Reaprendiendo en los desahucios

Escribo desde la euforia lo reconozco, de presenciar cómo esta mañana se ha logrado parar el desahucio de Ruth y José. Y es que pintaba mal, Ibercaja ya no quería negociar hace muchos días, las administraciones públicas empezando por el Gobierno de Aragón, daban la espalda y cerraban la puerta ante las interpelaciones de las plataformas de afectados y una hora antes de la convocatoria de estas, la policía ya acordonaba la calle impidiendo acercarse al portal de Ruth y José en el barrio obrero de Las Fuentes. Mañana con niebla cerrada en Zaragoza que presagiaba lo peor. Pero el …

gobierno París

Escribo desde la euforia lo reconozco, de presenciar cómo esta mañana se ha logrado parar el desahucio de Ruth y José. Y es que pintaba mal, Ibercaja ya no quería negociar hace muchos días, las administraciones públicas empezando por el Gobierno de Aragón, daban la espalda y cerraban la puerta ante las interpelaciones de las plataformas de afectados y una hora antes de la convocatoria de estas, la policía ya acordonaba la calle impidiendo acercarse al portal de Ruth y José en el barrio obrero de Las Fuentes. Mañana con niebla cerrada en Zaragoza que presagiaba lo peor.

Pero el goteo de gente que se acercaba a la convocatoria era constante, muchos jóvenes, viejos conocidos de las luchas sociales de la ciudad y otros no tanto. Vecinas de un barrio popular que se paraban a preguntar y se indignaban al conocer que era otra vez un desahucio. 10 años después sigue la misma historia, desahucian a la gente, pero ahora encima en una pandemia en la que irónicamente te piden confinarte en casa y no salir a la calle.

Que la banca esté ejecutando desahucios y tratando de echar a familias pobres a la calle creo que, a estas alturas, no debe sorprender a nadie. Que los juzgados sean inmisericordes con estas familias y ejecuten con mano de hierro las leyes en favor de la banca tampoco debiera sorprendernos. Pero esto se podría evitar con unos poderes públicos que tuvieran un mínimo de sensibilidad social y decretasen la imposibilidad de desahuciar, al menos sin alternativa habitacional.

No se entiende que el Gobierno de Aragón, en una situación como la actual, no esté cumpliendo con la Ley de Vivienda de Aragón que en su artículo 19 establece “Los poderes públicos de la Comunidad Autónoma, en cumplimiento del artículo 27 del Estatuto de Autonomía, deberán proveer de una alternativa habitacional digna a toda persona o unidad de convivencia de buena fe en situación de vulnerabilidad, que se vea privada de su vivienda habitual como consecuencia de un procedimiento de ejecución hipotecaria, de pago o dación en pago de deudas”.

Pero cansados de esperar que los gobiernos cumplan ya no sus promesas, sino sus propias leyes, cansados de esperar que un decreto en algún boletín oficial parara este desahucio, el pueblo de Zaragoza se ha ido acercando al portal, se ha organizado y lo ha parado con sus propias manos. Ha hecho realidad lo que otros con todo su poder institucional tan solo alcanzaban a prometer. Del calendario de la vergüenza son ya 4 de 5 desahucios paralizados y hoy todos hemos salido con la sensación de que, con la decisión y la unión demostrada hoy, se logrará paralizar el quinto.

Pocas sensaciones son comparables con la euforia de parar un desahucio en el portal frente a la comisión judicial y un cordón policial, junto al hecho de evitar una de las mayores injusticias se suma el sentir que el poder recae y se ejerce por un instante por el pueblo. Hoy las vecinas de Zaragoza organizadas y decididas han ido varios pasos por delante de la voluntad legislativa de sus gobiernos. No ha sido la indiferencia del Gobierno de Aragón la que ha garantizado una alternativa habitacional a Ruth y José, no ha sido un decreto del ministro Ábalos el que ha paralizado el desahucio. Ha sido el poder popular organizado y consciente, las activistas de las plataformas de afectados por las hipotecas las que lo han logrado. Y eso entraña una enorme lección: donde recae el verdadero poder y como se ejerce.

Una lección que aprendimos hace 10 años, pero que cometimos el error de delegar en exceso en las opciones políticas institucionales que sin presión popular por muy buena intención que se tenga, acaban justificando esta miserable realidad configurada por unos poderes económicos que a diferencia de nosotros nunca olvidan esta lección y siempre ejercen el verdadero poder. Pero hoy, 10 años después estamos comenzando a reaprender que hay que votar, pero nunca abandonar la calle, no olvidar donde recae el verdadero poder y no dejar nunca de ejercerlo. Ese sin duda es el mayor error de la izquierda de este país en este último ciclo político, poner todos los huevos en la cesta de las instituciones. Pero hoy hemos comenzado a reaprender, paradojas de la vida frente a nosotros mismos. No cometamos los mismos errores.

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