Llámalo oligopolio bancario

En el caso del sector bancario del Estado español la definición puede cuadrar al cien por cien, más aún tras la fusión de Bankia y CaixaBank. Estamos hablando de una nueva entidad podría llegar a controlar la tercera parte del mercado tanto de crédito como de activos.

oligopolio
Imagen de la sede de CaixaBank.

Oligopolio es una de esas palabras que se usan poco pero que define muy bien una parte de la realidad económica hacia la que nos encaminamos. Según la RAE es la concentración de la oferta de un sector industrial o comercial en un reducido número de empresas.

El concepto en sí contradice una de las normas básicas del mercado capitalista como es la libre competencia, pero sin embargo parece que en determinados sectores (el más conocido probablemente sea el eléctrico) estamos condenados a padecerlos.

En el caso del sector bancario del Estado español la definición puede cuadrar al cien por cien, más aún tras la fusión de Bankia y CaixaBank. Estamos hablando de una nueva entidad podría llegar a controlar la tercera parte del mercado tanto de crédito como de activos.

O si esto no es un oligopolio se le parece mucho. También por el empeño reiterado de los propios banqueros en afirmar que esto no es un oligopolio. Suena a trampa de mal tahúr. Sobre todo porque las élites financieras conocen mucho mejor que el público en general lo que se ha ido cociendo desde la crisis de 2008.

En la última década entre los cinco bancos españoles más grandes han controlado entre el 60-70% del mercado. Pero es que si ampliamos el foco hasta los 10 primeros tras la creación de la nueva CaixaBank la cuota de mercado se acerca al 90%. Este ranking incluye, además, bancos como Liberbank o Unicaja, sobre los que hace tiempo que suenan campanas de absorción por otras entidades mayores.

¿Es esto mucho? ¿Es poco?

Pues si comparamos con nuestro entorno inmediato, la concentración bancaria en el Estado español es un fenómeno llamativo. Ahora mismo España es el país de la UE con mayor concentración bancaria y con menos participación del Estado en la banca, en este último caso con la única excepción de Paises Bajos. Es un coto rigurosamente privado en el que están los de siempre (Santander, BBVA, La Caixa, Sabadell...) que, en un escenario de bajos tipos de interés, donde los beneficios son más ajustados, y con un mercado hipotecario que siempre les va de cara, han ido creciendo en la última década de forma imparable.

Ni en los 80 con el imperio de los llamados siete grandes, años de fusiones en que nacieron entidades como Banesto, había habido tal concentración del capital financiero en tan pocas manos.

La crisis de 2008 fue el hito que aceleró la fusión definitiva, junto con la desaparición de las cajas de ahorros.

En Aragón, Ibercaja terminó por absorber a la CAI con su marca Caja3 (Caja Círculo y Badajoz). En 2012 estuvo a punto de hacerse efectiva la fusión con Liberbank, otra entidad resultado de la fusión de cuatro cajas, que lleva renqueando desde su fusión en 2011. De hecho Liberbank apunta a ser la próxima entidad en ser absorbida.

Pero hubo otras operaciones. La más sonada la de Banco Popular, que fue comprado por un euro por el Santander.

Menos conocida fue la desaparición de una entidad con bastante presencia en Aragon, Caja España-Duero que fue absorbida por la andaluza Unicaja. Unicaja, a su vez lleva años presentando cierta inestabilidad y ya apunta a su absorción por otra entidad. Ya ha tenido intentos de compra.

Una retrospectiva indica que nada de esto ha sido repentino ni casual. Las absorciones, fusiones y compras han sido un proceso de años que ha favorecido siempre a los más grandes y que ha ido recibiendo el placet público.

Aunque una entidad que se da por desaparecida es Banco Sabadell. Varias meteóricas subidas en bolsa y discretas pujas parecen signos claros de su absorción.

Quedarán pues tres monolitos de la banca territorial como son Abanca, Kutxabank e Ibercaja, con una gran cuota de mercado en sus zonas de influencia. Esa misma estabilidad y garantía de beneficios hace que también sean platos muy apetecibles en la mesa de las grandes fusiones.

Concluyendo. Todos los movimientos apuntan a una concentración aún mayor de la banca hacia un mercado similar al que desarrollaron en su momento las eléctricas, con la bendición del Estado también, por cierto.

Un mercado dominado por un grupo muy pequeño de entidades en el que se estrecha el margen para cualquier proyecto y que será cosa ya prácticamente de 5-7 marcas o más bien de tres grandes que podrían fagocitar la gran mayoría del mercado con pequeñas excepciones.

Habrá quien lo llame de muchas maneras. Yo lo seguiré llamando oligopolio.

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