No solo Trump: la pujante ultraderecha estadounidense

Pues sí, por fin Donald Trump dejó la presidencia de EEUU. Se celebró el juicio político y ha salido absuelto como era de esperar.

Foto: Pixabay

Todo ello tras cuatro años en los que el personaje no se ha podido separar de la persona y, sobre todo, de la camarilla que le ha acompañado. Desde el yernísimo sionista Jared Kushner al siniestro Steve Bannon, comunicador estrella de todos los partidos ultras a nivel mundial y que sale de la era Trump con un indulto bajo el brazo.

Mejor ver las cosas con perspectiva, cuando el Partido Republicano juega a mirar para otro lado, pero no puede evitar su inmensa parte de responsabilidad en todo el asunto. Desde la victoria de Trump hasta la sonrojante performance fascista en pleno Capitolio. Estos últimos cuatro años y, sobre todo, los ocho del mandato de Obama, han sido los del desarrollo de un derechismo ultra que siempre ha estado allí y que ha empezado a dar muestras de verdadera fuerza.

Más allá del viejales estrafalario. El ala más derechista del republicanismo, en la que se combinan una amalgama de fanáticos religiosos, supremacistas y filonazis, ha movido ficha y ha perdido representación en las elecciones, pero sale reforzada a nivel institucional. Lo peor de todo: que ha venido para quedarse y que su ideario, fascismo puro y duro, tiene una cosecha de votos considerable.

Todo esto hay que entenderlo tras una intensa etapa de deterioro político en que la brillante sonrisa de Obama ha sido lo único limpio. También de una radicalización del discurso que empezó con el Tea Party, una línea ultraconservadora dentro del propio republicanismo, y que llega al cenit del esperpento en las delirantes teorías de la conspiración de Q-Anon.

Cuando hablo de deterioro podría ser hasta físico. El ya presidente Joe Biden tiene la friolera de 78 años y es senador desde 1972. Comparte edad con el líder de la mayoría republicana Mitch McConnell que es senador desde 1985.

No son los únicos. La figura del político anciano que lleva décadas de poltrona es muy común en un país que presume de su democracia. Precisamente la peculiaridad de Trump, y uno de los motivos de su apoyo en las urnas, es que fue el primer presidente que nunca había ocupado un cargo político antes.

En semejante panorama surgen movimientos jóvenes, con una imagen épica pero no carcamal y conectados en las redes sociales que saben manejar muy bien. No necesitan grandes discursos. Total, la gente hoy en día lee poco y el votante medio republicano menos aún.

Ahí juega un papel fundamental el nacimiento de medios online que han tomado el relevo a los medios tradicionales y que tienen como función básica enfangar el escenario. Es especialmente conocido el portal Breitbart News que dirigió el ya citado Steve Bannon, pero otros medios como Epoch Times, Rebel Media o American Thinker tienen millones de lecturas diarias y su impacto en redes sociales es muy grande. A todo ello hay que sumar agregadores de noticias como Voat o foros como Endchan.

Los tentáculos de la intoxicación ultra los conocemos muy bien ¿Quién no ha recibido algún bulo ultra de WhatsApp directo a su móvil o leído alguna maniobra de intoxicación en Facebook? Lo que ahora vemos con frecuencia en nuestros ordenadores lleva cocinándose años y empezó en EEUU y también en el Reino Unido, aunque esto lo dejo para otra ocasión.

Pero todo movimiento teórico tiene unas cabezas pensantes y, por supuesto, no son una banda de paletos armados. Entre los viejos están Rush Limbaugh (el que inventó eso de feminazis), Oliver North o Richard Spencer. Pero hay una generación de youtubers y comunicadores con gran visibilidad pública como Bill Mitchell, Milo Yiannopoulos o el fundador de Proud Boys y gurú hipster Gavin McInnes. Pero sobre todo hay toda una hornada de nuevos políticos que han roto moldes.

Nada es casual, Trump es un icono, pero el Partido Republicano tiene entre sus figuras en alza a un integrista religioso como Ted Cruz o a gente próxima al supremacismo blanco como Mary Miller que ha llegado a proclamar las bondades del régimen nazi.

Es un fascismo de nuevo cuño, que ha superado la figura típica del WASP (blanco, anglosajón y protestante) para captar adeptos entre las ramas más radicales del catolicismo o de la emigración cubana. También recibe un importante apoyo desde el sionismo extremista (varios líderes ultras como el propio Breitbar son judíos) en una curiosa paradoja que hermana judíos y neonazis.

Son mucho más que una exhibición de fuerza en el Capitolio. Es la muestra de un mar de fondo que se manifiesta en estados como Georgia de donde proviene la expulsada Marjorie Taylor Green que amenazó de muerte a los congresistas demócratas y que defiende, entre otras cosas, asesinar a la líder demócrata Nancy Pelosi. Al menos un centenar de circunscripciones electorales están dominadas por candidatos ultraderechistas. Eso es mucha gente.

La misma Corte Suprema de EEUU es una auténtica galería de momias ultraconservadoras.

Trump ha seguido fielmente la estrategia de poder de colocar a los suyos en puestos de verdadera responsabilidad. Puede haber sido un verso suelto, pero hasta cierto punto.

Ha elegido a tres jueces en el Tribunal Supremo muy religiosos conformando una mayoría de católicos contrarios al aborto y el matrimonio igualitario entre otras cosas.

Pero no solo ha ocurrido en el órgano supremo de justicia. 214 jueces federales de perfil conservador han ido a parar a los diferentes estados en un giro muy calculado hacia la derecha más extrema.

Este movimiento garantiza, según la profesora Mary Frances Berry, de 20 a 30 años de un verdadero lobby conservador en la justicia.

Queda hablar de la base militante. Organizaciones como la Asociación Nacional del Rifle (NRA) siempre han estado allí, con sus cinco millones de socios nada menos. También toda la red de proselitismo que va asociada a los diferentes cultos evangélicos que harían parecer a cualquier católico devoto un rojeras.

Pero en un mundo donde las conexiones son fáciles y las organizaciones pueden ser efímeras ha surgido toda una maraña de redes informales y milicias que van desde las más antiguas como la Milicia de Michigan a las nuevas como Oathkeepers o el movimiento Bogaloo (milicias armadas que aspiran a una segunda guerra civil en EEUU) o movimientos como los archiconocidos Proud Boys o redes informales como la teoría QAnon.

El delirio Q-Anónimo empezó como un hilo en el foro 4chan que afirmaba la existencia de una conspiración de Estado profundo para derrocar a Trump por vías no democráticas. De allí se conectó con toda suerte de teorías y ha formado un totum revolutum con estructura de pensamiento sectario en el que se junta pedofilia, antisemitismo, el Partido Demócrata y que sitúa a sus seguidores en el ámbito de la creencia. Un disparate, sí, pero tan difundido y seguido que asusta.

Terminando, lo que ha conseguido la extrema derecha (ahora Alt right y otros epítetos) americana es una cosecha paciente de apoyos y situar muy bien sus piezas en el tablero.

Algunos analistas hablan de la crisis en el Partido Republicano, pero más bien el bando republicano está exactamente dónde quiere estar. 74 millones de votos avalan su deriva. Es tiempo de frenarla.

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