Los incendios se cobran vidas

Empezaba nuestra segunda jornada de ruta un nutrido grupo de 17 personas y nos preparamos para el día de frío y niebla que nos esperaba. Después de montar las alforjas pedaleamos de nuevo por el Raso camino de Vera de Moncayo. Nada más salir, vimos el efecto del incendio en el Santuario de la Misericordia. El fuego llegó hasta las casas dejando todo negro a su paso.

ciclistas viendo los estragos de los incendios
Foto: Biela y Tierra

Seguimos rodando por pistas a través de un paisaje fantasmagórico: siluetas de pinos y carrascas calcinadas que se intuían entre la niebla, sonidos de motosierras preparando la leña según los lotes asignados y, en medio, enormes aerogeneradores en movimiento, invitados inertes en este desastre.

Javi, un compañero de Cuenca reflexionaba: "Pedaleo y me doy cuenta de la fragilidad de la vida. Los árboles, pasan de la vida a la no vida en un instante a causa del fuego. Y al lado, están los eólicos, la no vida que sigue, sin ni tan siquiera chamuscarse".

Llamaba la atención el negro de la vegetación carbonizada y el blanco de los molinos. Una vez más, pedalear en bici nos permite empaparnos del territorio. Kilómetros y kilómetros de paisaje calcinado, olor a humo y vegetación muerta. Pero la fuerza de la vida sigue presente: “Pese a ello, la naturaleza es resiliente y los brotes verdes están ahí, la vegetación empieza a resurgir", compartía Nerea, otra compañera de la ruta, viendo los brotes verdes de las carrascas.

El frío se nos había metido en los huesos y llegar a Vera de Moncayo con el avituallamiento caliente y el encuentro con vecinos y vecinas fue un auténtico placer. ¡Gracias, gracias, gracias! Reconfortadas seguimos camino a Alcalá de Moncayo, directas a las escuelas donde familias del pueblo estaban realizando un taller de decoración navideña con árboles afectados por la quema.

Allí nos esperaba Jesús, ganadero de ovino de Alcalá. Recordaba el día del incendio: “Ese sábado 13 de agosto eran fiestas en Alcalá, serían las 15.30 horas, estábamos de comida familiar más de veinte en casa. En un momento comenté: '¿Habéis apagado bien el fuego? Huele a quemado'. Salí a la calle y estaba todo lleno de humo. La gente había salido de sus casas. A las 16.30 horas la Guardia Civil nos desalojó. Ya estábamos sin electricidad”.

Su familia marchó a Ambel, pero él subió a ver a su ganado, 600 ovejas y 12 cabras, que tenía dentro de la nave. En el almacén contiguo guardaba las reservas de paja para todo el año, 120.000 kilos. Lo primero que hizo fue labrar con el tractor todo el perímetro para proteger la nave porque esa cantidad de paja era un polvorín.

El incendio todavía no había llegado a la zona pero había humo, mucho calor y mucho aire. “El fuego avanzaba a contraviento, se veía que las lenguas de fuego iban por delante del humo”, nos contaba. En un momento, la paja del almacén empezó a arder, una pavesa prendió los fardos. Jesús recordaba que con ayuda de unos primos y su cuñado entró en la nave para que las ovejas salieran, estaban muy asustadas y había mucho humo, no querían salir. Pudo abrir la puerta de atrás y obligarlas a salir a gritos. Los corderos y las cabras se quedaron dentro. Trasladó a las ovejas a un cercado provisional y se quedó viendo cómo ardían los 120.000 kilos de paja y los silos con el pienso, sustento de sus ovejas para todo el año.

En esos momentos las 430 ovejas de Pascual ya habían muerto. Pascual, es el otro ganadero de Alcalá que también nos acompañó en la visita. “Cuando nos dimos cuenta del incendio ya había pasado todo. No pude sacar a las ovejas, todo pasó en cuestión de minutos. También teníamos paja y prendió sin que hubiera llegado el fuego”. Nos contaba que todo prendía, se encendía todo lo que era de plástico y madera. Solo pudieron salvar maquinaria y herramientas.

Jesús pasó toda la noche con sus ovejas, vigilando que nada volviera a prender. “Fue una noche muy larga, en la nave habían quedado las cabras y los corderos. Las oíamos balar dentro. Hacia las 1.30 horas de la madrugada, ya no podíamos más y fuimos a sacarlas”. Sin saber el estado de la estructura de la nave, se arriesgaron y entraron para rescatar a las 12 cabras. Sólo tres corderos habían sobrevivido. Consiguieron sacarlos y reunirlos con el rebaño.

David Visús es apicultor y ha perdido 150 de las 450 colmenas que tenía y, con ellas, la cosecha de miel (entre 7 y 8 kilos por colmena). La tarde del incendio estuvo ayudando a Jesús con las ovejas porque tiene parte de sus asentamientos de colmenas por esa zona. “De los 20 asentamientos que tengo para verano e invierno, siete están totalmente inhabilitados y dos muy afectados por el incendio. Por suerte, los tengo repartidos en diversos parajes: desde la zona más alta de Alcalá hasta partes de monte bajo cerca de Bulbuente”.

Nos contaba que tenía las colmenas que se quemaron cerca de Alcalá, en el barranco de Maderuela. Este barranco es una zona especial de conservación, un bosque muy cerrado con carrascas antiguas, aliagas y arbustos florales que ardieron con mucha fuerza, una afectación ecológica grave por su valor paisajístico y botánico y porque es un refugio para las aves.

“Las temperaturas fueron tan altas que hay tapas de chapa de las colmenas que se han fundido, han desaparecido”, nos comentaba David. En esta zona David obtenía el mielato de encina, una de las mieles más preciadas. Habrá que valorar el nivel de afectación de los árboles, pero según él, no cree que antes de 10 años estén preparados para volver a dar bellotas y la mielada que utilizan las abejas para elaborar esa miel. En cambio, las zonas de bosque bajo con vegetación de jaras (Cistus salvifolia, cistus albidus), romero, tomillo, espliego (Lavandula latifolia) o cantueso (Lavandulas toechas subsp. Pedunculata) se recuperan mucho más rápido y en cuatro o cinco años, si las condiciones de pluviometría son buenas, el terreno puede estar regenerado y las abejas trabajando.

Una vez pasado el incendio, ¿en qué situación se quedan estos ganaderos? Los primeros cobros, y únicos por el momento, han sido los del seguro de las ovejas y las colmenas. Cubren las pérdidas materiales, afectación de las naves (según la póliza), maquinaria y animales afectados. En el caso de David, lo que recibirá del seguro supondrá menos del 70% de lo que le costará reponer las colmenas y, además, no obtendrá el ingreso de la miel que ha perdido con las colmenas quemadas.

Jesús ha hecho cálculos y con los precios actuales de los piensos tiene un gasto enorme sólo para sustentar su rebaño. “Mis ovejas se han alimentado siempre mayoritariamente de mis tierras, pastoreando, ramoneando, con forraje (alfalfa o guisante forrajero) o paja que yo he cultivado”. Tras el incendio la mayor parte de las zonas en las que pastoreaba se han quemado y no las puede utilizar. “Me encuentro en una situación muy delicada, con el rebaño pero sin pastos para poder sacarlas y alimentarlas. Por suerte algunas de las tierras de Pascual las voy a poder utilizar, y ya veré como voy a ir organizando”.

Con Pascual y Jesús en la finca de Jesús para ver los estragos de los incendios
Con Pascual y Jesús en la finca de Jesús | Foto: Biela y Tierra

Frente a la situación de afectación del sector primario generada por los incendios el Gobierno de Aragón publicó el Decreto-ley 7/2022, de 21 de septiembre en el que especifica que “es urgente, además de extraordinaria, la necesidad de la intervención de la Administración (…) para paliar la situación de vulnerabilidad de las economías familiares en los territorios afectados por sendos incendios”. Las ayudas cubren hasta un máximo de 20.000 euros por persona porque la causa del incendio no es natural. Si fuese una causa natural podrían percibir hasta 35.000 euros. En el momento de nuestra visita ninguna persona afectada de la zona había recibido ayudas por parte de la administración.

“Estas ayudas buscan compensar la pérdida de renta que supone la afectación por el incendio de las personas profesionales del sector. Cuando haya más de un 30% de la superficie de trabajo quemada (para ganaderos los pastos y para apicultores asentamientos declarados en la PAC) se podrá percibir la ayuda. Una vez definidas las personas perceptoras, en el caso de ganaderos, en teoría, recibirán 45 euros/oveja o colmena que tengan en total, no sólo las afectadas”, nos comentaba David.

Estas ayudas por tanto no cubren gastos patrimoniales (infraestructuras o maquinaria particular afectada). La redacción del decreto es poco clara y ha creado mucha confusión incluso en las oficinas comarcales agrarias (OCA), hasta que no se reciban las ayudas quizá no quede claro. “Mucha gente de la zona no se ha inscrito para ser perceptora de la ayuda porque no se entiende lo que piden. A mí me costó y tuve que preguntar mucho antes de entenderlo, pero al final la presenté. Ahora a esperar a ver cuando llegan esas ayudas, que sin duda no van a cubrir al sector los costes que el incendio ha provocado”.

En el caso de Jesús estas ayudas no le solucionarán la situación en la que se encuentra. “Tengo 50 años, un rebaño de más de 600 ovejas y me he quedado sin pastos para poder alimentarlo. Si hubiera perdido el rebaño totalmente no sé si seguiría como ganadero, la situación del sector es muy complicada, los precios de venta de los corderos son bajos,  no llegan a cubrir los costes, y con esto que ha pasado, imagínate”.

Pascual por su parte va a rehacer el rebaño. “Mi hermano y yo llevamos juntos la ganadería, ya estamos en los 60 y esto es lo que queremos seguir haciendo. Somos, junto a Jesús, los últimos pastores de Alcalá y en la zona hay muy pocos”. Pascual y su hermano cuando cogieron el relevo de la explotación familiar volvieron a poner ovejas, como tenía ya su abuelo. “En esta zona la ganadería es un complemento esencial a la agricultura de cereal. Las tierras son pobres y las producciones bajas, si no quieres llevar muchísimas hectáreas lo suyo es completar con ganadería extensiva que ramoneen los campos y alimentar a los animales con lo que produces. Cerrar el ciclo”. Además, la ganadería extensiva es, sin duda, esencial para mantener el paisaje mosaico, con pastos, campos cultivados y zonas de bosque, la manera más eficiente de mantener el territorio y controlar la acumulación de masa combustible que hace incontrolables los incendios.

Con estos relatos se nos encogió el corazón. Preguntamos a Pascual y a Jesús si todavía estaban con ganas. Pascual nos dijo “las ganas no se nos van, las necesitas para vivir” y Jesús añadió “queremos seguir con nuestro trabajo. En 8 o 10 años, si no cambian las cosas y hay relevo, no quedarán pastores”.

Terminamos el día en Añón, pueblo donde comenzó el incendio. Vecinas y vecinos nos esperaban con dulces e infusiones en las escuelas. Sin duda, la jornada fue emocionalmente muy intensa. Como grupo empezamos a tomar conciencia del impacto personal, ambiental y emocional que los incendios dejan en el territorio. Nos dimos cuenta de que era necesario trasladar estas vivencias y recoger aprendizajes para dotarnos de herramientas. Nos sentimos acongojadas, pero a la vez agradecidas por la oportunidad que este viaje nos estaba brindando. Dormimos en las escuelas de Añón, ¡gracias de nuevo por poner a disposición de la gente estos espacios públicos!

Nota: El día 11 de enero de 2023 ha salido publicada la concesión de las ayudas económicas asociadas a las medidas urgentes para restaurar los daños causados al medio agrario, forestal y natural por los incendios de junio, julio y agosto de 2022, Decreto-ley 7/2022 del Gobierno de Aragón.


Desde los colectivos participantes en 'Pedales contra el fuego', invitan a participar en la concentración del día 21 de enero de 2023 'Por la defensa de nuestros pueblos y montes' que tendrá lugar en Zaragoza a las 11.30 horas en frente del Edificio Pignatelli.

📍 Aquí puedes leer todos los artículos de 'Pedales contra el fuego'.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies