En su reciente visita a Zaragoza, organizada por Amigas de la Tierra de Aragón, Ana Francisca Sánchez ha compartido sus conocimientos y experiencias en talleres donde exploró la importancia de preservar semillas locales y cultivar de manera sostenible. Un camino que esta campesina y activista hondureña de 51 años, madre de seis hijos y vicepresidenta de la Red Municipal de Mujeres de El Corpus, considera esencial para proteger tanto la salud de las personas como la del planeta.
¿Qué significa para usted la soberanía alimentaria y por qué es tan importante defenderla hoy en día?
Bueno, pues es muy importante para la salud de las personas y también para que los niños aprendan nuevas prácticas de alimentación sin químicos, tener comida saludable, y que provenga de una agricultura orgánica.
¿Cómo ha sido su experiencia como campesina en Honduras y qué retos enfrenta en su comunidad?
Allí en mi comunidad recibimos capacitaciones en agricultura. Gracias a esto, las mujeres trabajamos en grupo y llevamos la práctica a nuestros huertos y a nuestras familias. Somos unas 25 a 30 mujeres que después compartimos lo aprendido con otras comunidades. Para mí es de gran importancia tener alimentos saludables que nutran nuestro cuerpo y también poder comer sin químicos ni tóxicos.
En su visita a Aragón y el Estado español, ¿qué similitudes y diferencias ha encontrado en las luchas por la soberanía alimentaria con respecto a Honduras?
He visto que en el Estado español hay pocos huertos y diferencias en las prácticas. Por ejemplo, en mi comunidad hemos aprendido a sembrar maíz en surco, que le decimos sembrar en línea, y a hacer abono orgánico con materiales locales como las hojas secas. Aquí he visto que usan mucho el abono de vaca, que también es una buena forma de producir abono orgánico.
¿Podría contarnos más sobre su participación en la acción reivindicativa en la fábrica de Coren en Galicia? ¿Qué esperan lograr con este tipo de acciones?
Con estas acciones buscamos la unión, porque donde está la unión está la fuerza, y no hay que tener miedo. Nosotras, como decimos allá, somos mujeres bravas, y nos sentimos orgullosas de defender la naturaleza, oponiéndonos a las talas y a las minas que nos afectan. Justo ahora en Honduras, en mi comunidad, gracias a Amigas de la Tierra, se logró que el municipio fuese declarado libre de minas y tala de bosques, una gran victoria.

¿Qué rol juegan las mujeres rurales en la preservación de las semillas y la promoción de la agroecología en su comunidad?
Las mujeres campesinas cultivamos nuestras propias semillas de frijol, maíz y otros cultivos, usando semillas criollas. En la Caja Rural, que formamos con el apoyo de Amigas de la Tierra y otras organizaciones, vendemos las semillas para tener ingresos y ayudar a otras mujeres. Este esfuerzo nos une y nos permite ser menos dependientes de las semillas industriales.
¿Cómo ha influido la agricultura orgánica en su vida y la de su comunidad? ¿Cuáles son las principales técnicas que utilizan?
Utilizamos técnicas como el cultivo en línea y el método biointensivo con abono orgánico. Nos enseñaron a seleccionar las mejores semillas observando las plantas al florecer, y esto nos ha dado mayor seguridad en las cosechas. Gracias a estos métodos, hoy cultivamos alimentos sanos, como nuestra caña de azúcar, que en Honduras llamamos “dulce,” un endulzante natural y sin químicos. También tenemos cajas rurales donde podemos intercambiar semillas de calidad sin depender del mercado externo.
¿Qué desafíos enfrentan los pequeños agricultores frente a la agroindustria en Honduras y a nivel global?
La agroindustria utiliza químicos y produce en grandes cantidades, mientras que nosotras trabajamos poco a poco, usando abonos que hacemos con nuestros propios recursos, como el estiércol y la ceniza. En nuestras huertas, hacemos repelentes caseros, como uno con chiles que mantiene a los insectos alejados. Con estos conocimientos, luchamos contra las grandes empresas sin contaminar la tierra.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las nuevas generaciones de activistas que luchan por un sistema alimentario más justo y sostenible?
Que se sigan capacitando y compartan lo aprendido. Nosotras, las mujeres rurales, hemos salido adelante gracias a estas formaciones, rompiendo barreras y aprendiendo cada día. Enseñar debe ser un esfuerzo constante, y hay que transmitir el amor por la tierra y la autonomía alimentaria. Además, en esta visita me llevo semillas de Galicia y Zaragoza, y estas las compartiré con mis compañeras en Honduras, como un símbolo de conexión entre nuestras luchas.
¿Cree que talleres como el que impartió en Zaragoza pueden contribuir a cambiar la conciencia sobre el sistema agroalimentario?
Estos talleres son muy importantes. En el taller de Zaragoza, por ejemplo, aprendí sobre técnicas y plantas que no conocía, como el abono de cascarilla de arroz. Poder llevarme estas semillas es como llevarme un pedacito de España conmigo.

