Operación Bikini

Aunque de años a esta parte nos hemos acostumbrado a vivir en campaña electoral permanente, nos espera menos de un mes en que el espectáculo de insultos, descalificaciones y esperpentos va a subir de volumen a niveles inadmisibles para la necesaria cordura. Y en eso Aragón, con todo el episodio de Canal Roya se ha puesto en cabeza.

A no ser que nos sometamos a un ayuno audiovisual hasta el verano, no vamos a parar de ver políticos convertidos en vendedores de teletienda con la más falsa de sus sonrisas mostrando el brillo de las lentejuelas de sus renovadoras ideas que acumulan el polvo de la falsedad. Toda una parodia que imposibilita el deseable ejercicio del diálogo y la búsqueda de consenso, para la gestión de la res-pública, que sería de desear en un momento en que la sociedad repasa las diversas percepciones de los grupos que la forman y las propuestas para regir su convivencia.

Estamos asumiendo como normalidad (¡maldita palabra!) la maniobra de entretenimiento que los grupos de poder generan para despistar al ciudadano de la verdadera situación en que vivimos los seres humanos 23 años después de haber cruzado la frontera del milenio. Desde el Congreso español hasta el más pequeño municipio de la comarca de Ribagorza, pasando por el Pignatelli zaragozano o la Diputación oscense, se ha convertido en costumbre el fenómeno de hacer que la gente preste atención a lo anecdótico para que no perciba una realidad que viene de antiguo. Una realidad que hunde sus raíces en el tiempo y en una estructura social que triunfó sobre a una transición alicorta con la que nos convencimos de que vivimos en democracia. Y si ha ese hecho histórico se añade la realidad de la emergencia climática la cosa no mejora.

La globalización económica, la deslocalización industrial y el triunfo de la economía financiera, han construido un mundo en donde la injusticia cotiza al alza y el egoísmo de las oligarquías crece hasta la desmesura sobre la ignorancia de gran parte de la población que, si en el coliseo romano se entretenía con las peleas de gladiadores, ahora lo hacen con las de los gallos y gallinas que se enfrentan en el de la Carrera de San Jerónimo o de la Aljafería.

Como resultado de esta atmósfera que se mete por las rendijas del televisor, el español medio entra al trapo de la sinrazón de nuestros políticos y olvida mirar hacia las verdaderas causas que mueven nuestra cotidianidad mientras se convierte en sumiso adicto a la banalidad.

Por mucho que se empeñe el terraplanismo que aterriza hasta en la universidad zaragozana, el actual presidente del gobierno no es culpable ni del COVID-19, ni de la guerra de Ucrania, ni de las crisis cada vez más brutales con que el neoliberalismo acumula riquezas sobre la miseria de las mayorías dominadas, tal como viene haciendo desde 1929 e incluso antes. Habría que imputarle, eso sí, otras muchas cosas, como hasta qué punto la imagen moderada de una social democracia bastante descafeinada, tolera la explotación y retrasa las ideas que, en los electorales actos de camisa blanca y rosa roja se presentan como garantía del pensamiento de izquierdas.

La actualidad demuestra cada día como, a fuerza de repetir una mentira, se puede conseguir que centenares de ignorantes se envuelvan de amarillo y rojo y lleguen a creer que haciéndose amigos de los “dueños del cortijo” les va a ir mucho mejor y que la España desarrollista de vacaciones en el mar y paella perpetua, volverá "cual vuelven las cigüeñas al campanario".

Lo peor de todo es que esta política-ficción cae en cascada por toda la estructura representativa. Es mucho más fácil para un Consejero de Agricultura culpar al oso de todos los males de la ganadería que ponerse a trabajar en serio por ella y más fácil hacer creer que la sequía se combate con más pantanos que adecuar la agroganadería a la realidad del clima. Es mucho más fácil, más agradable y da más votos posar para las cámaras con los patrones de la industria del porcino que pedirles que internalicen en el coste de su producto, el del tratamiento de sus purines y así, de paso, seduce a un amplio sector del mundo rural al que le gusta la campechanía.

Parecido fenómeno podemos ver en otros ámbitos como el de la explotación de los recursos turísticos. Lo de la unión de estaciones es un ejemplo que arde estos días en las calles, pero no habría que olvidar a Castanesa y alguna otra zona más. Caer en la cuenta de que ni la evolución de la economía ni el clima van a permitir la continuidad del modelo de explotación de las estaciones de esquí, requiere un recorrido mental que no todos están dispuestos a emprender. Es mucho más sencillo seguir la corriente a los dueños del cortijo de la nieve que seguro que sacan alguna subvención milagrosa para seguir mintiendo en común. Aragón está lleno de políticos viejos con viejas políticas que deberían pasar al retiro aunque desgraciadamente su renuevo solo rejuvenezca en edad y no tanto en ideas y métodos.

Aunque para algunos pensadores, Marcuse pertenece al pasado, nunca está de más releer el pasado:

"El individuo unidimensional se caracteriza por su delirio persecutivo, su paranoia interiorizada por medio de los sistemas de comunicación masivos. Es discutible hasta la misma noción de alienación porque este hombre unidimensional carece de una dimensión capaz de exigir y de gozar cualquier progreso de su espíritu. Para él, la autonomía y la espontaneidad no tienen sentido en su mundo prefabricado de prejuicios y de opiniones preconcebidas".

En este enrarecido ambiente social y político, una parte significativa del espectro político no parece haber aprendido a sumar y lo único que se suman son cada vez más opciones políticas cuya mayor diferencia es el nombre con que se presentan a una ciudadanía desconcertada. Por eso, tal vez volviendo al principio de esta entrada, es bueno para nuestra salud personal y social prepararnos para el verano (operación bikini del alma) y evitar los ambientes contaminados de falsedad, ruindad y zafiedad y hacer una dieta estricta eliminando de la ingesta todo tipo de sonidos e imágenes con altas dosis de simplificaciones ramplonas y titulares grandilocuentes.


Artículo publicado originalmente en La Ribagorzana

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies