Oligopolio bancario, segundo asalto: Unicaja y Liberbank

Solo ha habido que esperar tres meses para que una nueva fusión, la de Unicaja y Liberbank se anuncie. En este caso se trata de la absorción de Liberbank por la andaluza Unicaja que aporta un mayor peso en la gestión de activos y valorización, con sus 62.000 millones de euros en activos frente a los 46.000 de la absorbida.

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Foto: Wikipedia (ANE) (CC)

En septiembre se anunciaba la fusión de La Caixa y Bankia que dio pie a la creación de Caixabank, segunda entidad bancaria española. Todo apuntaba entonces a que se estaba precipitando la creación de un oligopolio bancario de facto en el Estado español, el estado europeo con mayor concentración bancaria.

Solo ha habido que esperar tres meses para que una nueva fusión, la de Unicaja y Liberbank se anuncie. En este caso se trata de la absorción de Liberbank por la andaluza Unicaja que aporta un mayor peso en la gestión de activos y valorización, con sus 62.000 millones de euros en activos frente a los 46.000 de la absorbida.

La operación ha tenido su teatrillo previo en la negociación. Si importante es el montante económico, no menos importante es la influencia de estos bancos en las esferas del poder político e incluso mediático.

Liberbank aporta una mayor presencia en toda la península, como líder del mercado minorista en Asturies, Cantabria, Castilla-la Mancha y Extremadura. En el caso de Unicaja, por otro lado, es el líder indiscutible del sector minorista en Andalucía y tiene una fuerte implantación en Castilla-León. El resultado sería la quinta entidad bancaria estatal que lideraría el grupo de entidades llamadas medias, entre las que se encuentra la aragonesa Ibercaja. En la práctica el mercado bancario español queda en manos de nueve entidades que, además, tienen un importante peso en el sector público al ser avalistas y prestamistas de todas las instituciones.

Esta fusión tiene muchas lecturas. La primera una bofetada moral para varios territorios que quedan sin ninguna entidad propia pues las que tenían (Cajastur, Caja Cantabria, Caja Extremadura) han terminado diluidas tras sucesivos procesos de absorción en los que sus clientes han ido saltando de una entidad a otra. Una persona que abriera, por ejemplo, una cuenta en 2010 en Caja España habrá pasado por cuatro marcas bancarias en diez años sin necesidad de mover su dinero.

Pero la historia por separado de estos dos bancos hay que leerla más allá de las cifras económicas o de sus activos inmobiliarios que se cifran en miles de propiedades en prácticamente toda la península. Hay que conocer la historia de una colección de desastres financieros en los que los mecanismos de control miraron para otro lado. Nada nuevo, de sobra es sabido que en economía financiera las normas están para saltárselas y papá-Estado para paliar los desastres.

El pasado reciente está lleno de prácticas irregulares como las de las cajas que integraron Liberbank (Cajastur, CCM, Caja Cantabria y Caja Extremadura) que estafaron a miles de personas mediante las preferentes donde perdieron hasta el 70% de la inversión ahorradores sin conocimientos financieros que invirtieron en entidades que caminaban al borde de la quiebra. La CNMV resolvió el asunto con una multa de millón y medio de euros. Calderilla, habida cuenta del volumen del fraude.

Otra práctica que afectó a las entidades fue el fraude de las cláusulas suelo también con miles de afectadas. Esta práctica fue generalizada en las cajas con la imposición de un suelo de intereses que fue calificado de práctica abusiva y ratificado incluso por la UE. Hasta un millón de perjudicados se estima que pudo haber por esta práctica. Aún colean demandas que se solventarán probablemente con mucho menos del beneficio obtenido de forma irregular.

Tampoco fueron ajenos estos bancos al drama de los desahucios sobre el que intentan mantener un perfil bajo. Más que nada porque ambos bancos arrastran el lastre de muchas promociones inmobiliarias que salieron mal tras el estallido de la burbuja. Ambos se han ocupado de lavar su imagen aportando pisos al Fondo Social de Vivienda. Casas les sobran a todos los bancos españoles.

Eso sí, en ocasiones, cuando las inversiones en el ladrillo no salieron bien los activos más ruinosos terminaron en manos del Estado mediante la Sareb o banco malo. Otra conexión más con las instituciones y un mantra tantas veces repetido: si todo va bien los beneficios son privados y si las cosas salen mal las pérdidas son para todas.

En lenguaje vulgar se puede decir que el plato ya está cocinado y listo para servir. Unas pocas peticiones de explicaciones de la Junta de Andalucía que no irán a ninguna parte, otros cientos más de trabajadores a la calle y la rueda sigue. El oligopolio se extiende.

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