No sé si os habrá ocurrido a vosotros, pero en mi caso, una de las cosas que más me llamó la atención y que me hizo reflexionar mientras visitaba Londres, fue la gran cantidad de gente joven que malvive en sus calles. Recuerdo una fría mañana otoñal, en la que una repentina tromba de agua cayó sin remisión sobre los sin techo que “pernoctaban” sobre el duro asfalto. Los cartones y las mantas que utilizaban para protegerse del frío les fueron de poca utilidad. Sorprendidos por la rapidez y la virulencia de la tormenta, recogieron a toda prisa sus pocas pertenencias, y corrieron raudos y veloces a buscar un lugar resguardado para huir de la intemperie. Pues bien, de esas personas caladas hasta los huesos, una cantidad bastante importante eran jóvenes. Así que me dio por pensar en cómo la vida los había llevado a ese punto tan extremo, de abandonarse de tal manera a sí mismos.
"Urchin", la película que os propongo en esta ocasión, puede ser una pequeña pincelada, un ejemplo de una de esas vidas, que nos muestra con sinceridad y sin tapujos esta inquietante y triste realidad. Se trata de la ópera prima del joven actor Harris Dickinson, a quien quizás pongáis cara por haber sido el protagonista de "El triángulo de la tristeza". En este primer paso en el mundo de la dirección, no se ha andado por las ramas, dejándonos un buen trabajo de cine comprometido y realista que entronca con la obra de grandes directores británicos del género, como Ken Loach, Mike Leigh o Karel Reisz.
"Urchin" nos cuenta las vicisitudes de Mike, un joven que vagabundea por las calles de Londres intentando sobrevivir en el día a día. Conseguir un poco de dinero para poder comer, y pillar algo que le ayude a soportar esa situación y calmar sus demonios personales, son sus objetivos fundamentales. Se debate entre la marginalidad y la búsqueda de un pequeño rayo de esperanza, una oportunidad que le permita tener un techo.
Con estas premisas, su director nos presenta, sin juzgar en ningún momento, a Mike, el protagonista y a los diferentes personajes que van apareciendo en su vida. Cómo ha llegado a esa situación se puede ir vislumbrando en diferentes momentos del filme. Esas escenas son visuales alegorías que remiten al cine de Jonathan Glazer, otro de los ilustres del celuloide británico actual. Pero el camino que le ha llevado a ese punto, aunque sea relevante, no importa. Metido de lleno en esa situación, Mike tiene que lidiar con su psique e intentar controlar el volante de su vida, si es que alguna vez lo pudo hacer. Para ello tendrá que aprovechar las oportunidades que le puede aportar la sociedad, las instituciones, las ONG, o personas como tú y como yo, que podemos aportar nuestro granito de arena.
Las dificultades de reinserción en la sociedad son mutuas, tal como podrás comprobar viendo la película. Es tan difícil para Mike intentar adaptarse a ella, como lo es para las instituciones o las personas aceptar de nuevo en ella a individuos problemáticos e inadaptados. Quizás los medios no sean suficientes, o en algunos casos ni los más adecuados. El caso es que la sensación que queda después de ver la gran actuación de Frank Dillane en el papel de Mike es la de la inmensa soledad que lo rodea. También me gustaría destacar la labor como actriz secundaria de Megan Northam, que aparece en el tramo final de la película y en mi opinión, se merienda con patatas al bueno de Frank Dillane. Perfectamente se podría hacer otra película de su personaje, yo me quedé con las ganas.
Después de ver "Urchin", el pensamiento que me viene a la cabeza es que, si a uno de nosotros, que digamos, hemos tenido una existencia entre comillas “normal”, a veces la vida se nos hace bola. Imaginaos lo difícil que puede ser para personas que han tenido unos inicios personales traumáticos, intentar reencauzar su vida desde una base tan inestable. Reflexión y empatía son fundamentales para comprender el acto extremo de degradación que lleva a una persona a deshumanizarse y abandonarse por completo. Conciéncemonos.

