Las hermanas Mirabal también lucharon contra una dictadura

Han pasado cerca de 30 años desde que se decretó el 25 de noviembre día de lucha contra la violencia hacia las mujeres en honor a las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Este año, como todos, las feministas salen a las plazas y parques para denunciar la violencia machista, de los hombres y los Estados. Las feministas nicaragüenses no podrán salir a las calles a gritar por la indignación de la injusticia. No podrán recordar juntas a las 69 mujeres asesinadas durante este 2020, ni llenar las calles de sus consignas, música y demandas …

Han pasado cerca de 30 años desde que se decretó el 25 de noviembre día de lucha contra la violencia hacia las mujeres en honor a las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Este año, como todos, las feministas salen a las plazas y parques para denunciar la violencia machista, de los hombres y los Estados.

Las feministas nicaragüenses no podrán salir a las calles a gritar por la indignación de la injusticia. No podrán recordar juntas a las 69 mujeres asesinadas durante este 2020, ni llenar las calles de sus consignas, música y demandas tan urgentes. El régimen de Ortega no sólo ha prohibido las manifestaciones públicas, también asedia a los colectivos feministas y militariza las calles en estas fechas emblemáticas.

La primera vez que una manifestación fue bloqueada por la policía fue en 2009, sólo dos años después de que Ortega asumiera el gobierno, al que llegó por un pacto con la jerarquía de la iglesia católica y lo más corrupto de la derecha. Por esas fechas, su esposa y ahora vicepresidenta, Rosario Murillo, lanzó un pronunciamiento público declarando la guerra contra las feministas, acusandolas de ser burguesas que quieren dividir las familias y romper con los valores cristianos. Los insultos no han hecho más que escalar. Murillo y Ortega se han referido a las feministas nicas como prostitutas políticas, satánicas, esquizofrénicas que promueven la pornografía y antivalores, concubinas de herodes y abortistas que pretenden acabar con la vida de niñas y niños que están por nacer, entre una larga lista. Como se puede notar, nada que envidiarle a VOX.

Los ataques han sido cada vez más visibles y frontales. En 2008 la policía allanó colectivos feministas. En 2014 los antidisturbios bloquearon nuevamente el paso de la manifestación del 8M, lo que se repitió en todas las movilizaciones feministas desde entonces hasta la fecha. El encono con que Ortega y Murillo atacan al movimiento feminista nicaragüense se remonta a 1998, cuando estas apoyaron a Zoilamérica Narváez (hija de Rosario Murillo), en su denuncia contra Ortega por violencia sexual y acoso desde su infancia. Daniel Ortega se mantuvo como secretario del Frente Sandinista, recibió el respaldo de su esposa y su partido, salvo algunos militantes que decidieron renunciar al Frente. Actualmente él gobierna junto a su esposa, mientras Zoilamérica vive en el exilio en Costa Rica.

Ortega representa la impunidad del macho a gran escala. Su familia no es más que el reflejo de lo que viven muchas niñas y mujeres, que después de ser abusadas tienen que irse de la comunidad o el pueblo mientras los abusadores campan a sus anchas y ríen en los bares con la complicidad del vecindario.

El desprecio de la pareja presidencial contra el movimiento feminista no es sólo personal, es también político, puesto que su agenda conservadora, la concentración de poder y violencia estatal ha sido denunciada por el movimiento a nivel nacional e internacional. Las nicaragüenses denunciaron sin descanso los crímenes de lesa humanidad perpetuados por el régimen a partir de 2018, documentaron los asesinatos de civiles por parte de policías y parapoliciales, las violaciones sexuales a detenidas en las protestas como herramienta de tortura, los ataques contra la prensa, campesinado, indígenas y estudiantes.

Podríamos mencionar la larga lista de agravios del Orteguismo contra las mujeres en Nicaragua, empezando por la penalización absoluta del aborto, la reforma a la ley contra la violencia que establece la mediación con los agresores o cambiar la ley para nombrar “violencia intrafamiliar” en lugar de violencia de género, la ley mordaza recién aprobada y la reforma a la constitución de hace unas semanas estableciendo la cadena perpetua, haciéndonos retroceder décadas en materia de derechos humanos. Podríamos exponer durante horas por qué no se puede justificar que un hombre acusado de violación presida un gobierno, por qué sus hijos no deberían tener puestos en el gobierno y por qué prohibir las movilizaciones no es progresista ni democrático.

En fechas como estas, consideramos necesario insistir en que Ortega no es de izquierda y Rosario Murillo no es feminista. A veces nos parece insostenible que en medio de tanta obviedad se siga apoyando al régimen desde algunos sectores llamados progresistas, pero también sabemos que contra el dogma es difícil rebatir con argumentos y pruebas. Nosotras seguiremos denunciando a la dictadura Orteguista, porque se lo debemos a las feministas nicas que siguen resistiendo, a las mujeres que han hecho historia en ese país y otros territorios, y porque se lo debemos también a las hermanas Mirabal.

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