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Primavera de clásicas: Strade, San Remo, Flandes, Roubaix, Amstel, Flecha y Lieja

De marzo a abril, la época más esperada del año para una buena parte de los aficionados al ciclismo de siempre. Las clásicas de primavera. Seña de identidad de las carreras de un día, sin ataduras, y con muchas historias que contar.
| 7 mayo, 2019 13.05
Primavera de clásicas: Strade, San Remo, Flandes, Roubaix, Amstel, Flecha y Lieja
Tierra, polvo y colinas toscanas. Foto: @LaPresse

Personalmente existen pocos escenarios tan impresionantes en ciclismo como el que nos ofrece la Strade Bianche, con esa meta en la señorial Piazza del Campo, tras ese paso porticado de Fontebranda, subiendo por Via Santa Caterina, con su adoquinado y pendiente al 16%. Una prueba con inicio y final en Siena, 180 kilómetros por una orografía evocadoramente ondulante, por el territorio de una antigua República independiente, asimilada en 1555 a las garras de Florencia vía Felipe II de Castilla. El hecho diferencial lo da el denominado sterrato (sectores por carreteras de tierra), unos 40 kms., que lloviendo, convierten estas carreteras blancas en un lodazal. Una carrera épica, heroica, en homenaje al ciclismo de antaño, y que con sólo trece ediciones ha alcanzado un estatus parecido al de las clásicas históricas.

Tanto la carrera masculina como la femenina tuvieron un desenlace parecido; a menos de 30 kilómetros de meta, el grupo de elegidos ya estaba seleccionado, Julian Alaphilippe y Jakob Fuglsang iban destacados con una renta de un minuto. El talentoso Wout Van Aert lucha por alcanzarles, pero el heredero de Valverde dará el estacazo final en el callejeo sienés, dando continuidad a su espléndido momento de forma. En la prueba de mujeres (136 kms.), un guión similar: Annemiek van Vleuten ataca en el último tramo de sterrato, el grupo de favoritas no se pone de acuerdo, y la holandesa se impone con más de medio minuto sobre la biker Annika Langvad y la polaca del Canyon-SRAM, Katarzyna Niewiadoma.

La Milán-San Remo tuvo un desarrollo entretenido, con victoria final para el depredador Alaphilippe. Hablamos del primer Monumento de la temporada, una carrera de un día que inaugura la primavera, de Lombardía a Liguria, La Classicissima, 290 kms. de fondo y desgaste. En sus últimos 10 kms. condensa todo lo que el ciclismo puede dar al aficionado: la subida corta y seleccionada al Poggio, un descenso rápido y técnico, el callejeo por San Remo y el final en Via Roma. Es una prueba de velocistas, o grupos seleccionado de favoritos, o tal vez como el año pasado, un ciclista de calidad llegando en solitario (Vincenzo Nibali). Se produjo la segunda posibilidad, seleccionando la carrera Alaphilippe, con una serie de invitados peligrosísimos -Trentin, Sagan, Valverde o Kwiatkowski, entre otros-. Tras variados escarceos, un sprint que fue perfecto para el ogro de Deceuninck. Puestos de honor para Naesen y el polacio del Sky. Bello e intenso, como un espresso, una clásica que condensa en unos pocos minutos todas las habilidades del ciclismo. En 2005 se suspendió la carrera de mujeres; es una pena que no haya interés por recuperarla para el calendario World Tour femenino. Flaco favor para la igualdad.

La Ronde van Vlaanderen (Tour de Flandes) es algo especial, difícil de describir para quien no haya montado nunca en una bicicleta. La mística de esta clásica, con sus 260 kms. Mis recuerdos de esta clásica son turbios y olvidadizos, me viene a la cabeza un tal Gianni Bugno ganándola en 1994; apenas cinco líneas en la prensa escrita estatal, muy poco para satisfacer mis ansias por una carrera que percibía diferente a lo que gusta por estos lares (grandes vueltas, alta montaña). Creada en 1913 por un par de periodistas, se concibe como exhibición nacionalista de Flandes (lengua, cultura y símbolos). Pero es mucho más que esta propuesta inicial: para los ciclistas flamencos, ganar esta carrera justifica todo una trayectoria como profesional, al mismo nivel que el Tour de Francia. De hecho, congrega por sus carreteras a cerca de un millón de espectadores. El recorrido ha sufrido muchos cambios pero la esencia es siempre la misma: atravesar todos los rincones de Flandes, salpicados de muros de pavé, cotas asfaltadas y  sectores llanos de pavé. Oude Kwaremont, Paterberg, Koppenberg, Bosberg, y por supuesto el denominado Muur de Geraardsbergen, un icono del ciclismo de todos los tiempos, con esa curva mágica y la capilla al fondo. 270 kms., con salida en Amberes y llegada en Oudenaarde.

La versión femenina lleva disputándose desde 2004, con salida y llegada en Oudenaarde, sobre 160 kms y la misma receta de muros y pavé. Se resolvió en un sprint entre las tres destacadas de la carrera, imponiéndose Marta Bastianelli a la favorita Van Vleuten y a Cecilie Uttrup Ludwig. A sus 31 años, la campeona de Europa en ruta atraviesa uno de sus mejores momentos. Ganar este desafío nunca es sencillo. La clásica masculina entronizó a un ciclista tapado, Alberto Bettiol, 25 años, con buenas clasificaciones en las clásicas pero ninguna victoria como profesional; el toscano de Education First atacó en el momento clave, en el último paso por el Kwaremont (a 20 kms. de la meta), y ya no lo vieron más. Un meritorio segundo puesto logró el joven danés Kasper Asgreen, escapado buena parte de la carrera, y que se dio el gustazo de atacar en la parte final. Kristoff completó el cajón del podio, dando tiempo al grupo de favoritos. La Ronde es una prueba táctica, y cuando los favoritos fallan o no tienen fuerzas (Sagan, Van Avermaet, Naesen), puede suceder de todo.

Kappelmuur, un icono del ciclismo mundial. Foto: Tim de Waele/Getty Images

Y una semana después, el Infierno del Norte (la París-Roubaix), la reina de las carreras de un día. La primera edición fue en 1896, su aura infernal le viene tras la I Guerra Mundial, ya que la ruta discurre por el frente de la Gran Guerra: cráteres en medio de los campos, caminos destrozados, un paisaje desolador. Esta clásica tiene su salida en Compiègne, dirigiéndose hacia la zona limítrofe con Bélgica, unos 260 kms, salpicados de tramos de pavé (caminos adoquinados), para concluir en el velódromo de Roubaix. Culto y veneración a estos antiguos caminos -cuidados por voluntarios-; odiados y amados, como el sector del Bosque de Arenberg, en medio de una zona de minas de carbón que nos recuerda los inicios del movimiento obrero organizado. El palmarés de esta prueba tiene a dos belgas con cuatro victorias (Roger de Vlaeminck y Tom Boonen) y una dificultad máxima para ganar la prueba, el azar de pinchazos, caídas y cortes es el más alto de toda la temporada ciclista.

La Roubaix nunca decepciona. A 50 kilómetros de meta, Yves Lampaert, Philippe Gilbert, Nils Politt, Wout van Aert, Sep Vanmarcke y Peter Sagan aparecen como destacados tras el tramo de Mons-en-Pévèle. Atrás, los favoritos supervivientes persiguiendo sin mucha voluntad, en una prueba que en el momento que haces hueco, 30 segundos, puede ser definitivo. Y el desenlace llegó descartando piezas, hasta el ataque final del alemán Politt, al que reacciona Gilbert, Sagan no tiene fuerzas y el genial Philippe gana su cuarto Monumento. Sin palabras.

Me gustó bastante el desenlace de la carrera, a pesar de las críticas de no pocos aficionados; entiendo que tras las vibrantes disputas del pasado entre Boonen, Cancellara y compañía, todo lo pasado es mejor. Hizo viento, algo de frío pero no llovió, algunos puristas dicen que una Roubaix sin barro no es auténtica. También da igual. La Roubaix no tiene versión femenina, una nota muy negativa, que quita brillo a un ciclismo en igualdad. La épica y la historia también deben teñirse de violeta.

El infernal adoquinado de Arenberg. Foto: cyclingnews.com

El Tríptico de las Ardenas comienza con una carrera extraña, la Amstel Gold Race. Y digo extraña, por ser el Monumento más reciente (se disputa desde 1966), pero con toda la solera del apoyo masivo de Holanda, el país de las bicicletas. Una cita que recorre unos 260 kms. por los alrededores de Valkenburg, en la fronteriza provincia de Limburgo, salpicada por una sucesión de colinas (bergs), cuyo recorrido final ha cambiado en las dos últimas ediciones. El final precedido del Cauberg condicionaba muchísimo las tácticas de los favoritos, así que el alejar esta subida de la meta ha sido un acierto mayúsculo. 2019 nos ha dejado una carrera memorable, abierta y con uno de los finales más inesperados de la temporada. A unos 40 kms. de meta, la pareja Alaphilippe-Fuglsang rompen la armonía del pelotón, abriendo ventaja enseguida, repitiendo el decorado de la Strade Bianche, con varios perseguidores intercalados (Trentin, Kwiatkowski); tras el último paso por el Cauberg, el circuito final de 16 kms. estaba hecho para esa fuga mencionada, sestearon, se vigilaron, se durmieron, y en la recta final, aparece un tal Mathieu van der Poel tirando como una locomotora, para arrollar a todos y ganar la Amstel con todas las de la ley. Jolgorio patrio, ganaba el chaval de 24 años del modesto Corendon, nieto del mítico Poulidor e hijo de Adrie van der Poel -ganador de esta clásica en 1990-. Una de las fotos del año, la joya de Van der Poel, que arrasa en ciclocrós y ciclismo de montaña. Aviso para navegantes: nunca hay que dormirse en los laureles.

La Amstel femenina, sobre 126 km. fue menos entretenida: el tapón del Cauberg lo explica todo. Katarzyna Niewiadoma se tomó la venganza de la Strade Bianche sobre Van Vleuten, atacando en el Cauberg y manteniendo bien su ventaja; de esta forma la corredora polaca del Canyon SRAM completa una primavera fantástica de resultados, quedando entre las diez primeras en las cinco clásicas del circuito femenino que reseñamos en esta crónica.

La Flecha Valona es la única de las clásicas que recopilamos que se disputa entre semana, una especie de antesala de la Lieja-Bastoña-Lieja. Una prueba curiosa, anhelo de escaladores explosivos, una extraña verruga en el país de los clasicómanos. El kilómetro más largo del año (unos tres minutos y poco), el Muro de Huy, la primera cuesta-cabras del ciclismo moderno, un kilómetro y poco al 10% de pendiente media. Una agonía, en la que Alejandro Valverde aparece como gran dominador (cinco victorias). El Muro condiciona todo, un sprint de escaladores, que hace que el recorrido de la carrera quede mermado, con muy pocas posibilidades para cualquier escapada previa.

El suspiro final de Jakob no pudo ser. Y lo tuvo ahí, cien metros más y lo logra; hizo una apuesta valiente, atacando a 500 metros de la meta, pero Alaphilippe está de dulce, y le batió. Esa es la historia de la Flecha Valona, el kilómetro más largo, que también entronizó en la prueba femenina a Anna van der Breggen, cinco victorias en esta prueba, venciendo con una facilidad pasmosa a Van Vleuten y Langvad.

Cerramos la temporada de clásicas con la Decana, son 105 ediciones para la Lieja-Bastoña-Lieja. Unos 260 kms. que este año cambian de final, volviendo a Lieja, tras casi tres décadas. Se trata de una prueba especial, con casi 5.000 metros de desnivel, una dureza similar a una etapa de alta montaña del Tour. Recorre Valonia, hacia los bosques de las Ardenas, escenario de guerra durante la II Guerra Mundial. En 1992, los organizadores trasladan la meta al suburbio de Ans, un barrio obrero con mucha inmigración italiana, que le daba un toque diferente, una estética industrial y decadente, a la prueba más antigua del calendario ciclista. La Lieja con frío puede ser muy extrema, que se lo digan a Bernard Hinault en 1980. Y como no podía ser de otra forma, Eddy Merckx aparece como el ciclista con más victorias en la prueba, cinco en total.

Hablamos de Jacob Fuglsang, como figura principal de esta edición, y el más fuerte en el Tríptico de las Ardenas. Como viene siendo habitual, este Monumento se decidió en la cota final, con el ataque del danés, que se llevó a rueda a Davide Formolo y Michael Woods, los fue soltando uno a uno, a ritmo, en un repecho suave, llegando en solitario a la meta junto al río Mosa.

La Lieja femenina se disputa desde 2017, con un recorrido de menos kilometraje y salida en Bastoña; Annemiek van Vleuten se impuso con poderío este año, atacando desde La Redoute, como mandan los cánones, una exhibición para demostrar que ya ha superado su lesión del Mundial de Innsbruck, aventajando en más de un minuto y medio a Floortje Mackaij. De esta forma, consolida el dominio neerlandés sobre esta prueba, las dos ediciones anteriores fueron para Van der Breggen.

Y dejamos atrás adoquines, cotas, muros, emociones fuertes, para vislumbrar el segundo bloque del año ciclista, con las grandes vueltas por etapas y el Giro de Italia, otros ritmos e historias diferentes. Si queréis ampliar información sobre estas clásicas, no dejéis de visitar Plataforma de Recorridos Ciclistas, una web muy completa sobre recorridos, historias, carreras…

7 mayo, 2019

Autor/Autora

@Danilerin


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