El pasado sábado, Zaragoza acogió la presentación de Domingo. De la resaca al suspiro. de las autoras Itxaso Cabrera Gil y Alba Núñez González, una novela que pretende visibilizar la salud mental y reflexionar sobre la importancia de percatarse de las alertas para prevenir el suicidio. En AraInfo hemos tenido la oportunidad de estar con ellas y charrar distendidamente a modo de entrevista. La novela ha sido editada por Imperium Ediciones, y puede adquirirse en librerías o a través de la web.
Alba e Itxaso se conocieron en Perú, juntas desarrollaron un proyecto de cooperación sobre salud mental con niñas en exclusión en 2023. Se trata de una novela escrita a cuatro manos, este proceso creativo además de menos habitual, parece más complejo ¿Qué fue lo más difícil de escribir juntas?
Para nada fue complicado, disfrutamos mucho escribiendo juntas, fue una experiencia de conocernos entre nosotras y también a nosotras mismas. Una visión conjunta enriqueció el texto, hizo que pudiéramos diseñar más escenarios, más caminos. Nuestra pretensión nunca fue publicar nuestro libro, sino que al igual que alguien pinta un cuadro y lo cuelga con orgullo en su salón, el libro surgió como un recuerdo que llevarnos de tantos ratos compartidos. Fue una vez en casa, ya de vuelta, cuando al comentar la idea entre las personas más allegadas, surgió la idea de poder publicarla.
El sábado 21 presentasteis vuestro libro en sociedad ¿qué sensaciones tenéis?
Fue increíble, seguimos en una nube, con mucha resaca emocional. Fue una celebración de la vida, poder estar con tanta gente presentando nuestro trabajo, impulsando a quien quiera leernos, a comprender qué es la salud mental y cómo podemos ser agentes activos para protegerla, nos ha dado una energía tremenda. La acogida fue tan positiva que solo podemos estar agradecidas. Próximamente vamos a estar en otros puntos presentándola, queremos que hablar de salud mental y también del suicidio sea algo cotidiano, el silencio no es la salida.

La obra ha sido descrita como una invitación a reflexionar sobre la prevención del suicidio. ¿Cómo se aborda un tema tan delicado sin caer en lo sensacionalista?
La novela da voz en primera persona a alguien que sufre pero aparentemente tiene una vida atractiva. Hemos supuesto, por norma general, que el sufrimiento es incapacitante, pero hay muchísimas personas que desarrollan en su día a día un sufrimiento interno del que no hablan. Hablar de la depresión o la ideación suicida no es sencillo y para ello, hay que dejar atrás los mitos y prejuicios. Nuestra experiencia profesional nos ha enseñado lo importante que es escuchar y visibilizar las vivencias de las personas que pasan por momentos difíciles. Pretendemos que quien lea la novela entienda que cada persona tiene su proceso y que pedir ayuda o hablar de lo que sentimos no es una debilidad, sino un paso importante.
La historia se sitúa entre varias ciudades: Córdoba, Bilbao y Cusco en Perú. ¿Por qué esas localizaciones?
El libro tiene una simbología en torno a los cambios de la vida, los domingos pares e impares, donde se identifica nuestra protagonista y se pretende evidenciar que no siempre todo es bueno o malo, que existe un cambio, subidas y bajadas. Del mismo modo, hemos querido hablar de la búsqueda, tanto del bienestar entre el norte y el sur, como del equilibrio o la huida hacia delante, que evidencian, a lo largo del relato, los rasgos emocionales de la protagonista. Además las localizaciones reflejan experiencias reales que nos marcaron durante nuestro trabajo como voluntarias, especialmente en Cusco (Perú). Allí fue donde nos conocimos y empezamos nuestra novela. Además, cada lugar aporta matices distintos, y el libro se nutre de esos escenarios para hablar de encuentros, pérdidas, crecimiento y las distintas maneras en que nos conectamos con los demás y con nosotras mismas. No es una novela autobiográfica pero sí que nos ha ayudado a descubrir una cara diferente de los sitios a donde viajamos a través de las páginas.
Entonces ¿os basáis en historias reales?
Hablamos de suicidio. Más de 4.000 personas se suicidan en España al año. Ello supone una media de once personas al día que se quitan la vida. Más que quitarse la vida, deciden dejar de sufrir, decir hasta aquí, no puedo más o quiero acabar con este dolor. En muchas ocasiones, lo sufren en silencio, lo llevan dentro, no lo exteriorizan y callan. Esta no es una historia, es la historia de muchas.
En Domingo. De la resaca al suspiro las mujeres ocupan un lugar central en la historia. ¿Qué les interesaba contar desde unas protagonistas femeninas y cómo creen que sus vivencias dialogan con las realidades y luchas de muchas mujeres hoy en día?
Las mujeres acompañamos, sostenemos, cuidamos más y nos cuesta más pedir ayuda. El malestar de las mujeres se sigue leyendo muchas veces como algo individual, casi naturalizado, y no como el resultado de condiciones sociales, económicas y de género. Nos interesaba mostrar mujeres complejas, cansadas, contradictorias, que no encajan en el ideal de poder con todo. Hablar desde ellas es una forma de señalar que el sufrimiento no es una cuestión personal, sino una consecuencia de un sistema que exige mucho y cuida poco.
Queríamos mostrar mujeres diversas, atravesadas por realidades complejas marcadas, además de por el hecho de ser mujer, por ser migrante, parte del colectivo LGTBIQ+, haber sufrido situaciones de abandono y de falta de red de apoyo social y familiar, adicciones y otros factores que se entrelazan entre sí favoreciendo estas dificultades emocionales y diferentes formas de gestionarlas. Todo ello abordado en la novela desde una mirada interseccional.
Y en ellas, ¿la salud mental sigue siendo invisible?
Sí, seguimos sufriendo el estigma, se tiende a minimizarlo, a medicalizar o a interpretarlo como exageración. Por eso hablamos de una doble invisibilización: por un lado, el tabú sobre el sufrimiento psíquico y, por otro, el lugar históricamente deslegitimado de las emociones femeninas.
En la novela el malestar no aparece como algo aislado, sino ligado al contexto. ¿Qué queríais poner en cuestión con esa mirada?
Queríamos romper con la idea de que la salud mental es solo una cuestión individual. El cansancio, la ansiedad o la tristeza tienen mucho que ver con la precariedad, la soledad, la carga de cuidados, las expectativas y las violencias más o menos sutiles que atraviesan la vida cotidiana. Politizar lo íntimo es también una forma de cuidado colectivo. Nuestra protagonista apenas cuenta con una red fuerte, hay consumos de estupefacientes, se aísla, no habla tan siquiera de su infancia o la mayoría de sus recuerdos son recientes. Aparecen otras personas en la historia, racializadas, migrantes que también narran su dolencia, sus raíces, su búsqueda por encontrarse frente a la postura acomodada de unos pocos. La adrenalina por exprimir lo cotidiano se ha convertido en un impulsor de la ansiedad o la depresión, lo reflejamos en la novela, también el día a día de quien trabaja buscando un futuro mejor y somos conscientes de que es la realidad de no pocas.
La historia incluye relaciones y personajes LGTBIQ+. ¿Cómo abordastéis esta diversidad sin que se convirtiera en el eje central del relato?
Nos parecía importante que la diversidad afectivo-sexual estuviera presente sin necesidad de convertirla en conflicto narrativo ni en explicación constante. Las relaciones LGTBIQ+ forman parte de la realidad y queríamos que aparecieran así: integradas en la trama, sin clichés, sin dramatizaciones forzadas y sin reducir a los personajes a su identidad. No todo tiene que explicarse ni justificarse para ser válido, en una relación heterosexual no se haría, no queríamos que fuera la historia de dos mujeres y ya está, las personas somos mucho más complejas.

¿Consideráis que escribir esta novela es también un acto político y feminista?
Sin duda. Escribir sobre mujeres, salud mental y diversidad desde una posición no complaciente es una forma de resistencia. Creemos que nombrar lo que se silencia, compartir el malestar y cuestionar los relatos dominantes es una manera de decir que no estamos solas y que nuestras experiencias importan. Además somos profesionales, hemos querido basar nuestra novela en la evidencia científica, en la necesidad de pedir ayuda a profesionales y no querer aguantar, soportar o recurrir a remedios rápidos pero ineficaces. Contar estas historias es, para nosotras, una forma de cuidado, de homenaje a quienes acompañan y transforman la sociedad.




