El 30 de agosto fue el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. El terror de la gente por todo el mundo: Kosovo, Chile, Ruanda, Colombia, un largo etcétera, que por supuesto incluye a España y sus fosas comunes. Más de 100.000 personas enterradas en cunetas, eriales, barrancos y zanjas de todo tipo.
Luis Ocaña no desapareció pero su historia bien pudo ser otra. Tuvo que huir con 6 años, junto a su familia, que era republicana. Corría el año 1951 y huyeron por el Valle de Arán. Venían de Priego, un pueblo pequeño en la Serranía de Cuenca, donde el ambiente se había hecho insoportable para los perdedores de la guerra. La Guardia Civil sospechaba de ellos y el exilio a Francia fue su única salida. Otros no pudieron contarlo. Ocaña creció en Mont-de-Marsan, en las Landas, con una integración difícil en su niñez. Un resiliente, ganador del Tour en 1973, con una vida atormentada, se dedicó al negocio del vino tras retirarse y fue simpatizante del Frente Nacional de Le Pen. La abuela de mi pareja, que vivió en París muchos años -más exilios, en este caso económicos, el buscarse la vida- contaba que Ocaña cuando ganaba una carrera, era el “deportista francés” por excelencia, en cambio cuando caía derrotado, los periodistas chauvinistas se referían a Luis como “el español”. Entre dos tierras, ni de una, ni de otra.
Fausto Coppi fue antagonista de Ocaña, comunista por los cuatro costados, el Campionissimo es enviado a África durante la II Guerra Mundial -recomiendo leer el capítulo “La Odisea de Fausto”, en el maravilloso Arriva Italia, de Marcos Pereda-, lo liberan los ingleses en 1945 y dos años después gana el Giro. No es una desaparición forzada pero podría haberlo sido. Julián Berrendero tampoco desapareció pero fue encarcelado durante 18 largos meses en un campo de concentración en Rota, tras ser detenido en la frontera en Irún en septiembre de 1939, ya que residió en Francia durante la guerra. Ganó de forma consecutiva La Vuelta de 1941 y 1942. También su historia pudo ser otra -nos lo cuenta Carlos Arribas en este maravilloso artículo-. Este es un pequeño homenaje para los que no están, de manera forzada, uniendo ciclismo y memoria histórica, Paul Preston lo cuenta de maravilla en El Holocausto español (2011).
La segunda semana de carrera empezaría fuerte. Una contrarreloj de 30 km entre Elche y Alicante, muy llana, apta para rodadores. El líder Evenepoel se dio un festín, victoria de etapa y ampliando margen sobre sus rivales directos -casi 50 segundos a Roglic, segundo en la jornada, un minuto y pico a Carlos Rodríguez, o casi 2 a Enric Mas-. Un rodillo de lo que iba a pasar. Con una general bastante despejada respecto a los que disputarían los puestos de honor de aquí a Madrid. Con sorpresas varias, como el tiempazo de Miguel Ángel López, ya que el escalador colombiano tiene en la lucha contra las manetas del reloj una de sus mayores debilidades.
Al día después, mucho relax, los 191 km entre la fábrica de El Pozo, en Alhama de Murcia y el Cabo de Gata, se tomaron con muchísima parsimonia, de hecho se llegó con bastante retraso según el cálculo de la media que hace la organización, a unos lánguidos 37,8 km/h, a pesar de la terca intentona de la escapada, con Jetse Bol (Burgos-BH), Vojtech Repa (Kern Pharma) y Joan Bou (Euskaltel-Euskadi). Al final hubo sprint y se lo llevó Kaden Groves (BikeExchange), imponiéndose a Van Poppel y Merlier. Como siempre pasan cosas, don Julian Alaphilippe tuvo que retirarse tras una caída en una curva. Loulou no tiene su año, seguramente dirá adiós a su defensa del maillot arco iris y su baja suponía una pérdida importante para Evenepoel.
La 12ª etapa recorría plácidamente la costa malagueña, 192 km entre Salobreña y Peñas Blancas, en Estepona. Un final en alto, de 19 km al 6,7% de pendiente. Tenía miga y por eso la escapada fue numerosa, unos treinta corredores, con buenos escaladores y expertos cazaetapas. Y fue Richard Carapaz (Ineos), el que se llevaría el gato al agua, con un ataque duro a pocos kilómetros del final. Antes lo habían intentado Gesbert, Polanc o Kelderman. El ecuatoriano no tenía piernas para la general pero brindaba un importante triunfo antes de su marcha, para la temporada que viene, al Education First. Los capos de la general llegaban a un mundo, 7 minutos, del primero al séptimo, con un Wilco Kelderman que se aupaba al 6º puesto, gracias a la minutada de la fuga.
Las oportunidades para los sprinters han sido escasas en esta Vuelta, pero las hay como la etapa previa a la doble jornada de La Pandera y Sierra Nevada, un recorrido llano entre Ronda y Montilla (168 km), en el que llegó el estreno de Mads Pedersen (Trek), con su maillot verde de la regularidad, en un final que picaba lo justo para arriba. Segundo quedó Bryan Coquard (Cofidis) y tercero un frustrado Pascal Ackermann (UAE).
Antes de la montaña andaluza, Roglic se encontraba a 2 minutos y 41 segundos del intratable Evenepoel. Al finalizar este fin de semana, le había recortado 1 minuto y 7 segundos. Mientras tanto, la etapa jienense entre Montoro y la quebradiza ascensión a Sierra de La Pandera (8 km al 7,8%) nos dejó el segundo triunfo de un agonístico Carapaz, el último superviviente de la fuga del día, y que pedaleó con calidad en esta montaña que se sube a escalones. 8 segundos le sobraron, ante la dupla Roglic-Superman López, con un ataque seco del esloveno, que hizo pasar muchos apuros al líder. Unos 50 segundos, que a ratos daba la sensación de que podían haber sido más. La considerada etapa reina de esta Vuelta nos dejó en un suspiro y eso que pasaron bastantes cosas. Los 150 km entre Martos y Sierra Nevada nos regalaron la evidente debilidad de Evenepoel, que al final se vio beneficiado por una subida que tratan de vender como hype pero que a pesar de sus 20 km eternos, el tramo final es muy pedaleable, por una carretera ancha que conduce a la estación de esquí. Llegó la fuga, como casi siempre, y aquí debemos nombrar a Thymen Arensman, brillante vencedor, un ciclista de 22 años con la relación más extrema peso-altura de todo el pelotón profesional. 1,92 de alto y 68 kilos de peso. El holandés del DSM hizo una subida brillante, ligera, de hecho mantuvo el margen de un minuto y pico sobre los favoritos, cazando a Marc Soler, compañero de una fuga de calidad, con avispas muy peligrosas -Urán, Hindley, Nibali, Meintjes, Carapaz, McNulty, Carthy, entre los más renombrados-. Parecía que por atrás todo iba a reventar, con un Jumbo a un ritmo fortísimo, el grupo de favoritos se quedó en cuadro, hasta que los gregarios de Roglic reventaron. A partir de ahí, Miguel Ángel López atacando, Enric Mas también y Roglic buscando algunos segundos de diferencia en los kilómetros finales. Poca historia para una jornada tan esperada.
El lunes 5 de septiembre fue día de descanso, el último antes de la tercera semana. Los guiños de la carrera han sido constantes, todo podía romperse y al final había una aparente estabilidad. El guión del martes 6 era de calma, una etapa llana de 189 km entre Sanlúcar de la Barrameda y Tomares, justo cuando se preparaba el sprint, a unos 3 km de meta, con la carretera picando para arriba, Roglic ataca de manera fuerte, yéndose como un torpedo, una sorpresa, se le pegan a la rueda algunos velocistas. De repente, se observa en la señal de televisión que el líder ha pinchado, y no parece muy preocupado. El caso es que el esloveno indomable rompe el pelotón y ya en el sprint se cae de forma aparatosa en la recta de meta. El famoso afilador. La etapa para un inspirado Mads Pedersen, batiendo a Ackermann, Van Poppel y Wright. 8 segundos de renta sobre el gran grupo. Evenepoel, protegido por los últimos 3 km de seguridad, llega tranquilo. Roglic, con lesiones importantes, no tomaría la salida al día siguiente.

La 18ª etapa entre Trujillo y el Monasterio de Tentudía nos ofreció la conclusión perfecta de esta 77 edición de La Vuelta. Sin Roglic como avispa con posibilidades de hacer daño, Enric Mas lo intentó un par de veces en esta subida inédita de 10 km al 5%. Llegó la fuga y el premio gordo de la victoria fue para Rigo Urán (Education First), listo y con potencia, para batir en buena lid a Pacher, Jesús Herrada o Soler. El combativo Lawson Craddock jugó al gato y al ratón con la fuga pero el Mijo se llevó el premio mayor, entrando en el escenario de los ciclistas que han ganado etapas en las tres grandes vueltas, y de paso situarse 9º en la general. La última etapa con llegada en alto fue de avispero revuelto, ya que el recorrido se prestaba a ello (salida en Trujillo, y el encadenado de la Desesperá y el doble paso por Piornal, con una distancia de 192 km). El UAE quiso guerra, y movieron ficha con Joao Almeida (6º en la general), los corredores intercalados de la fuga avivaron este avispero. Al final no pasó nada, desgaste y una subida final a tirones, donde Mas puso a prueba al líder con varios ataques. Por delante, Robert Gesink (Jumbo) trataba de devorar la ascensión final a Piornal, buscando la victoria de etapa, al final, en los últimos metros era alcanzado por Enric y Remco, con victoria clara para el talento flamenco. El damnificado del día fue Carlos Rodríguez, que sufrió una aparatosa caída, cayendo al 5º de la general.
En la antesala del final, triplete incontestable de Pedersen en la etapa con inicio y final en Talavera de la Reina (138 km), con una doble ascensión a un puerto de segunda, el Piélago, un terreno quebrado que podía haber dado más juego. Ni Wright ni Vermeersch pudieron batir al danés del Trek.
La etapa de Guadarrama siguió el guión de casi siempre, salvo que opten por escalar a La Bola del Mundo, un terreno quebrado, bonito para el público, pero sin suficiente entidad. 181 km entre Moralzarzal y Navacerrada, subiendo este puerto de inicio más el encadenado Navafría-Morcuera-Cotos. Lejos queda la gesta de Pedro Delgado en 1985 por estos lares o el carnaval de Aru con Dumoulin en 2015. Demasiado hype para la realidad de estas montañas. Carapaz se llevó su tercer parcial y de paso, el premio de la montaña, tuvo que pedalear, ya que atrás hubo guerrilla pero todo quedó igual. Y el paseo de Madrid, que no llegaba ni a 100 km fue para el colombiano Sebastián Molano (UAE), un ciclista que prometía mucho en sus comienzos pero que atascó su progresión.
Remco Evenepoel se convierte en el ciclista más joven en ganar La Vuelta, desde que lo hizo Angelino Soler en 1961. 22 añitos. El último belga en hacerlo fue Freddy Maertens, en el 77. Segundo, Enric Mas que sigue ahí, ha vuelto pero nunca se fue. 2 minutos de diferencia, los de la crono de Alicante. El tercer puesto para Juan Ayuso, la gran revelación, mejor joven, debutando en una grande. Muchísimo potencial. Otro que vuelve es Miguel Ángel López, gran fondista, con una temporada en la que brillan más sus escándalos -investigado por tráfico de medicamentos-. Y ya por detrás, Almeida, Arensman y Carlos Rodríguez nos avisan de ese relevo generacional del ciclismo. Del que se van Alejandro Valverde y Vincenzo Nibali. Cerramos la carpeta de recuerdos.
Los avisperos son variados y algunos han tomado forma de manera jibarizante, como el del Covid-19, llevándose para casa por casos positivos a un número importante de ciclistas, veinticuatro en total, la cifra más alta en una gran vuelta desde el inicio de la pandemia. Casos relevantes como Simon Yates y Pavel Sivakov -5º y 9º en la general tras la crono alicantina-. O la polémica de Ayuso y su carga viral baja. Entiendo que habrá que revisar los protocolos sanitarios en ciclismo y empezar a aceptar la convivencia con este maldito virus.
El equipo Kern Pharma debutaba en La Vuelta y es una noticia que merece la pena comentar, ya que se trata de un equipo-cantera, con gente muy joven. Han sufrido mucho para que se les vea en carrera, incluso con el handicap de tener que mandar tres corredores para casa en mitad de la competición (Roger Adriá, Héctor Carretero y Pau Miquel). Llegaron cinco de sus componentes a Madrid, siendo el mejor clasificado José Félix Parra (26º). Un gran éxito para sus cerebros, Juanjo Oroz y Manolo Azcona, que amasan buenos profesionales desde hace dos décadas en el amateur Lizarte.
Hay muchas formas de ver el ciclismo, como la de soñar en recorridos y pruebas por sitios y paisajes que nos podrían ofrecer un bello espectáculo. Os dejo por aquí una propuesta de escartini para una vuelta de una semana por la Celtiberia, ese territorio mágico y especial, con ocho etapas, inicio en Calamocha y final en Molina. Una auténtica delicia, también vivimos de estas cosas.
Mejor soñar que pensar en esa pelea de puntos por no descender de categoría, en la que están inmersos muchos equipos, entre ellos el Movistar, aunque parece que el podio de Enric Mas les otorga un buen colchón de aquí a final de temporada. Israel, Lotto, Cofidis, BikeExchange o EF Education lo tienen más complicado. Las victorias de etapas han sido caras, por poner un ejemplo, y las fugas en etapas llanas se resumen en la agonía de Ander Okamika (Burgos-BH) y Luis Ángel Maté (Euskaltel-Euskadi) en la etapa de Tomares, luchando todo el día, para acabar engullidos a pocos kilómetros de la meta.
Cerramos la crónica con la persona con la que empezamos esta Vuelta. Annemiek van Vleuten y su victoria en la Ceratizit Challenge by La Vuelta. Un triplete histórico para la neerlandesa, que ahora buscará el doble campeonato mundial en las modalidades contrarreloj y ruta. Más que avispa, la abeja reina.

