Chaca volvió a convertirse este domingo en el epicentro de la indignación del medio rural aragonés. Unas 6.000 personas recorrieron las calles de la localidad para denunciar la gestión de los incendios forestales por parte del Gobierno de Aragón y exigir responsabilidades políticas tras el devastador incendio de Las Peñas de Riglos. La marcha, convocada por el Movimiento por la Dignidad de la Montaña —Pirineo Digno— bajo el lema ‘Aragón arde’, reclamó la dimisión del presidente Jorge Azcón (PP), del vicepresidente Alejandro Nolasco (Vox) y del consejero de Medio Ambiente, Luis Biendicho (Vox), así como un cambio profundo en el modelo de gestión forestal, de prevención y de atención al mundo rural.
La protesta da continuidad a la movilización anunciada días atrás por Pirineo Digno, cuando el colectivo señalaba que la devastación provocada por los incendios había desbordado la indignación existente en los pueblos del Pirineo y del medio rural aragonés. Aquella convocatoria ya advertía de que las grandes catástrofes ambientales no podían abordarse únicamente cuando las llamas estaban activas, sino que exigían políticas de prevención durante todo el año, más personal forestal, mejores condiciones para los profesionales de la extinción y una recuperación de la actividad ganadera y del sector primario.
‘Aragón arde, DGA responsable’
La manifestación recorrió las calles de Chaca entre gritos de “Azcón, dimisión” y “bomberos forestales, fundamentales”, junto a pancartas que resumían el malestar de los pueblos: “El abandono es inflamable”, “Aragón arde, DGA responsable” o “Azcón culpable, Nolasco responsable”. También se pudieron ver mensajes en aragonés como “Rechitaremos d’a cenisa”, en una movilización que reunió tanto a vecinos y vecinas de las localidades afectadas directamente por los incendios como a personas llegadas desde otros puntos de Aragón.
La marcha tuvo un marcado carácter de denuncia política, pero también de reivindicación territorial. Pirineo Digno considera que los incendios que han castigado nuestro país durante este verano no pueden explicarse exclusivamente por la acción puntual de quien prende un fuego o por unas condiciones meteorológicas adversas. Su diagnóstico apunta a un problema estructural relacionado con el abandono de amplias zonas rurales, la falta de prevención, la pérdida de actividad agroganadera, la despoblación y la insuficiencia de los medios públicos destinados a la gestión forestal por todo el territorio aragonés.
“Exigimos responsabilidades políticas por una catástrofe que era prevenible y previsible”, sostuvo el colectivo durante la movilización, reclamando un “cambio radical en la gestión del medio rural y los incendios forestales”.
El incendio de Las Peñas de Riglos, que se inició el 10 de agosto y terminó afectando a más de 14.500 hectáreas, se ha convirtido así en el principal símbolo de una temporada especialmente devastadora en nuestro país, en el Estado y en toda Europa. El fuego obligó a desalojar 19 pueblos y movilizó durante días un dispositivo extraordinario de extinción, con participación de medios nacionales, estatales y de otros territorios europeos.

“Los incendios se apagan en verano pero se previenen en invierno”
Uno de los principales mensajes lanzados desde la movilización fue que la lucha contra los incendios no puede reducirse a los meses de verano. “Los incendios se apagan en verano pero se previenen en invierno” fue una de las ideas centrales defendidas por Pirineo Digno y por los profesionales de la extinción.
La población aragonesa reclama un incremento sustancial del trabajo forestal durante todo el año para reducir la acumulación de combustible vegetal, intervenir sobre los montes y generar paisajes rurales más resilientes frente a los grandes incendios. Para Anchel Reyes, uno de los portavoces de Pirineo Digno, las reivindicaciones de los bomberos y bomberas forestales deben ser escuchadas y traducirse en un refuerzo de las cuadrillas y en una mayor presencia de trabajadores en el territorio durante todo el año.
La reivindicación conecta directamente con otra de las demandas históricas del movimiento rural: recuperar y reforzar la ganadería extensiva. Pirineo Digno considera que el abandono de esta actividad ha favorecido una creciente acumulación de masa vegetal en amplias zonas de montaña, al tiempo que la despoblación ha reducido la capacidad de los pueblos para mantener y gestionar el territorio.
Por ello, la plataforma vincula la política de prevención de incendios con la lucha contra la despoblación, la vivienda asequible, el fortalecimiento del sector primario y el apoyo a la ganadería extensiva. No se trata, sostienen, de medidas aisladas, sino de elementos de una misma política de territorio.
Los bomberos forestales, en el centro de la movilización
La protesta sirvió también para mostrar un amplio respaldo social a la huelga indefinida de los bomberos y bomberas forestales de Aragón, iniciada el 18 de julio y mantenida durante la actual temporada de incendios con unos servicios mínimos del 100%.
Los profesionales participaron en la manifestación y recibieron numerosos aplausos a su paso, tanto por su trabajo durante el incendio de Las Peñas de Riglos como por su denuncia de las carencias estructurales del dispositivo autonómico.
Representantes sindicales de OSTA, CGT, CCOO y UGT denunciaron en Chaca que el operativo de prevención y extinción está “infradimensionado” para hacer frente a unos incendios que son cada vez más frecuentes, extensos y virulentos. Según explicaron, el conflicto laboral se mantiene porque el Gobierno de Aragón y SARGA no han presentado propuestas concretas capaces de resolver las reivindicaciones planteadas por la plantilla.
La situación vivida durante el incendio de Riglos habría puesto especialmente de manifiesto esas carencias. Paula y Marisa, bomberas que trabajaron en la denominada zona cero, describieron cómo el fuego tensionó hasta el límite el dispositivo INFOAR y evidenció la falta de recursos disponibles para responder con autonomía ante una emergencia de semejante magnitud.
Su diagnóstico fue contundente: el operativo necesita una transformación profunda porque Aragón depende con demasiada rapidez de recursos externos cuando se produce un gran incendio. La advertencia lanzada durante la movilización apunta a un escenario especialmente preocupante: que llegue un momento en que coincidan varios grandes incendios y los medios estatales o de otros territorios no puedan acudir simultáneamente a todas las zonas afectadas.
Esta denuncia ya había sido formulada por los sindicatos durante los días previos a la manifestación. Las organizaciones que integran el comité de huelga reclamaban un incremento de entre 150 y 200 efectivos, refuerzo de las brigadas terrestres y helitransportadas durante todo el año, respeto de los descansos legales, mejoras en los medios materiales y el reconocimiento de las especiales condiciones de peligrosidad, penosidad y riesgo físico y psicosocial del trabajo.
Vier chunta a la chent d'os lugars afectaus, a solidaridat de tot o Viello Aragón y d'atros puestos Aragón, a las bomberas forestals de toz os sindicatos unius por o nuestro futuro y contra os responsables d'este chandrío emociona.
Agradeixendo-nos o refirme mutuo 🫂🌿🏞️ pic.twitter.com/2P6sHFVjKs
— Anchel Reyes Garreta (@Eslampa) August 24, 2026
Vecindario y mundo rural: “Nos sentimos abandonados”
La movilización también permitió poner voz a quienes vivieron el incendio desde los pueblos afectados. Elena, vecina de La Peña, relató la sensación de abandono experimentada durante la emergencia y explicó que durante más de doce horas estuvieron viendo avanzar el fuego mientras crecían la angustia y la incertidumbre. “Parte del monte se podía haber salvado”, sostuvo, mientras reclamaba una mayor atención institucional a los pueblos.
El sentimiento de abandono fue compartido por otros vecinos y vecinas de las localidades afectadas. Juanma de Botaya, puso el acento en la solidaridad surgida entre los pueblos y llamó a mantener la unidad para afrontar las amenazas que afectan al medio rural.
Durante los días del incendio, agricultores, ganaderos, vecinos y voluntariado participaron junto a los servicios profesionales en la protección de los núcleos habitados y en distintas tareas de apoyo. En la manifestación de Chaca, Pirineo Digno quiso reconocer expresamente ese papel, junto al de los bomberos y bomberas forestales y los efectivos llegados desde otros territorios y países para combatir las llamas.
Una década de denuncias sobre la falta de prevención
El debate sobre la insuficiencia de la inversión en prevención tampoco es nuevo. Durante la manifestación, Bruno, integrante de la plataforma de las Cinco Villas, situó el origen de la actual situación en una evolución prolongada de las políticas públicas. Según explicó, entre 2009 y 2015 se destinaban cerca de nueve euros por hectárea a prevención y extinción, una cantidad que habría descendido posteriormente hasta situarse por debajo de cuatro euros.
La crítica apunta, por tanto, a una pérdida progresiva de capacidad para gestionar el territorio y no únicamente a una eventual falta de recursos durante una emergencia concreta.
En la misma línea, Alfredo Solano, de la Asociación Río Aragón, denunció décadas de ausencia de políticas suficientes de prevención y gestión del monte. Su intervención sintetizó uno de los principales temores expresados durante la jornada: que un territorio cada vez más abandonado, con una elevada acumulación de vegetación y menor actividad humana, pueda convertirse en un escenario especialmente vulnerable cuando confluyen altas temperaturas, sequedad y viento.
La A-132, otro de los focos de las críticas
El origen del incendio de Las Peñas de Riglos también estuvo presente en la movilización. Las primeras investigaciones apuntan a una chispa procedente de las obras que se estaban ejecutando en la carretera A-132 como posible origen del fuego. Vecinos de las localidades atravesadas por esta carretera han cuestionado el nivel de control y seguridad aplicado durante los trabajos y han señalado que las obras continuaron pese a unas condiciones de elevado riesgo de incendio.
La cuestión se suma a la controversia política y administrativa generada tras el incendio y a las reclamaciones realizadas por los ayuntamientos del territorio para disponer de información y documentación técnica relacionada con las actuaciones en la carretera.
En los días previos a la manifestación, los Ayuntamientos del Reino de los Mallos ya habían reclamado al Ejecutivo aragonés “rigor” y “responsabilidad” y habían cuestionado que el Gobierno de Aragón se presentara como perjudicado en la causa judicial sin asumir responsabilidades sobre la gestión previa. Los consistorios sostuvieron que llevaban meses solicitando información técnica sobre la A-132 y denunciaron la falta de respuesta a esos requerimientos.
Del incendio a un cuestionamiento del modelo de desarrollo del Pirineo aragonés
La protesta no se limitó a la política forestal. El Movimiento por la Dignidad de la Montaña volvió a vincular la gestión de los incendios con el modelo de desarrollo que se está impulsando en el Pirineo aragonés.
Bajo el lema “El Pirineo no se vende”, la plataforma expresó su oposición a proyectos turísticos y de infraestructuras como la unión de las estaciones de esquí de Astún y Formigal a través de la Canal Roya, la telecabina Benás-Sarllé o el tobogán de Pandicosa. La crítica parte de una concepción del territorio en la que, frente a nuevas inversiones destinadas a intensificar determinados usos turísticos, se reclama priorizar la vida cotidiana de los pueblos, los servicios públicos, la gestión forestal y la actividad económica vinculada al territorio.
De este modo, la manifestación convirtió el incendio de Riglos en catalizador de un malestar más amplio. Para Pirineo Digno, la cuestión no consiste únicamente en disponer de más helicópteros o más efectivos cuando el monte ya está ardiendo, sino en cambiar las prioridades de las políticas públicas que afectan al territorio.

“Autonomía real” frente a la dependencia de medios externos
Una de las conclusiones más repetidas durante la jornada fue la necesidad de dotar a Aragón de capacidad suficiente para afrontar por sí mismo grandes emergencias forestales.
Las personas que trabajan directamente en la extinción alertan de que la llegada de medios estatales y de otros territorios resulta imprescindible en los grandes incendios, pero consideran preocupante que esa colaboración se haya convertido en una pieza estructural del dispositivo y no en un refuerzo excepcional.
La reivindicación de “autonomía real y autosuficiencia” expresada durante la manifestación adquiere especial relevancia después de un verano en el que Aragón ha necesitado importantes refuerzos externos para hacer frente a varios incendios de gran magnitud.
En paralelo, un análisis publicado durante la semana señalaba que Aragón es el pais con menor dotación de medios de extinción por hectárea forestal y, al mismo tiempo, el que más apoyo de aeronaves estatales ha requerido durante 2026, con más de 2.000 horas de vuelo de medios del Ministerio para la Transición Ecológica contabilizadas hasta mediados de agosto.
Un minuto de silencio por las víctimas
La manifestación concluyó con un momento especialmente emotivo. Antes de las intervenciones se guardó un minuto de silencio en recuerdo del militar de la Unidad Militar de Emergencias fallecido durante el operativo del incendio de Las Peñas de Riglos. Al término de la marcha también se recordó al bombero fallecido durante el incendio de un taller en Calatorao.
El homenaje puso el foco en quienes han pagado con su vida el precio de enfrentarse a emergencias cada vez más complejas y peligrosas.
Una protesta que va más allá de Riglos
La movilización de Chaca deja así un mensaje que trasciende el incendio de Las Peñas de Riglos. El mundo rural aragonés reclama pasar de la reacción ante la emergencia a una política permanente de prevención, gestión forestal y mantenimiento del territorio.
Pirineo Digno exige que las decisiones que afectan a los pueblos incorporen de manera efectiva a quienes viven en ellos y reclama financiación suficiente para garantizar servicios públicos y condiciones dignas de vida. Entre sus propuestas figuran el refuerzo de los cuerpos de prevención y extinción, la recuperación de la actividad primaria, el apoyo a la ganadería extensiva y medidas contra la despoblación.
La manifestación también ha servido para visualizar el conflicto laboral de los bomberos y bomberas forestales y para situar en el centro del debate sus denuncias sobre un dispositivo que consideran insuficiente ante la nueva realidad climática y forestal.
La cifra de asistentes, más de 6.000 personas, da cuenta de la dimensión alcanzada por la protesta. Pero más allá del número, la jornada ha evidenciado una fractura creciente entre una parte importante del territorio rural y las políticas desarrolladas por el Gobierno de Aragón gestionado por la coalición trumpista PP-Vox. Un malestar que, tras un verano marcado por decenas de miles de hectáreas calcinadas, pueblos evacuados y pérdidas humanas, ya no se limita a reclamar una mejor respuesta ante el próximo incendio: exige discutir qué modelo de territorio quiere Aragón y qué recursos está dispuesto a dedicar a mantenerlo vivo.





