Magallón vivió este domingo una de esas jornadas en las que la memoria deja de ser abstracta para convertirse en nombres, cuerpos y familias. Dentro de los actos de este abril republicano, la Asociación de Familiares y Amigos de Asesinados y Enterrados en Magallón (AFAAEM) hizo entrega de los restos de Benito Barcos Laborda, de 61 años, sastre de profesión, sindicalista de UGT y natural de Fuendejalón, asesinado por el fascismo el 21 de agosto de 1936.
Su cuerpo fue trasladado décadas después sin conocimiento ni consentimiento de su familia, al Valle de los Caídos —hoy Cuelgamuros— junto al de otras víctimas. Durante años, sus descendientes pensaron que sus restos se encontraban en Borja. No ha sido hasta ahora, tras un trabajo de cuatro años impulsado por AFAAEM y la familia, cuando se ha podido confirmar su identidad gracias al ADN de sus bisnietos y devolverlo finalmente a su pueblo natal, donde ya descansa. Tenía cuatro hijos.
El acto del domingo, inicialmente previsto en el panteón republicano de la Asociación de Familiares y Amigos de Asesinados y Enterrados en Magallón, ubicado en el cementerio municipal, tuvo que trasladarse a espacio cubierto debido a la lluvia. Aun así, mantuvo intacta su carga emocional y política. “La memoria no es solo pasado, también es presente y, sobre todo, futuro”, afirmó la presidenta de AFAAEM, Pilar Gimeno, en una intervención que situó el acto en el marco de una lucha sostenida durante décadas.
De Cuelgamuros a Magallón: “La memoria también es resistencia”. AFAAEM entrega a su familia los restos de Benito Barcos Laborda, asesinado en 1936, en un acto que restituye nombre y dignidad a las víctimas arrancadas por el franquismo: https://t.co/DAiWdxvjmj
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— AraInfo (@arainfonoticias) April 14, 2026
Gimeno recordó que en el panteón de la asociación descansan víctimas “arrancadas de sus casas, de sus trabajos y de sus familias”, que durante décadas permanecieron “enterradas bajo el silencio”. Gracias al trabajo de AFAAEM, más de medio centenar de las 81 personas allí enterradas han sido ya identificadas, aunque reconoció la dificultad de avanzar en algunos casos por la desaparición de familias o la falta de muestras genéticas.
Uno de los ejes de la intervención de Gimeno fue la denuncia de los traslados forzosos ordenados por la dictadura franquista. En 1959, un total de 17 cuerpos procedentes de localidades como Magallón, Añón de Moncayo, Borja, Fuendejalón, Trasobares o Bulbuente fueron trasladados sin autorización familiar al entonces Valle de los Caídos. “Fueron utilizados para sostener un monumento levantado sobre la impunidad”, señaló. Hoy, subrayó, la identificación de estas víctimas permite “devolverles su condición de personas y no de cifras anónimas”.
“Decir sus nombres es sacarlos definitivamente del olvido”
Durante el acto se nombró una a una a las personas ya identificadas de ese grupo, en un gesto que volvió a poner en el centro la importancia de la memoria como acto de reparación. Junto a Benito Barcos Laborda, natural de Fuendejalón y asesinado el 21 de agosto de 1936, fueron recordados Esteban Jiménez Ezpeleta —primer aragonés identificado en Cuelgamuros—, Juan Chueca Sagarra, Félix Bona Ruberte, Felipe Gil Gascón y Estanislao Bosque Gil, todos ellos naturales de Magallón y asesinados también el 21 de agosto de 1936. Asimismo, se recordó a Escolástica Gomaro Redrado y Pedro Peralta Gil, naturales de Añón de Moncayo, asesinados el 11 de agosto de 1936.
“Decir sus nombres es sacarlos definitivamente del olvido”, afirmó Gimeno, en una intervención que defendió el trabajo de AFAAEM como una tarea de búsqueda, exhumación, identificación y acompañamiento a las familias. “Nuestro compromiso es con las víctimas, con sus descendientes y con la sociedad entera”, señaló.

La presidenta de la asociación fue más allá y advirtió de los riesgos actuales de la desmemoria: “La memoria no es una opción partidista, es una obligación democrática”. En este sentido, denunció los discursos que buscan “borrar, relativizar o reescribir la dictadura”, recordando que esos ataques afectan al pasado y también “al derecho al duelo, a la dignidad de las víctimas y a la convivencia basada en la vida”.
El acto sirvió para reivindicar los valores republicanos como horizonte vigente. “La República señaló un camino de derechos, educación pública y laica, igualdad, cultura y paz. Fue derrotada por la fuerza, pero no pudieron derrotar sus valores”, afirmó Gimeno, que vinculó la memoria histórica con la defensa actual de los derechos humanos. En ese marco, expresó también solidaridad con el pueblo palestino y con “todos los pueblos que sufren violencia y opresión”, reclamando el fin de la guerra y el respeto al derecho internacional.
“La memoria también es resistencia”, concluyó. Una idea que atravesó toda la jornada y que se materializó en un gesto concreto: devolver a Benito Barcos Laborda a su tierra, a su familia y a su nombre.

