Pongamos que hablo de Madrid (elecciones)

Como decía Sabina en su canción, “pongamos que hablo de Madrid”, sí, Madrid, una vez más; y ya van casi casi tres meses de campaña electoral y un año de pre campaña. Porque no olvidemos que lo que hemos vivido desde el inicio de la pandemia, ha sido una batalla electoral entre dos modelos contrapuestos, por fin ayer se depositaron los votos y se abrieron las urnas en nuestra particular y castiza fiesta de la democracia madrileña. Entrando un poco en materia, tras los resultados electorales, y siendo sincero, no se ha producido ninguna sorpresa en rasgos generales. La victoria …

Teruel

Como decía Sabina en su canción, “pongamos que hablo de Madrid”, sí, Madrid, una vez más; y ya van casi casi tres meses de campaña electoral y un año de pre campaña. Porque no olvidemos que lo que hemos vivido desde el inicio de la pandemia, ha sido una batalla electoral entre dos modelos contrapuestos, por fin ayer se depositaron los votos y se abrieron las urnas en nuestra particular y castiza fiesta de la democracia madrileña.

Entrando un poco en materia, tras los resultados electorales, y siendo sincero, no se ha producido ninguna sorpresa en rasgos generales. La victoria arrasadora de Isabel Díaz Ayuso era de esperar, simplemente se estaba a expensas si esta sería lo suficientemente amplia para permitirle una mayoría absoluta. Esta victoria no solo es cosa de Ayuso, también hay que felicitar a Miguel Ángel Rodríguez, su asesor de comunicación, quien ha sabido controlar y lanzar los claims fundamentales desde hace meses. Posicionar de manera estratégica a Isabel Díaz Ayuso como la oposición al gobierno de la nación ha sido un movimiento clave frente a un Pablo Casado muy descafeinado y ausente.  No olvidemos que Rodríguez es un hombre curtido en estos menesteres, ya que aupó a José María Aznar desde la nada a presidente del Gobierno.

Pero fuera de la arrasadora victoria de Ayuso, encontramos otras sorpresas en la noche. Mónica García, candidata de Más Madrid, casi una desconocida fuera de Madrid antes de las elecciones, ha logrado, con su temple y un perfil serio; con una oposición dura pero  constructiva, dar el sorpasso a un Gabilondo demasiado “aburrido y formal”. Un Gabilondo cuya campaña no ha sido pilotada desde el PSOE de la Comunidad de Madrid, diseñada, probablemente, en los pasillos de Ferraz y que ha supuesto la segunda gran derrota electoral autonómica del Partido Socialista, superado en votos por un partido de izquierdas regionalista (Madrid y Galicia). Es un duro golpe para Sánchez, pero parafraseando al ministro Ábalos, “Madrid está en España, pero no toda España es Madrid”. Sin embargo, las elecciones a la CAM pueden traer una cascada de repeticiones electorales allí donde el Partido Popular se vea fuerte y busque afianzar su poder.

Es innegable que la pandemia va a pasar factura a todos los partidos que han estado gestionando en Europa. Algo que ya se aprecia en los trackings electorales de países principales como Alemania, donde la CDU de Ángela Merkel cae por debajo de los ecosocialistas; o en Francia, donde Marine Le Pen pisa los talones de manera preocupante a Macron.

Fuera de estos axiomas políticos internacionales, es normal que la gestión de una pandemia, como de cualquier crisis profunda nacional e internacional, pase una acusada factura a los partidos que ostentan el poder nacional y favorezcan a los poderes locales que entran en confrontación con ellos. En este caso Ayuso ha sabido manejar muy bien esta situación dejando estancado a su competidor directo que era VOX.

Sin embargo, la traca final de la noche electoral corrió a cargo de Pablo Iglesias, un Iglesias que ha decidido dar un paso al lado tras realmente salvar una situación que ponía a Unidas Podemos incluso por debajo del 5%. En su fuero interno, la salida de Iglesias era más que probable a corto-medio plazo y se le había abierto la ventana perfecta para hacerlo. Le pese a quien le pese, el ciclo político de Iglesias, como el mismo reconoció, ha finalizado. Es inteligente dar un paso a un lado en mitad de una legislatura cuando aún quedan dos años para forjar nuevos liderazgos y conocer nuevas caras sin un desgaste pronunciado ahora que empieza a atisbarse el fin de la pandemia.

Entre todo este embrollo, llega un momento crucial para la izquierda. En un momento de alza de las fuerzas de derecha, la izquierda se encuentra en la encrucijada de la reconfiguración y estrategia inteligente si no quiere caer en años de navegar en solitario. Fuerzas regionalistas de izquierda y Unidas Podemos como nexo nacional deben trabajar codo con codo y sobre todo con humildad para avanzar la estrategia electoral de cara a los próximos seis años.

Por último el gran derrotado y noqueado de la noche, fue Ciudadanos. Apostó todo a un buen candidato como era Edmundo Bal pero sin embargo se quedó muy lejos de ese anhelado 5% como le ocurrió a IU en el año 2015. Esto supone una importante merma de ingresos y la más que segura puntilla final al proyecto naranja. Acudiremos en los próximos meses a una caída en barrena de la formación naranja que probablemente le lleven a su disolución.

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