Rechazo masivo al proyecto eólico de Forestalia en el Moncayo

La defensa del territorio logra aglutinar a habitantes, plataformas, organizaciones políticas, científicas, asociaciones culturales y ecologistas

Vista de la comarca de Tarazona y El Moncayo desde El Cucharón
Vista de la comarca de Tarazona y El Moncayo desde El Cucharón. Foto: Marina Turrión.

El martes pasado, decenas de alegaciones avaladas por cientos de firmas se presentaron ante el Ministerio de Transición Ecológica rechazando el proyecto eólico PEol 750 en el entorno del Parque Natural del Moncayo en la comarca de Campo de Borja en Zaragoza.

Dicho proyecto comprende ocho centrales eólicas que suman 71 máquinas, dos subestaciones eléctricas y más de 30 km de tendidos eléctricos aéreos, más cientos de kilómetros de nuevos caminos y zanjas de cableados y miles de metros cúbicos de desmontes y movimientos de tierras.

El objetivo del proyecto promovido por Forestalia es producir energía eléctrica para su exportación tras conectar estos parques a la línea eléctrica que partiría desde Cinco Villas hasta Gasteiz.

Las alegaciones fueron presentadas tanto por vecinos y vecinas afectadas y ayuntamientos como el de Ambel y Talamantes, organizaciones ciudadanas, organizaciones políticas y destacadas personas del mundo académico.

Entre los argumentos presentados, destaca el impacto paisajístico y sobre el territorio puesto que al ubicarse en el somontano del Parque Natural del Moncayo, habrá negativas consecuencias tanto para la agricultura como para el turismo. Además, ponen de manifiesto que no se puede evaluar cada parque y proyecto por separado sino de manera sinérgica ya que los impactos se acumulan de manera exponencial.

Otro de los graves problemas de las centrales eólicas es “la altísima siniestralidad en aves y murciélagos”, señalan la Plataforma de los Paisajes de la Ibérica, que se agudizaría por la existencia de importantes refugios de murciélagos y colonias de aves rapaces, con especial afección al quebrantahuesos, que ha empezado a colonizar el macizo del Moncayo.

En las alegaciones, las organizaciones también denuncian también el deficiente estudio de impacto ambiental del promotor, que no ha detectado correctamente los refugios y zonas de reproducción de ambos grupos faunísticos y que no ha valorado los efectos sinérgicos con las decenas de centrales eólicas ya existentes, tanto en la vertiente aragonesa como castellana, y el elevado peligro que los aerogeneradores suponen para estas especies. Se nutren de las mismas corrientes de aire y además se colocarán entre espacios incluidos en la Red Natura 2000.

Todo esto acompañado de cambios de uso de los montes y ocupación de parte del terreno quemado en el incendio que sufrió el Parque Natural en 2012, en el cual, según la Ley de Montes de Aragón, está prohibido su uso por 30 años.

Demuestran, además, con datos oficiales, que la producción de energía renovable de Aragón ya supera los planes previstos -en 2021 ha producido el 176% de la electricidad que ha consumido- y destacan la ausencia de un proceso previo de planificación y ordenación territorial que integre sin contradicciones la transición energética hacia las energías renovables y la preservación de la calidad de los ecosistemas naturales (biodiversidad, conservación de los hábitats, espacios protegidos, paisajes rurales y naturales, etc.), para lograr un desarrollo equilibrado y sostenible de ambas variables.

Denuncian que se está repitiendo el viejo modelo de los años 50 y 60 de extracción del recurso a costa del territorio rural para beneficio de las empresas titulares de las instalaciones y de los grandes centros de consumo alejados del mismo, como ocurrió entonces con la energía hidroeléctrica y la procedente del carbón.

“Las centrales eólicas y las solares fotovoltaicas se convierten así en los nuevos ‘pantanos’ del siglo XXI, pues reproducen la mayor parte de las características perniciosas para el territorio que tenían los grandes embalses (deterioro medioambiental y paisajístico que amenaza con deteriorar de forma decisiva el recurso turístico y medioambiental) y siguen sin redundar beneficios en los pobladores de las zonas ya que las únicas beneficiarias son las grandes empresas de energía”, denuncian desde la Plataforma de los Paisajes de la Ibérica.

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