Con tan sólo tres largometrajes en su corta carrera como realizadora de cine, Alauda Ruiz de Azúa ya está consolidada en el imaginario del cine estatal. Aparte de ser una gran directora de actores y una gran retratista de la familia y de la condición humana, es también una cineasta valiente. Intentar tratar desde la neutralidad un tema como la vocación religiosa es misión imposible, pero durante buena parte de la película consigue milagrosamente salvar la papeleta, lo cual ya tiene bastante mérito.
Es normal que "Los domingos" cree controversia, tu opinión después de verla puede ser muy diferente según seas creyente, agnóstico o ateo. Así que, en esta ocasión, más que nunca, mi punto de vista no debe ser tomado como referencia. Sí que me gustaría destacar algunos aspectos que considero acertados. En primer lugar, la propia Alauda Ruiz de Azúa ha manifestado que con "Los domingos" no busca ninguna polémica. Simplemente plantea preguntas al espectador y pretende ahondar en el espíritu crítico de cada uno de ellos, que va a responder de manera diferente según la mochila de experiencias vitales que lleve cargada a cuestas.
Un ejemplo de situación o dilema que puede valorarse desde perspectivas muy distintas tiene que ver con el respeto a las creencias de los demás. Es muy fácil decir “yo respeto”, pero ¿hasta qué punto respetas algo en lo que no crees?, ¿cuál es el equilibrio? Por desgracia, como era de esperar en un tema tan peliagudo, la balanza termina por caer de un lado. Otra situación que nos plantea es la de la educación en los colegios religiosos concertados o privados: ¿Cómo se condiciona la personalidad de un niño y su paso a la adolescencia al ser guiado por monjas o sacerdotes? La influencia que puede producirse en esas edades da realmente un poco de vértigo, igual que ese exclusivo espacio de confianza que se genera entre el religioso y los menores, más aún a sabiendas del ignominioso historial que tiene tras sus espaldas la Iglesia católica.
Otro punto fuerte de "Los domingos" es por supuesto la dirección de Alauda Ruiz de Azua, quien consigue ir sumergiendo al espectador en la historia de manera tan progresiva y delicada que, sin darse cuenta, se encontrará cavilando como si fuera alguno de los personajes: el padre, la tía, la abuela, o incluso la misma Ainara en esa decisión tan importante que tiene que tomar en su vida. También ayuda el hecho del excepcional trabajo actoral de Patricia López Arnaiz, que está inmensa en la compleja y difícil tarea de sacar adelante un papel tan exigente y poco agradecido como es el de Maite, la tía de Ainara. Ainara, cuyos silencios y miradas son tan importantes como sus escasas palabras, está bien interpretada por la joven Blanca Soroa, que debuta en el cine como protagonista a los 15 años. También es de destacar la labor de la siempre solvente Nagore Aramburu en el papel de Sor Isabel. No andaré muy desencaminado si alguna de ellas, si no las tres, se llevan el reconocimiento en los próximos premios Goya. Y es que, "Los domingos" con trece, y "Sirat", de Oliver Laxe, con once, encabezan las nominaciones en una gala que se celebrará en Barcelona el 28 de febrero.
Sin embargo, es una pena que la película se vaya desvirtuando conforme va acercándose su desenlace y acabe decantándose de manera tramposa por una de las dos partes. En fin, tengo tan claro que la película generará debate sobre un tema casi residual en la sociedad en que vivimos, como que el número de vocaciones religiosas va a aumentar exponencialmente tras el estreno de "Los domingos".




