentraciones y manifestaciones por este hecho, considerado por muchos como una absoluta tragedia.

En un país netamente conservador y de fuertes raíces católicas, el tema del aborto ha sido siempre fuente de controversia. La entrada en la UE, los aires renovados de las nuevas generaciones y la difusión de casos como el de Savita, dieron paso a movimientos sociales que clamaban por cambios absolutos en la gestión de un tema de gran impacto en la salud de las mujeres. De esta forma, el Si a anular la enmienda y dejar vía libre a la posibilidad de que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos suponía también un paso decisivo en la confianza hacia las mujeres, su autonomía y su capacidad de decisión. Todo ello en un país en el que la moral conservadora ha sido el principal legislador real a lo largo del pasado siglo, con temas escalofriantes que han visto la luz como el de los llamados Tuam Babies -el hallazgo de restos de bebés enterrados en dependencias religiosas- o las Magdalene Laundries, conventos en los que literalmente se encerraba a mujeres solteras embarazadas, mujeres independientes o que no comulgaban con las normas establecidas por la moral imperante.

Foto: Seán O' Murchadha
Foto: Seán O' Murchadha

En relación a los posicionamientos políticos, es interesante aquí resaltar la evolución favorable del Sinn Féin, con Mary Lou McDonald como una de sus más tenaces defensoras. Los esfuerzos del Sinn Féin por modernizar sus posiciones respecto a un tema tan controvertido en Irlanda han supuesto desde hace algunos años reflexiones y cambios internos en el propio partido. Finalmente parece que han sabido gestionar con éxito las exigencias de las nuevas generaciones, situándose así las estimaciones de sus votantes en un 74.5% por el voto afirmativo. Por otra parte, las estimaciones previas al referéndum situaban a los votantes del Fianna Fáil como los más reacios a rechazar la Octava Enmienda, con un 50.3% de simpatizantes partidarios del No y un 49.7% de partidarios del . El voto afirmativo entre los partidarios del conservador Fine Gael (partido actualmente en el Gobierno) se situaba previamente en un 74,9% de votantes por el . Los del Labour se situaban en un 80.3%; Verdes 88.9% y finalmente, Solidarity/PBP rozaba el 82.1% por el .

Más allá de los partidos políticos y sus respectivas campañas, lo realmente interesante ha sido el impacto mediático de movimientos sociales como Repeal the Eighth, un movimiento que desde hace años lleva concienciando acerca de la necesidad de cambios en la legislación y gestión de este tema. Meses antes del referéndum se creó un grupo llamado En sus zapatos. Mujeres por la Octava-In her shoes. Women for the Eighth que utilizando como plataforma de difusión una red social, se ha dedicado a difundir miles de casos de mujeres irlandesas contando sus experiencias. Por otra parte, la etiqueta #TogetherForYes lleva meses siendo tendencia en la red con miles de casos silenciados que ahora han visto la luz.

En el conjunto de campañas del Si-Yes-Tá, también han tenido voz minorías étnicas, colectivos trans - Trans4Repeal- y asociaciones de migrantes, todas ellas afectadas también por un sistema legal que limita absolutamente ciertos derechos médicos que pueden considerarse básicos. El caso de las mujeres migrantes es especialmente llamativo ya que para aquellas indocumentadas o con falta de papeles en regla se hace prácticamente imposible la posibilidad de viajar al extranjero para interrumpir el embarazo, método seguido por la mayoría de irlandesas, principalmente en clínicas de Gran Bretaña.

Tras la comprobación de los resultados actuales, se preveía la absoluta victoria del en zonas urbanas como Dublín, con población más moderna y cosmopolita. Lo que parece absolutamente revelador son algunos porcentajes de remotas zonas rurales, como el condado de Mayo, al oeste de la isla, con datos de poblaciones con cerca del 70% por el Sí. Teniendo en cuenta que en 1983 este condado votó con más de un 80% por la instauración de la Octava Enmienda, se puede asegurar que los actuales resultados suponen un antes y después absoluto.

Finalmente, las reacciones políticas tras los resultados y la victoria del no se han hecho esperar. Cerca del mediodía, Leo Varadkar, Primer Ministro irlandés-Taoiseach y miembro del partido conservador Fine Gael hacía sus primeras declaraciones públicas afirmando “Lo que hemos visto hoy es la culminación de una revolución silenciosa que ha tenido lugar en Irlanda”. De igual forma, han sido absolutamente reveladoras las declaraciones de Simon Harris, Ministro de Sanidad desde 2016, quien declaraba rotundamente “Con la Octava Enmienda en marcha lo único que podíamos decirles a las mujeres era que tomasen un barco o un vuelo. Ahora estamos diciendo que tomen nuestra mano”. Mary Lou McDonald, presidente del Sinn Féin y una de las primeras en hacer declaraciones públicas, afirmaba en tono triunfal que definitivamente “Queda claro que aquellas que habían sido silenciadas han exigido ser escuchadas. Definitivamente hemos roto con el pasado”. También se posicionaba tras el resultado el líder del Fianna Fáil, Micheál Martin, que en declaraciones a la televisión pública irlandesa ha asegurado que la legislación que dará efecto a la decisión resultante del referéndum se promulgará antes de las próximas elecciones generales, lo que sitúa a los defensores del No en una absoluta aceptación de los resultados.

La victoria del no sólo supone una esperanza para muchas mujeres, sino un paso enorme en la lucha de un país por dejar atrás un pasado conservador marcado por la moral religiosa y falta de libertades individuales. La apertura de los propios límites y creencias individuales y sobretodo el llamamiento a la necesidad de relegar la religión al ámbito privado, tuvo su eco previo en el referéndum por el matrimonio igualitario celebrado en 2015 y que dio al Si una victoria del 62%. Todo ello en un país donde la homosexualidad fue ilegal hasta 1993 y que hoy vuelve a decir Si a un futuro lleno de esperanza.

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