Reconozco que la guerra de la OTAN contra la Federación rusa en el territorio ucraniano no es algo sencillo de digerir por un ciudadano de acá, de este país de países que es España. El genocidio palestino es más visceral, de más difícil trágala por el común de los mortales. Mucho menos con la propaganda de guerra en que se han convertido, más la guerra en Ucrania, desde el inicio, lo que debería haber sido información.
Dejando de lado este gran cubo de basura, tan lleno de desinformación como repleto de intención para encauzar orientaciones simplistas y maniqueas, quiero centrarme en analizar los extraños compañeros de cama de cada contendiente. También, dejaremos de lado las causas del conflicto. A estas alturas, son meridianas a poco que la persona indague y contraste, alejadas de la propaganda de guerra desde el inicio.
Por un lado, tenemos a una organización heredera de la guerra fría, la OTAN, mantenida a imagen del gendarme mundial en los últimos ochenta años. Organización militar agresiva, punta de lanza del poder militar de los Estados Unidos e inductora, directa o indirectamente, de la mayor parte de conflictos en los últimos cuarenta años. También, claro está, de estos dos de los que hablamos hoy. Máxime, y sobre todo, desde que en 1991 se disolvió voluntariamente el Pacto de Varsovia. Solo hay que recordar las guerras en Yugoslavia, Libia, Irak, Siria, Yemen, para tener serias dudas del lugar en dónde están los “buenos” que se nos quiere indicar y muchos más reparos si esas dudas las pasamos por el tamiz de esta organización agresiva, pantalla de los USA con 270 bases militares, muchas con capacidad nuclear, en 80 países diferentes. Las cuatro agresiones israelíes sobre Palestina (años 1948, 1956, 1967 y 1973), además de las intifadas y las invasiones rutinarias, las han manejado, de largo o de corto, los Estados Unidos y la OTAN.
Creo que las personas progresistas, aquellas que luchábamos por la paz, teníamos claro que la OTAN era algo de lo que deberíamos desprendernos en España y en cualquier organización antimilitarista.
OTAN a punto de desaparecer en 2021, reflotada por el conflicto interesado en Ucrania, su inclusión en la Alianza, por Estados Unidos. OTAN que, en los dos conflictos, es parte activa de ellos. En ella, agarrados como lapas, están la inmensa mayoría de los representantes, derecha e izquierda (dicen) de los países europeos.
Sigamos con lo esencial del artículo.
A su lado, tenemos a Zelensky, representante y abanderado de un marco que se parece mucho al tipo de libertad y cerveza reclamada por Ayuso en estos lares. Eso, en una nación que está aherrojada con la ley marcial, con todas las libertades clausuradas, faltos de elecciones, con permisividad del “ancha es Castilla”, solo, de partidos de extrema derecha, rayanos en el nazismo y con censura total en todos los medios. Por mucho que intentáramos disculparlo, en cualquier otro territorio, Venezuela, es un decir, lo llamaríamos dictadura y a su mandatario, dictador. En este caso, nazi, puesto que se arropa con formaciones paramilitares de extrema derecha.
Enfrente, está la Federación rusa con un presidente legalmente elegido (recientemente) que, pese a la guerra, no se dota de ley marcial alguna. Cierto que las libertades, tal como una persona progresista las puede identificar, no existen al completo. A Putin se le puede llamar pan-nacionalista, mesiánico o con ribetes despóticos, incluso. Pero, difícilmente, dictador. Al menos, hoy por hoy.
Yéndonos al Oriente Medio, Netanyahu y lo que representa se parece mucho a lo dicho para Zelensky. Meritorio nazi, su objetivo, al igual que el de los judíos que lo jalean, es la solución final, en este caso para los palestinos. Exactamente igual, apoyándolo de manera activa, están los mismos actores que con Zelensky: la OTAN, a su servicio exclusivo en los mares Mediterráneo y Rojo y en la “cúpula de hierro”, Europa, con sus apoyos económicos y diplomáticos pese a sus gestos ñoños e hipócritas y Estados Unidos, reservorio militar con el envío de bombas, aviones, de Inteligencia militar y aquello que necesite. Más autosuficiente en sus asesinatos Netanyahu que Zelensky, Israel es la filial, una franquicia, del gendarme del mundo, gracias a su arsenal militar y nuclear.
Su contendiente un pueblo desarmado, pobre y sobre el que se experimentan crímenes de guerra a niveles desconocidos, incluso en la segunda guerra mundial.
Apoyando activamente las reivindicaciones palestinas están, en la práctica, casi todos los países que comparten las tesis rusas en el otro conflicto. Casi todos los países multipolares que se enfrentan a los argumentos expansionistas de la OTAN, Estados Unidos y de sus dominguillos europeos o asiáticos (Corea, Japón, Filipinas, Myanmar y Taiwan). ¿Casualidad? Creo que no, que es causalidad, más bien.
Hablemos de personajes –Putin– y de democracia –Rusia–. Curiosamente, nada que no pueda ser alguien llamado Trump, instigador de un verdadero golpe de estado capitolino y que, gracias a sus millones, es alguien que puede jugar con la justicia y volver a ser presidente de gobierno. O Biden, presidente que solo confía, según dice, en lo que le dicta el “señor”. Se refiere al mismo ángel de la guarda de nuestro exministro, Jorge Fernández Díaz, imputado en el asunto de las cloacas del estado. Un Biden con serios problemas mentales, un hijo enmierdado hasta las cachas por corrupción y droga en Ucrania, ¡qué casualidad!, y dueño único de la llave nuclear de Estados Unidos.
¿Alguien asegura que, en los países que llamamos democráticos, existen libertades al completo para todos? ¿Aquello de que la justicia existe y es para todos igual? En Estados Unidos, sin ir más lejos, las grandes desigualdades alcanzan al 75%, la sanidad pública no existe, vives con asistencia o mueres sin ella en relación a tu riqueza. Solo los muy ricos tienen posibilidad de ser senadores, congresistas, alcaldes o presidente; la miseria ronda el 40% y la CIA, el FBI y multitud de agencias adscritas al gobierno, la inteligencia militar y/o a las cloacas del estado, campan a sus anchas violentando derechos. Y si no que se lo pregunten al limbo de Guantánamo o al señor Assange, fundador de WikiLeaks, por poner dos ejemplos. Por no hablar de países que son dictaduras, pero benditas por el mundo occidental: Filipinas, Arabia Saudí, Myanmar, Qatar, Emiratos, Marruecos, Kuwait, Libia, Haití y un largo etcétera africanos, del Caribe o asiáticos.
Pues bien, el tiovivo de los apoyos en este planteamiento maniqueísta, el vértigo de las alianzas en una guerra de la que puede devenir la tercera mundial, por lo tanto, la destrucción del mundo y en otra llamada así, pero que debería nombrarse, solo por su nombre, genocidio, es algo parecido a un carrusel endiablado.
A la Federación rusa la apoyan, en mayor o menor medida, una buena parte de los países que son otros polos del mundo y que no responden a la idea de ser dictaduras, al menos todos: China, India, Brasil, México, Indonesia, Arabia Saudí, Emiratos, Irán, Pakistán, Sudáfrica, Egipto, Vietnam, son ejemplos de grandes países que abogan por un nuevo orden mundial multipolar. Que representan a bastante más de 4.000 millones de habitantes. Eso sin contar a otros que, también, responden a la geoestrategia del Kremlin: Kazajistán, Kirguistán, Mongolia, Corea del Norte, Bielorrusia, Siria, Uzbekistán, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Chile y un largo etcétera de países latinoamericanos y africanos. Incluso, en la Europa de la OTAN, países como Hungría, Eslovaquia o Turquía son valedores de las opiniones rusas respecto a la contienda en Ucrania.
Con los palestinos, la relación de sus apoyos es, básicamente, parecida a la anterior.
Ideológicamente, en Europa, continuar la guerra en Ucrania lo apoyan, sin fisuras, los llamados socialistas, la derecha y parte de la extrema derecha. Respecto a Gaza, los lloros de cocodrilo europeos se estrellan con sus reales prácticas de apoyo a Israel: económico, militar con su Inteligencia, cultural –léase Eurovisión y mucho más–, anímico, envío de armamento, rechazo al reconocimiento de Palestina de manera global, soslayar sanciones –mucho más, la rotura de relaciones– y muchos etcéteras más prácticos.
Curiosamente, para Ucrania, la posible creación de una mesa de paz parece que la tiene en su agenda el aspirante a la Casa Blanca, Donald Trump. No así para el genocidio en Gaza.
En España, la continuación de la guerra en Ucrania, el portazo a cualquier mesa de paz, está apoyado por el PSOE, Partido Popular y por Vox, al alimón y con la defensa de la OTAN por bandera. Para el genocidio de Gaza, los muertos son tan evidentes que hay que salir al ruedo de los gestos y reconocer, solo reconocer, al estado palestino y exclamar ¡pobrecitos! No hay mucho cuidado, no se pasa de palabrería. En todo caso, esos tics en el caso socialista, en el del partido popular y en el de Vox, como en el caso ucraniano, están a muerte con Israel. Nada que pueda suponer sanciones, rotura de relaciones diplomáticas, etc. Es decir, en ambos conflictos los apoyos son los mismos, la única diferencia es algún “bla, bla, bla” de cínico apoyo en el caso del PSOE hacia los pobrecitos palestinos. Las alianzas se repiten en lo que son su esencia. Son los movimientos civiles los que abanderan la exigencia de mesas por la paz y cese de los conflictos.
Con todos estos prolegómenos y condicionantes, es la ciudadanía progresista, los partidos “zurdos” a la izquierda del PSOE (evidentemente, el PSOE hace mucho que perdió esta condición y pasado a ser un partido de centro progresista) los que deben hacer examen de conciencia, los que deben contrastar, situarse en uno de los lados y apostar por él. Nos jugamos mucho. En concreto y sin hacer concesiones a la alarma social, pero tampoco mirar hacia otro lado, la vida.
Es cierto que, para tener clara por dónde va, en esta ocasión, la película, hay que añadir las mentiras, la desinformación uniformada (comprobando que, desde El País hasta La Razón, los medios digitales de derechas, franquistas, las televisiones privadas y públicas, las radios, sean privadas, públicas, de la iglesia o con PRISA, todos van a la par, orientando a lo mismo, dando similares noticias, medias verdades, medias mentiras, lo ponen más sencillo) y la perspectiva histórica. Quizá más acentuado, claro, en el caso de la guerra de la OTAN contra Rusia. Creo que, desde mi opción de izquierdas, mi visión antimilitarista o mi perspectiva ante la geoestrategia universal, no puedo estar más en contra de la opción militar a ultranza de la OTAN y de Zelensky que intentan, a costa de lo que sea y de manera incendiaria, involucrar a más países, a la OTAN, a la extensión del conflicto y del genocidio palestino de unos nazis como Netanyahu en Israel*.
Opino, en este enrevesado laberinto de apoyos confundidos, que confunden, en donde aparentes progresistas como Borrell, Robres y la plana mayor de un socialismo que no lo es, se alían con la maquinaria militar de la OTAN ─la misma en la que entramos hace cuarenta y dos años, después de un referéndum ajustadísimo que muy bien pudo tildarse de antidemocrático en sus formas, mentiras y propaganda─, con la derecha más extrema, con la agresividad militar proverbial de unos Estados Unidos portando una mochila de 250 guerras en su corta historia, con el reflejo de una Bruselas recortando derechos, rebajando estándares de calidad de vida, defendiendo un neoliberalismo que empobrece y desiguala y vendiendo inmigrantes a 20.000 euros la unidad, opino, a riesgo de ir a contracorriente, que debo emplear mi esfuerzo en decir alto y claro “No a las guerras”. Es decir, exactamente lo contrario de lo que dice y hace la OTAN, Zelensky, Netanyahu, Abascal, Feijóo, Borrell, Biden, Von der Leyen o Sánchez.
Creo que, hoy por hoy, la OTAN y los valores que representa (militarismo, neoliberalismo, avaricia, concentración de riqueza, desigualdad, insostenibilidad, que fomenta un Norte rico y explotador contra un Sur pobre y explotado), es una opción TOTALITARIA que amenaza al resto del mundo: al mundo asiático, al árabe, al latinoamericano y africano, al mundo europeo, también, que lo que desea es ser sostenible, coexistente y multipolar.
Ayer, los antimilitaristas de todo el mundo nos manifestábamos contra la guerra del Vietnam, contra la del Golfo, contra la de Irak… En todas, la misma mano, las mismas manos que ahora. Hoy como ayer, los antimilitaristas, los antifascistas de todo el mundo debemos de hacer igual, decir fuerte y claro “No a las guerras”.
* Hace pocos días, una ONG internacional ha emitido un informe constatando que, en Gaza, el número de muertos, asesinados, directamente por el genocidio israelí (muertes directas, muertes al cabo de un tiempo a consecuencia de las heridas, muertes por hambre, falta de asistencia, etc.), es, a esta fecha, de 186.000 personas. ¡Un 8% de la población total gazatí!





