Las asociaciones contrarias al recrecimiento de Yesa entienden “inaceptable” que el CICCP plantee continuar las obras bajo un riesgo constatado

El dictamen confirma las graves incertidumbres sobre el comportamiento de las laderas de Yesa y que éste se escapa a lo que afirmaron los modelos utilizados y los informes presentados de 2013 a 2015 como fiables y de rigor por haber sido simplistas. Así, se admite finalmente que poco se puede hacer para aumentar la seguridad y, por tanto, se asume someter a la población a mayor riesgo que el considerado anteriormente.

Unos manifestantes con pancartas donde se lee yesa no
Foto: @YesaNO_

Tras haber tenido que esperar 145 días y realizar numerosas gestiones a través de algunos grupos parlamentarios o el Portal de Transparencia, el pasado 19 de septiembre las asociaciones de personas afectadas por el recrecimiento de Yesa tuvieron acceso oficial al ‘Dictamen Final sobre la Seguridad de las Obras del Recrecimiento de la Presa de Yesa, con Atención Especial a la Ladera Derecha’.

A la espera de un estudio en profundidad por parte de sus técnicos, desde las asociaciones Yesa+No Lanak Gelditu y Río Aragón constatan que se ha producido una ocultación sistemática del informe por la que se deben depurar responsabilidades.

Se entregó por el Colegio de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos (CICCP) a la Dirección General del Agua (DGA) y fue remitido por ésta el pasado 22 de julio al Gobierno de Nafarroa y Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE). “Se ha producido una ocultación sistemática de la existencia y contenido de un dictamen sufragado con fondos públicos y que contiene información clave para poder defender nuestro derecho a la seguridad”, dicen las asociaciones.

El dictamen valida el diagnóstico de técnicos independientes que avisaron de esta situación

Confirma que la ladera está rota y que las incertidumbres existentes son de gran calado. El informe afirma literalmente que ”resulta muy difícil demostrar que las condiciones actuales quedan por encima de un factor de seguridad aceptable”.

A la par, deja patente el uso de simplificaciones en los datos e interpretaciones asumidos por los que se calificó como “los mejores expertos en la materia” (CHE, 2013), responsables de los estudios encargados por la CHE en 2013-2015, que fueron utilizados para las promesas de seguridad a futuro que (hasta la fecha) nunca se cumplieron, alargando la obra, de momento hasta 2027.

El informe asume que no es posible garantizar la seguridad previa al llenado del embalse

El dictamen admite muchas lagunas en el estudio de la geomorfología del entorno del embalse, no dejando lugar a dudas sobre la incertidumbre respecto al comportamiento futuro del levantamiento del estribo derecho de la presa de hormigón, el paleodeslizamiento que podría empujar la presa recrecida y la falla que se encuentra en la ladera.

Con esto se concluye (de nuevo, literalmente) que “Dada la incertidumbre sobre los factores que influyen en la estabilidad, resulta muy difícil demostrar que las condiciones actuales quedan por encima de un factor de seguridad aceptable”.

Por tanto, las valoraciones coinciden con las hechas por técnicos independientes que, tras los deslizamientos de 2012-2022, con especial atención a la catástrofe de 2013, acertaron en la inevitabilidad de los desalojos, que las medidas eran pasajeras, que la demolición de las urbanizaciones en Yesa era ineludible y que el avance del deterioro es irreversible.

Ante esta realidad incuestionable de riesgo confirmado, se propone continuar con las obras

En el mismo documento en el que se afirma todo lo anterior, el CICCP propone asumir que "Dado el tiempo necesario para aclarar todos esos puntos y elaborar un modelo creíble y de errores acotados, deben estudiarse otras formas de avanzar.”

Este imperativo de avanzar (sic.) da lugar a la propuesta de actuación que recoge el dictamen, que consiste en aplicar el método de ensayo y error (método observacional) y dar pie al llenado del recrecimiento para “someter las presas a las situaciones esperables en su futura explotación, pero de una manera muy cuidadosa y detallada y siempre con carácter reversible”.

Ante estos hechos, las asociaciones de afectados por el recrecimiento de Yesa consideran ética y políticamente “inaceptable” la “solución” planteada por el CICCP.

“Existen muchas “situaciones esperables” a las que no se puede someter artificialmente a las presas para observar su comportamiento y son precisamente las más desfavorables”, recuerdan: sismos, oleajes, lluvias torrenciales o avenidas importantes. Ninguna se puede reproducir sobre el terreno. La única manera de abordar la seguridad en estos casos es hacer cálculos técnicos basados en modelos científicos y aceptar sus resultados.

Si los modelos numéricos y análisis no pueden garantizar que tras 21 años de obras se pueda culminar una puesta en servicio segura, se propone considerar la aplicación del método de ensayo y error (método observacional) en la creencia (que no certeza) de que todo avance de la inestabilidad sería reversible. Se obvia así que esto sería inadmisible para materiales sometidos a cizalla y fatiga o cuya pérdida de cohesión es irreversible. Es fácil entender que lo ocurrido en una presa como la de Vega de Tera (1959) o Tous (1982) fue algo irreversible.

Por otra parte, se afirma que esta metodología observacional es habitual y se ha hecho en otras ocasiones, pero siendo precisamente el mejor itinerario propuesto para continuar con las obras de Yesa, no se proporciona ningún ejemplo.

Dado que los cálculos y los modelos del pasado fueron simplificaciones a los que ya no hay que considerar y sí mirar al futuro (método observacional), resulta que dicho "método observacional" sustitutorio tampoco sería fiable, pues no se pueden recrear escenarios desfavorables de manera controlada y menos aún reversible. Así que el proyecto, sin cálculos justificativos, queda nuevamente sin garantía de seguridad.

Finalmente, en coherencia con el deslizamiento ocurrido en 2007 en la ladera izquierda, que conllevó el movimiento de una masa de 3,5 millones de metros cúbicos de tierra, también se debiera analizar ésta.

Por deontología, ética, precaución, rigor y buen uso de los recursos públicos “debería considerarse la idea de repensar el recrecimiento e incluso de la retirada de Yesa, no viéndolo como una derrota, sino como una manera de garantizar el bienestar de las comunidades afectadas y reconociendo, con humildad, lo irracional de muchas de las decisiones tomadas en el pasado”, concluyen las asociaciones de personas afectadas.

Tras la publicación, al fin, de este informe piden a los representantes políticos responsabilidad e instan a valorar la idea de abandonar definitivamente el recrecimiento de Yesa, “tal y como estas asociaciones hemos pedido en numerosas ocasiones durante años”.

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