Le Tour 2025: la temporada perfecta de Tadej

Otro Tour más y van 112 ediciones, la vida pasa y julio es así. En un año en el que tampoco tenía una gran ilusión por la carrera. Casi casi, pasaba de escribir otra crónica. Pero aquí me tenéis, ya con el Tour terminado, el cuarto de Tadej Pogacar. La temporada perfecta como título para estos párrafos.

Le Tour de France, podium 2025: Tadej Pogacar, Jonas Vingegaard y Florian Lipowitz | Foto: RTVE

Llevo desde 2019 contando el Tour para AraInfo. Confieso que el dominio aplastante de Tadej Pogacar me aburre, hay poco que alterar a nivel emocional cuando sabes lo que va a ocurrir más o menos. Siempre me ha pasado, también con Induráin, Armstrong o Froome-Sky, por citar los tres tiranos más recientes de la carrera de carreras -pongan los asteriscos que quieran en esa lista-. Y eso que el debate está abierto, hay belleza en sus victorias y gestas pero muchísimo aburrimiento.

Una edición que comenzó en Lille (185 km), en una jornada nerviosa y accidentada, que se llevó al sprint Jasper Philipsen (Alpecin), primer líder, aunque en la tercera etapa se iría para casa tras una aparatosa caída. Una primera semana de Tour con un recorrido clásico, un tanto noventero, con nueve etapas seguidas antes del primer día de descanso. Todo con un patrón común, nada de alta montaña para que los favoritos llegaran con pocas diferencias entre ellos.

Mathieu Van der Poel (Alpecin) fue otro de los grandes protagonistas en esa primera semana, con victoria en Boulogne-Sur-Mer (212 km), ante Pogacar y Vingegaard, lo que le valía para colocarse como maillot amarillo en la segunda etapa. Casi nada. Mathieu volvió a la carga en la sexta etapa, con final en Vire Normandie, para recuperar el liderato.

Etapas anodinas, sobre todo por la falta de interés para protagonizar las fugas, la salsa de este deporte. Una tendencia que se va repitiendo los últimos años. Otro que tuvo la de arena fue Tim Merlier (Soudal), el día que Philipsen se fue para casa, en Dunkerque (tras 178 km), superando al poderoso Milan o Bauhaus. El campeón de Europa repitió el domingo 13 en la llanísima etapa entre Chinon y Châteauroux, por el Loira, quitándose presión en un Tour con pocas oportunidades para los sprinters a partir de la segunda semana de carrera.

Pablo Castrillo | Foto: Movistar Team

El campeón esloveno atacando en la jornada pestosa y rompepiernas de Rouen, un recorrido tipo clásica ardenera, donde se impone con autoridad, a su rueda, bien pegado Vingegaard. Aunque fue en la crono de Caen (33 km), al día siguiente donde intuimos que el Imperio Tadej continuaría un año más sobre el Tour. Se impuso Remco Evenepoel, como gran especialista, pero Pogacar quedaba a escasos 16 segundos de ganarle. Vingegaard, a un minuto. Y ya asomaban protagonistas como Vauquelin o Lipowitz. Pablo Castrillo hacía 10º en esta crono. ¿Era el año de Evenepoel? Pues no y de hecho su retirada camino de Superbagnères confirmó que no llegaba tan fino como en 2024. Desconectó en Hautacam, al primer contacto serio con la montaña y eso que iba en puesto de podio. No se sintió fuerte y al final Remco es de la generación Z. Todo o nada. Así que con malos gestos ante la cámara que grababa su agonía, puso pie a tierra en la última etapa de los Pirineos.

En la sexta etapa apareció otro de los nombres propios de este Tour. Ben Healy (Education First). Uno di noi. El todoterreno irlandés se llevó el gato al agua entre Bayeux y Vire Normandie, un recorrido con mucho desnivel y varias cotas en el tramo final. Ben es un tipo peculiar, escalador de la vieja escuela, ataca y no mira para atrás. Lo hizo a 40 de meta y sus compañeros de fuga ya no lo vieron más. Ni Quinn Simmons (Lidl) ni Michael Storer (Tudor) pudieron hacer mucho más. En una etapa en la que Van der Poel recuperaba el liderato, demostrando que a este Tour había venido a disputar y competir, rompiendo su espacio de confort más allá de las clásicas y el ciclocross. En el Mûr de Bretagne, se imponía como quería Pogacar, y en Laval, primera victoria de Jonathan Milan (Lidl-Trek), ante Van Aert y Groves.

Los nubarrones sobre Pogacar fueron efímeros, etéreos. La baja de Almeida en la novena etapa, fruto de una peligrosísima caída el día del Muro de Bretaña, o el incidente del diablo esloveno en Toulouse, cuando se fue al suelo y el pelotón, decidió frenar para que se incorporase al grupo.

Foto: Le Tour de France 2025

Un día antes de esa caída, Simon Yates (Visma) ganaba la clásica etapa del Macizo Central (Ennezat-Le Mont Dore. Puy de Sancy, 165 km), Arensman, Healy u O'Connor andaban por allí, pero Simon es todo calidad. Al irlandés Healy le sobraba un poco de tiempo para vestirse de amarillo y todos felices. En Toulouse, ganó Jonas Abrahamsen (Uno-X), una victoria histórica para este equipo noruego, resolviendo un sprint agónico con Mauro Schmid.

È la vita. En Hautacam, una montaña mítica para las pocas veces que se ha subido -siete veces con la de este año-, con 31ºC pirenaicos picando a las cinco de la tarde, Pogacar sentenció su cuarto Tour. Desde abajo, con 13 km de ascensión que besan el 8% de pendiente media.

Al día siguiente, segunda victoria seguida para el esloveno. En la cronoescalada entre Loudenvielle y Peyragudes (11 km), reventó a todos, con una demostración extraterrestre, alejando en más de medio minuto al 2º, Vingegaard. Salvo al danés y a Roglic, al resto los mandó a más de dos minutos, una auténtica barbaridad. Jaque mate.

En los últimos años el Tour se está prodigando en introducir contrarrelojes con final en alto, pensemos en la mítica de 2020 de La Planche des Belles Filles o la de 2023 en Combloux -Vingegaard aplastando-. Pero esta modalidad es relativamente reciente en la centenaria historia del ciclismo, fue en 1958 cuando se disputó la primera como tal, imponiéndose Charly Gaul en Mont Ventoux tras 22 km de esfuerzo. Son eventos que gustan ya que conjuga el buen hacer de los contrarrelojistas con la oportunidad para los escaladores.

Y al tercer día descansó, o eso pensamos, dado que la última página del tríptico pirenaico fue para Arensman. Hubo oportunidad para la fuga en una etapa de alta montaña. Tenía ganas de ver la subida final (12 km al 7%), a Superbagnères, que no se ascendía desde 1989, el Tour mágico, el de los 8 segundos entre Lemond y Fignon. La etapa comenzaba en Pau y se ascendían Tourmalet, Aspin y Peyresourde, antes del ascenso final en Luchon. El potente holandés del Ineos venció de forma merecida, con un minuto de ventaja sobre la dupla Pogacar-Vingegaard. El resto de la general llegaron en un reguero que se parece y mucho a la clasificación definitiva en París.

Y poco más, ya lo hemos dejado en el titular de esta crónica. La temporada perfecta o el año exquisito de un corredor, que en 365 días ha ganado dos Tours, el Mundial de Ciclismo, Giro de Lombardía, Strade Bianche, 3º en Sanremo, victoria en Flandes, 2º en Roubaix y Amstel, más victorias en Flecha Valona y Lieja, y el Dauphiné. No sólo es el qué sino el cómo, con ataques de vértigo, que casi no tienen contestación. Ni piernas ni vatios ni nada. El Rey Sol. Perenne pero…

El domingo 20 en Carcassonne ganó Tim Wellens. Una etapa de sonrisas y lágrimas. La primera victoria en el Tour para el todoterreno de UAE que a sus 34 años, entra en el selecto club de ganadores de etapas en las tres grandes vueltas. Ataque en solitario ante una fuga numerosa y compleja, su buen rodar hizo el resto. A un minuto y medio del vencedor, llegaron Campenaerts, Alaphilippe, Van Aert, Vlasov, Stuyven, Valgren y un larguísimo etcétera, en el que añadimos al luchador Carlos Rodríguez, que mordía la 9ª plaza de la general a base de sacrificio y competitividad.

La tercera semana de carrera comenzó con una subida histórica, la etapa del Mont Ventoux, que fue para la fuga pero que perfectamente podría haber sido devorada por Tadej. Recomiendo el libro Ventoux (publicado en castellano por Libros de Ruta en 2018), que no va de ciclismo pero seguro que te entretiene. Escrito por Bert Wagendorp, la localización es casi casual, un camping a los pies del gigante provenzal. Esta novela va de temas universales como la amistad o la influencia de las decisiones que se toman en el pasado. Algo de esto debió pensar Enric Mas, generoso y valiente en el esfuerzo, con un ataque de ganador dentro de esa numerosa escapada. Desde abajo del puerto. Y eso es mucho, una hora al límite, 16 km al 8,8% de pendiente media.

Cada etapa como una pieza de teatro, en la que tragedia, comedia y un poco de cuento se juntan. Al mallorquín le tocó bregar con soltura hasta la parte desnuda, sin árboles, de esta montaña mágica. Allí le alcanzó la pareja formada por Healy y Valentin Paret-Peintre (Soudal), empezaron a atacarse y al final, la victoria fue para el fino escalador francés. Por detrás, Vingegaard guardaba gratos recuerdos de esta ascensión. Se puede decir que en estas rampas saltó a la fama mundial, allá por 2021, atacando con furia y soltando al líder Pogacar de su rueda. Cuatro años de aquello y parece que ha pasado un siglo. Eso sí, otro espectaculo estadístico: el esloveno y el danés establecieron un nuevo récord de ascensión, bajando de los 55 minutos. La anterior marca era del vasco Iban Mayo allá por el año 2004.

La verdad es que estaba todo más que decidido, y eso nos lleva a cierto aburrimiento. Lo escribí al principio de esta crónica. Por eso se abren debates incómodos sobre los dominios tan apabullantes y las causas de los mismos. También sobre la conveniencia de que las grandes vueltas reduzcan sus días de competición, que si modernizar el ciclismo. Son ideas recurrentes que vienen y van, como la vida misma. El hecho es que del top-ten, los cambios fueron mínimos entre el final de la segunda semana y París. A veces pasa y no todo tiene que ver con el bloque que ejerce Pogacar.

Valence (17ª etapa) tenía nombre de volata. Y así fue aunque el suelo mojado en el final complicó el desenlace de la etapa. Ganó Jonathan Milan, su segunda victoria, consolidando el maillot verde, ante la amenaza devoradora de Pogacar.

Volver a esa subida eterna al Col de la Loze era la redención perfecta del nuevo mesías del mundo ciclista. 18ª etapa, considerada la reina, por ese terrible encadenado en 171 km entre Vif y el cielo de la Loze a través de Courchevel, previo paso por Glandon y la durísima Madeleine (19 km al 8%). Fue un día de pólvora mojada, se vio menos de lo que podría haber pasado, a tenor de la agresiva táctica de Visma hasta el inicio de la última subida. El Imperio Esloveno se lo tomó con calma. Por eso pudo ganar y con total merecimiento, Ben O'Connor (Jayco), aprovechando un impasse en “tête de la course”, atacó junto a Jorgenson y Einer Rubio. El escalador australiano no es cojo y cuando tiene el día, mantiene pulsos a pelotones enteros. El año pasado fue un hueso duro de roer para Roglic en la Vuelta y en esta eterna e infinita subida a la Loze, el paso de montaña de los tres valles, en la inmensa Saboya, culminó una escapada preciosa. Otro que soñaba era el jovencísimo Oscar Onley (Team Picnic), que amenaza de forma seria el podio de Lipowitz.

La etapa de La Plagne fue puro paisaje, bella para ver por la tele, con un encadenado precioso a Saisies, Pré-Cormet de Roselend y la interminable subida final de 20 km. Honor y gloria a Primoz Roglic, otro que sabe que está ante su final de ciclo. Lo intentó con muchísima valentía en la última etapa alpina pero UAE abortó su escapada. Fue un día extraño. Nadie quiso y por eso Thymen Arensman repitió victoria. Agónica, eso sí. Ya que en el fondo, tanto Pogacar como Vingegaard lo dejaron sobrevivir. Un arreón en su momento y se hubiera acabado ese sueño de doblar victoria en el Tour.

En Pontarlier llegó la épica y todo lo que hace grande a este deporte. Media montaña, climatología adversa y numerosos cambios de guión en los 185 km de la 20ª etapa. El infortunio le llegó al prometedor Iván Romeo (Movistar), que se fue al suelo de forma violenta cuando iba enfilado hacia la victoria, tras atacar en la última cota. 21 años adornan al talento castellano, poderoso rodador y croner de largo alcance, su debut en el Tour ha sido más que notable. La etapa se la llevó Kaden Groves (Alpecin), el más listo y versátil de la escapada.

Foto: Le Tour de France 2025

Y el colofón en forma de clásica, París, con ese circuito que sube y baja a Montmartre. El sitio elegido por Wout Van Aert para deleitarnos con sus zapatazos a los pedales, soltando a un Pogacar, que tenía señalada esta etapa desde el inicio del Tour. Una obra maestra de un ciclista de culto, que vuelve y esperemos que siga así, mostrando sus cualidades, que son muchas.

Ya lo escribí al principio: un Tour más, un Tour menos. La rueda del tiempo gira y gira. Veremos que pasa con Tadej Pogacar, un ciclista único pero que es muy probable que tenga una trayectoria profesional menos extensa de lo que podemos suponer. En la última semana ha contemporizado y hay mil especulaciones sobre el tema.

“Has comprendido sobre todo, que el cuerpo por sí mismo no es nada, una simple “tumba para el alma”. Si eres tan fuerte (y Zeus sabe que lo eres) es porque tu cuerpo está, por así decirlo, perfectamente guiado por tu espíritu. Los bajos instintos corporales, las emociones y los sentimientos, todo esto solo tiene sentido a partir del momento en que la mente domina.” (Guillaume Martin, Sócrates en bicicleta, 2021, p. 43).

Esta cita resume perfectamente lo que puede sentir el ciclista perfecto en estos momentos. ¡Disfrutad la vida y pedalead, que el tiempo corre y nos asfixia!

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