Médicos sin Fronteras: 50 años de humanidad

La ONG cumple medio siglo respondiendo a crisis cada vez más complejas y a conflictos en los que el acceso a la población resulta cada vez más difícil

Aquarius SARA: condiciones invernales y alta mar. Imagen: Kevin McElvaney .

Médicos Sin Fronteras (MSF) cumple medio siglo de existencia, 50 años de humanidad. MSF nació el 20 de diciembre de 1971 de la mano de un puñado de periodistas y de personal sanitario que sentían frustración porque el mandato de la organización en la que trabajaban les impedía prestar testimonio sobre el genocidio de la etnia igbo en Biafra (Nigeria, 1968). En plena Guerra Fría, defendieron una acción médica independiente de intereses geopolíticos, que acudiese donde las poblaciones víctimas de situaciones de emergencia lo requirieran para prestar asistencia médica urgente y testimonio.

Hoy, las razones que llevaron al surgimiento de MSF siguen vigentes: una comunidad internacional incapaz de dar respuesta a las crisis humanitarias que más sufrimiento provocan y una ayuda humanitaria que es más necesaria que nunca en lugares como Siria, Yemen, Afganistán y Etiopía, entre otros muchos contextos.

Las personas fundadoras de la organización tampoco imaginaron que, medio siglo después de su creación, esta tendría que responder a crisis enquistadas en el seno de la vieja Europa, como los campos de refugiados de las islas griegas o el rescate de personas en busca de acogida, migrantes y solicitantes de asilo en el Mediterráneo central, donde los buques de MSF han tenido que asistir a más de 82.000 personas desde 2015.

MSF conmemora sus cinco décadas de existencia con una serie de actos: encuentros con periodistas y profesionales de la fotografía, congresos y charlas sobre activismo, y eventos de fotografía; entre ellos, la presentación de un libro que recoge más de dos décadas de la historia gráfica de la organización.

MSF apoyando el Centro de Tránsito de Ébola en Bunia. Imagen: Pablo Garrigos.

En estas cinco décadas, los conflictos han cambiado, los contextos han evolucionado y los retos para las organizaciones humanitarias se han multiplicado. “En los últimos años, los conflictos han sido más internos, con guerras proxy (conflicto interno ente distintos actores que se engloba como parte de otra rivalidad entre potencias o actores externos), que han causado muchos más desplazamientos y, en ocasiones, graves problemas de acceso para asistir a la población. En este momento, hay más personas desplazadas o refugiadas que en ningún otro momento de la historia”, asegura la directora de Operaciones de MSF España, Teresa Sancristóval.

Aunque los escenarios varíen, permanecen y se agravan situaciones como los ataques a misiones médicas, la falta de acceso a las poblaciones necesitadas y la erosión del espacio humanitario por parte de agentes políticos y militares que controlan la asistencia y la ponen al servicio de sus intereses. Según Sancristóval, “hoy la ayuda humanitaria y sus principios básicos están peor percibidos que hace 50 años”.

MSF entrega 17 millones de dólares a Pfizer para que bajen el precio de la vacuna contra la neumonía. Imagen: Edwin Torres.

Leyes antiterroristas

Hace 20 años el mundo era sacudido por los atentados del 11S. La lucha antiterrorista a raíz de estos ataques ha afectado de manera significativa a la acción humanitaria. En los últimos años, han proliferado leyes contra el terrorismo a distintos niveles que limitan la asistencia humanitaria en zonas de violencia extrema, precisamente donde más necesaria y urgente resulta. Bajo esas leyes, los Estados designan la totalidad de grandes áreas controladas por grupos terroristas o milicias insurgentes, como hostiles y objetivo militar en su conjunto. Es decir, asimilan la población con el grupo terrorista o milicia que controla esa región.

“Bajo la premisa del ‘todos son terroristas’, vemos coartada nuestra entrada a esas zonas. Ciertamente, parte de la población puede apoyar a dichos grupos, lo vemos en todos los contextos. Pero hay otra gran parte de civiles que se ve afectada por la violencia. Se ven desplazados y despojados tanto de sus bienes como de sus derechos más básicos. Y es justamente a estas personas a las que dichas leyes no nos permiten llegar ni atender, y de alguna manera son víctimas de ambos lados”, dice la directora de Operaciones de MSF España.

Medio siglo de testimonio en conflictos cada vez más violentos

En 1999, MSF recibió el Premio Nobel de la Paz. El entonces presidente internacional de la organización, James Orbinski, resumió la esencia del testimonio en MSF durante el discurso de aceptación del galardón: "No estamos seguros de que la palabra siempre salve vidas, pero sí sabemos con certeza que el silencio mata". El Nobel fue un reconocimiento al compromiso que MSF siempre ha tenido con las víctimas de las peores crisis humanitarias.

Este compromiso ha sido el que ha llevado a la sección española de la organización a dirigir su atención a las víctimas de violencia extrema y a las situaciones de emergencia en lugares muy peligrosos, con muchas restricciones de acceso y con dificultades operacionales elevadísimas, como Camerún, Mali o Mozambique. “Esto nos obliga a ser mejores cada día. Negociando con las autoridades para conseguir el acceso, desarrollando modelos operacionales que garanticen el impacto médico y al mismo tiempo la agilidad y la adaptabilidad, afinando cada vez más nuestra gestión de la seguridad, y en disponer de recursos humanos efectivos que tengan capacidad para solucionar situaciones complejas”, explica Sancristóval.

Tefé. Imagen: Diego Baravelli.

Una cadena de humanidad

La organización cuenta con 7 millones de personas que son socias y colaboradoras en todo el mundo, de los cuales, 583.012 están en el Estado español, que garantizan que el 97,2% de los fondos sean de origen privado. Esta independencia financiera ha sido crucial para responder a todo tipo de emergencias en los más de 70 países donde MSF está presente: las derivadas de desastres naturales, como el terremoto de Haití de 2010, una de las mayores operaciones en toda la historia de MSF; las provocadas por conflictos bélicos, las epidemias como las de Ébola en República Democrática del Congo o, actualmente, la pandemia mundial del COVID-19. Pandemia que la organización combate también a través de su Campaña de Acceso a medicamentos esenciales, que lucha contra las barreras políticas y legales que impiden que las personas reciban el tratamiento que necesitan, tanto en las comunidades en las que trabaja MSF como en el resto del mundo.

“Si MSF, esta cadena de individuos organizados, somos capaces de estos logros, los que verdaderamente tienen la responsabilidad y aún más recursos para hacerlo, si no lo hacen, es por falta de voluntad política, de liderazgo verdadero, nunca de capacidad. Se convierten por tanto en culpables, en cómplices, o irresponsables”, señala el presidente de MSF España, David Noguera.

Esta cadena de humanidad, el apoyo de estos 7 millones de personas afines, desde miembros de la sociedad civil a periodistas, actores y actrices, escritores y escritoras o fotógrafos y fotógrafas, son indispensables para que MSF enfrente de un modo más firme los discursos de odio. Populismos que un día criminalizan a las personas refugiadas y solicitantes de asilo, y al otro atacan y acusan de traficantes de personas a aquellos que los rescatan de morir ahogados en el mar. Sin este apoyo sería mucho más difícil para MSF defender valores básicos de su misión social: la humanidad y la solidaridad.

Acción médica de MSF en la crisis de rohingya. Imagen: Antonio Faccilongo.

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