Labordeta debería ganar a Trump

A punto estuve de estudiar Sociología y pese a no hacerlo, de manera autodidacta, he leído el trabajo de sociólogos y me han interesado diferentes materias y lugares que conforman esto que llamamos sociedad. Así que desde la historia, economía, psicología, sexología, filosofía, arte... y pasando por diferentes lugares desde ongs (estas últimas donde mejor se ve el carácter humano desde su máximo altruismo hasta lo opuesto), asociaciones variopintas que iban de lo religioso a lo político, hasta trabajar en una fábrica durante meses (que por momentos me sentía como Simone Veil) he tenido una visión del comportamieno humano alejada …

A punto estuve de estudiar Sociología y pese a no hacerlo, de manera autodidacta, he leído el trabajo de sociólogos y me han interesado diferentes materias y lugares que conforman esto que llamamos sociedad.

Así que desde la historia, economía, psicología, sexología, filosofía, arte... y pasando por diferentes lugares desde ongs (estas últimas donde mejor se ve el carácter humano desde su máximo altruismo hasta lo opuesto), asociaciones variopintas que iban de lo religioso a lo político, hasta trabajar en una fábrica durante meses (que por momentos me sentía como Simone Veil) he tenido una visión del comportamieno humano alejada de prejuicios e ideas preconcebidas.

Sí, lo sé, el sociólogo es un fisgón, un preguntón, porque la sociología es aprender a interrogar, a hacer y a hacerse preguntas. De seguro que Sócrates, actualmente, sería sociólogo porque llevaba camino adelantado con su mayéutica.

Vivir es sencillo y la sencillez se halla detrás de la complejidad. Lo complejo es lo desconocido, lo temido, de lo que se huye; pero, si se es valiente para vivir y no hay vendas en los ojos, lo sencillo asoma invariablemente. Con esto ¿qué quiero decir? Simplemente que en la vida hay demasiados Trumps que representan lo complejo, lo estúpido, lo vulgar, lo cobarde. Quienes me conocen bien saben que detesto dos cosas: la estupidez y la vulgaridad.

La primera entiéndase no como falta de estudios, sino como tontuna a la hora de razonar y la vulgaridad en el ensalzamiento de lo superficial y primario como definición de la inteligencia. Hoy en día, vivimos rodeados de Trumps. Necesitamos más Labordetas que digan aquello de “¡A LA MIERDA!”.

Los Trumps nos invaden tanto en nuestra vida personal como, sobre todo, en lo institucional; siendo esta última la que conforma lo que podemos esperar de la sociedad y de las políticas que se ejecuten. Son tiempos convulsos en lo político, social, económico y humanístico; pero sobre todo, son tiempos donde las personas se dejan llevar.

Yo soporto la crítica, si es razonada, pero, si la persona que me la hace no se ha hecho consigo misma la autocrítica, entonces me cabreo; es un juego amoral en el que el idiota de turno me hace participar y simplemente a estas altura de mi vida, no lo acepto.

Es hora de hacer preguntar y de preguntarnos. El triunfo de posturas de extrema derecha que se votan como solución a una pobreza espiritual y económica que embarga a una parte importante de la sociedad provoca por desgracia el retroceso de derechos cívicos.

Las mujeres sabemos qué representa esto porque, cuando en lo político se tiende hacia lo ultraconservador, nuestros derechos, esos que tanto han costado y cuestan mantener, se van al garete. Que se lo digan a las mujeres norteamericanas con la Ley del aborto que han retrocedido décadas en apenas años o a las mujeres en Afganistán que nada tienen que ver con las de los años setenta.

Por eso, detesto a los vulgares “hombres y mujeres Trump” que legitiman, perdonan y no distinguen actos e ideas machistas, porque hace falta muy poco para volver al primitivismo. Y digo esto yo que soy crítica con una parte del feminismo y que no creo que todos los problemas de las mujeres la tengan los hombres, en esto concuerdo con la escritora y premio Nobel de Literatura, Doris Lessing. Tiemblo cuando “hombres y mujeres Trump” me definen, Es decir, gana Trump con aquello de “puedes agarrar a una mujer del coño”; entiéndase “coño” como metáfora que simboliza lo estúpido y vulgar.

El sociólogo Alfred Schütz ya dejó claro que, la concepción mayoritaria de “el mundo que se da por supuesto”, no es válido para la sociología. Hay que derribar las fachadas para ver las estructuras de los discursos pronunciados por políticos, periodistas (Ferreras e Indra, sería un buen caso), religiosos, representantes de los lobbies empresariales, bancarios, armamentísticos...

Las fachadas están cubiertas de prejuicios, falsedades, manipulación y, si eres mujer, más nos afectan porque hay todo un sistema de ideas preconcebidas sobre lo que es ser mujer que cuesta derribar. A mí sin ir tan lejos hace años fui anulada como persona por un jubilado que invité a cursos que hacía porque me apiadé de él.

Estaba solo, sin amigos y con una masculinidad tóxica que muchos, a posteriori, pudimos descubrir y que daría para otro artículo al que se podría titular “La mayéutica de Sócrates con un machista” (prometo escribirlo), que no tenía empacho en ocultar su verdadero carácter, pero a mí me adjudicó otro sin serlo.

No niego que el caso, como observadora del comportamiento humano, me dio para analizar cómo las personas son influenciables (por eso triunfan los Trumps, me dije). De todos los que asistían a los cursos solo unos pocos me pusieron sobreaviso y contrastaron la información que él daba sobre mí y de dónde la había sacado, pero una inmensa mayoría la asumieron y yo, que quienes me conocen bien saben que tengo una guasa interna potente, interpreté un papel desde ofendida, amenazante, pasiva según la persona que tuviera delante y que sabía que directa o indirectamente tenían relación con él. Esperaba las reacciones de todos y no niego que saqué buenas conclusiones y me sirvió de ejercicio sociológico del que pude sacar muchas conclusiones.

En definitiva, cuando estás frente a personas Trumps, tienes que tener la suficiente inteligencia para jugar con ellos al cazador cazado. Hay que reinvindicar a los “hombres y mujeres Labordeta” no solo en el día a día, sino en aspectos políticos que marcan nuestras vidas y, a veces, decir las palabras mágicas a los “hombres y mujeres Trump”: ¡A LA MIERDA! ¡JODER!

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