Matarranya Íntim: la belleza de lo vulnerable como acto de resistencia

La XIV edición del festival abrió las puertas de las casas de Torre del Compte para convertir todo un pueblo en escenario. Antiguas escuelas, una iglesia, un café cerrado durante décadas y otros espacios cotidianos acogieron teatro, danza, música y arte. Un fin de semana de entradas agotadas, orgullo rural y cultura como herramienta política que demostró que los pueblos pequeños también pueden imaginar cosas enormes.

08 julio, 2026. 07:00
Carmen Marí en “La netejadora de sang / La limpiadora de sangre”, escrita y dirigida por Jacobo Julio Roger | Foto: Matarranya Íntim

Para llegar había que desviarse. Y quizá ahí estaba la primera pista. Matarranya Íntim no sucede en lugares de paso. Sucede donde alguien decide parar. Durante cuatro días, Torre del Compte abrió puertas y convirtió cocinas, patios, calles y rincones cotidianos en escenarios donde mirar de cerca. Muy de cerca. Porque este año tocaba hablar de eso: de lo que mostramos cuando dejamos de protegernos.

La XIV edición del festival eligió una palabra sencilla y enorme: “Vulnerables”. Y durante todo el fin de semana esa idea atravesó el municipio. En las obras. En las conversaciones. En los cuerpos de las artistas. En las vecinas prestando sus casas. En un público dispuesto a dejarse remover. También en un cartel que miraba a Gaza y recordaba que la vulnerabilidad no siempre es una metáfora: a veces es un cuerpo expuesto a la guerra y a la barbarie.

Hubo mucho calor. Muchísimo. Hubo carreras buscando sombras entre función y función. Hubo baños en la piscina para aguantar las horas centrales del día. Hubo catas de vino, visitas guiadas y conversaciones improvisadas entre función y función. Pero, sobre todo, hubo un pequeño pueblo del Matarranya convertido en punto de encuentro para gentes llegadas de la propia comarca, de municipios vecinos, de Zaragoza, La Rioja, Euskal Herria, Castelló, València o Barcelona.

Porque Matarranya Íntim tiene algo difícil de explicar hasta que se vive: no consiste solo en ver una obra. Consiste en entrar.

Un pueblo convertido en escenario

“Replaceta” llenó la plaza Mayor de Torre del Compte en el arranque del Matarranya Íntim | Foto: MÍ

La Cotxera de lo Carabiner dejó de ser una cochera. La iglesia dejó de ser solo una iglesia. El antiguo Café de la Paloma volvió a abrir sus puertas después de más de medio siglo cerrado. Las casas de Luis y Amparo, Juan y Mari, David y Mónica o Victoria, la plaza Mayor y la lonja del Ayuntamiento cambiaron durante unos días su uso cotidiano para recordar que la cultura también puede suceder lejos de los grandes escenarios.

Y ahí aparece una de las grandes fortalezas del festival: el orgullo rural. La capacidad de demostrar que un pueblo de poco más de un centenar de habitantes puede convertirse en capital cultural cuando hay comunidad detrás. El teatro no llegó a Torre del Compte como visitante. Entró en sus casas.

“En una tarde puedes ver tres o cuatro actuaciones”

Fina y Ramón esperaban el sábado por la tarde para entrar a “Autoficción”, una de las propuestas que más expectación despertó durante el fin de semana. Mientras hablaban, desde el interior de aquella antigua cochera reconvertida en escenario llegaban los aplausos del pase anterior

Son de La Portellada, un pequeño municipio del Matarranya conocido por El Salt, la cascada de más de veinte metros formada por el río Tastavins. Durante muchos años vivieron en Barcelona y, tras jubilarse, decidieron regresar al pueblo.

Este era ya su cuarto Matarranya Íntim. “Lo que nos gusta es que puedes ver unas actuaciones que en una ciudad tienes que ir a un teatro y aquí en un mismo pueblo y en una tarde puedes ver tres o cuatro y todas muy recomendables”, explicaban antes de entrar a disfrutar de la obra. Habían llegado el sábado. Y ya tenían claro que volverían el domingo.

Eva Zapico y Miguel Àngel Sweeney en "Autoficción" | Foto: MÍ

“Mientras te lo digo me emociono un poco”

Unos metros más allá, Bárbara esperaba frente a la iglesia de Torre del Compte para entrar a “Titiriscopio”, una de las propuestas más sorprendentes de esta edición, con una réplica a escala del Teatro Principal de Burgos que combina títeres de cristal y hologramas.

Llegaba desde Logroño junto a gente de Enciso, localidad riojana que durante doce ediciones impulsó EnciArt, una muestra de teatro y arte de calle y patio con muchos puntos en común con Matarranya Íntim.

Era su primera vez en el festival. “Estoy alucinada. Alucinada del trabajazo que hay detrás, de la calidad y de todas las propuestas”, reconocía. Acababa de salir de “Autoficción”. Y no salía igual que había entrado. “Salgo bastante removida”, decía.

Para Bárbara, una de las claves está precisamente en esa relación entre cultura y comunidad: “Me parece un planteamiento súper bonito, esa parte itinerante, más comunitaria, de implicar a los vecinos y vecinas, a las casas del pueblo. Todo eso me parece brutal. Tiene detrás un currazo tremendo. Mientras te lo digo me emociono un poco. Es una pasada”.

Vulnerables: del humor a la herida

La programación recorrió muchas formas de entender esa vulnerabilidad. Lo hizo desde la celebración colectiva de “Romancero de la vulnerabilidad”, creado por Matarranya a Escena, donde vecinas, vecinos y participantes tejieron un relato común de cuerpos, palabras y memoria como prólogo de 72 intensas horas.

Desde la espectacularidad de “Replaceta”, encargada de abrir el festival con circo, ópera, danza, acrobacias y hasta un tractor en una plaza llena con más de 350 personas.

Desde el humor gamberro de “Maribel Vermut y su entrenador”. Desde la mirada feminista de “Autoficción”. Desde la ternura familiar de “Tou com un peluix”. Desde la danza de una mujer sin rostro de “Madame” y el universo visual de “InLand / Bèsties”. Desde los títeres y objetos de Javier Aranda con “Saeta”.

Desde el teatro de texto de “Z/B Zweig Bernanos”, de La Fornal d’Espectacles, que reunió sobre la escena a Stefan Zweig y Georges Bernanos para hablar de antifascismo, exilio y contradicciones humanas, y desde la mezcla de danza y performance de “A mí no me escribió Tennessee Williams (porque no me conocía)”, de la Cia. Roberto G. Alonso, una pieza atravesada por la memoria, las heridas y la desmesura emocional.

Y desde lugares más incómodos. Como “La netejadora de sang / La limpiadora de sangre”, de Francachela Teatro - Produccions La Tia Lola. Escrita y dirigida por Jacobo Julio Roger —director artístico de Matarranya Ìntim— e interpretada por Carmen Marí, la obra es una tragicomedia negra basada en un caso real de violencia machista. Una pieza que hiela, emociona y tambalea porque desplaza la mirada hacia un lugar poco habitual: la madre del asesino.

Ese era el reto de “Vulnerables”: mirar donde no siempre queremos mirar.

El lema “Vulnerables” atravesó la XIV edición del Matarranya Íntim | Foto: MÍ

Cultura como herramienta política

La vulnerabilidad salió además de los escenarios. El cartel de esta edición, obra de Tòfol Cruz a partir de una idea de Jacobo Julio Roger, nació de la imagen real de un niño de Gaza mutilado por la violencia israelí. Un homenaje y una denuncia que acompañó un festival donde Palestina estuvo presente como recordatorio de que el arte no vive aislado del mundo.

Matarranya Íntim volvió a defender una idea sencilla: la cultura no es solo entretenimiento. Es una herramienta para crear comunidad, abrir debates y construir memoria.

Tiempo para bailar

La música también encontró su espacio dentro del Matarranya Íntim. El Dúo Cordas di Vento, formado por Laia Cárdenas al arpa y Joé Juanós a la trompeta, se instaló en la lonja del Ayuntamiento con una propuesta de taquilla inversa que unió ambos instrumentos en una fusión poderosa e íntima.

La noche del sábado llegó con la descarga de Zorz, una banda que transita entre Zaragoza y Muel y que mezcla post-punk, electrónica y espíritu DIY. Un proyecto “total antifa”, como ellos mismos se definen, que sigue creciendo bolo tras bolo y que recientemente ha lanzado una K7 con siete temas que encuentran nueva vida sobre el escenario. En Torre del Compte contaron además con la improvisación de Joé Juanós a los vientos.

Después culminó con la sesión de SisterDJ. La pinchadiscos valenciana alargó una noche que sirvió para reabrir la Peña Lo Topí antes de fiestas. El domingo, Tical puso ritmo al vermut electrònic en las piscinas antes de una clausura protagonizada por Luna Cosmic Blues, agrupación que ya formó parte del “Íntims a la Nit” de la primera edición y que puso el punto final en la ermita de San Juan.

Zorz descargando su sonido en la Peña Lo Topí | Video: Matarranya Íntim

“No hay IA que respire por ti”

El domingo al mediodía, con el festival todavía en marcha, Jacobo Julio Roger hacía balance sin querer darlo por cerrado. “Estamos todavía en vuelo. Esto no se acaba mientras quede una obra, una función, un minuto”, decía el director artístico.

Pero las sensaciones ya estaban claras. Las entradas se habían agotado apenas 48 horas después de salir a la venta. En ediciones anteriores el festival ya había colgado el cartel de completo en diferentes propuestas, pero nunca con tanta rapidez. La respuesta del público llevó a la organización a ampliar pases de algunas funciones para que más personas pudieran formar parte de esta edición.

“El festival ha sido redondo. Todas las actuaciones han estado llenas. Hemos tenido un gran ambiente en la calle y el feedback entre público y artistas ha sido de 10”, destacaba Jacobo.

Para el director artístico, propuestas como Matarranya Íntim demuestran el papel que pueden jugar los entornos rurales como motores culturales. “En pueblos pequeños, pero con un corazón tan grande como Torre del Compte, es donde estos festivales toman sentido”, subrayaba.

“Es un currazo, es una proeza traer todo esto aquí, al Matarranya, pero la gente del pueblo se ha tirado a apoyar prestando sus casas, la generosidad de las y los artistas ha sido alucinante y la gente se lo goza”, añadía.

Detrás del festival hay alrededor de un centenar de personas entre organización, voluntariado, vecinas y vecinos que abren espacios, preparan comidas, acompañan artistas y hacen posible que todo funcione.

O, como resume Jacobo citando a Patti Smith: “People Have the Power”.

Para el director artístico, precisamente en tiempos de pantallas, algoritmos y tecnología, las experiencias compartidas tienen más sentido que nunca. “Yo creo que hay varias cosas: el teatro, la danza y el rock and roll. No hay IA que actúe para ti, que respire para ti. Esto es experiencial. Estás aquí, formas parte de ello. Te lo pueden contar, pero no es igual”.

Durante cuatro días, Torre del Compte volvió a demostrarlo. Porque quizá la cultura consiste también en eso: en abrir una puerta, entrar en una casa desconocida y descubrir que dentro hay alguien contando una historia que, de alguna manera, habla de ti.

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