El debate sobre el estadio municipal de La Romareda lleva muchos años abierto y en todo este tiempo se han escuchado todo tipo de propuestas: construir un nuevo estadio, reformar el actual, diferentes ubicaciones, etc. Sobre este asunto sobrevuelan además intereses muy diversos: el interés de la ciudad por contar con un equipamiento más moderno, el interés de la Sociedad Anónima Deportiva y de sus accionistas, el interés de los aficionados del Real Zaragoza, el interés de los que pueden aspirar a construir el nueve estadio, el interés de quienes han comprado suelo en lo que podría ser la nueva ubicación del estadio, etc.
Es recomendable no perder de vista todos estos intereses en juego porque muchas de las declaraciones que escuchamos y de los artículos que leemos posiblemente estén influidos por ellos. Y porque me temo que el interés general de la ciudad es el que menos está pesando en este debate.
El Gobierno PP-Cs, con el Alcalde a la cabeza, nos dice que es necesario gastarse 150 millones de euros en el nuevo estadio, a lo que Lambán responde que es muy importante para Zaragoza y Aragón “tener uno de los mejores estadios de Europa”. En este caso, PP-Cs y PSOE compiten por ver quién apoya más que se construya un nuevo estadio.
Desde luego no vemos al Gobierno de Zaragoza ni al de Aragón una décima parte de preocupados por el grave problema de acceso a la vivienda, por la precariedad laboral que generan sus externalizaciones o por la grave crisis climática que vivimos. Y deberían, porque los problemas sociales que sufrimos los vecinos y vecinas de Zaragoza son muchísimos y desde luego el estadio de futbol no se encuentra entre los primeros.
No es una prioridad para Zaragoza, ni para Aragón, gastarse 150 millones de euros en un nuevo estadio. Podrá ser una prioridad para quien tenga expectativas de especular con terrenos, de recibir sobres bajo mano, de ser adjudicatario de una obra de semejante importe o de construir vivienda de lujo en los actuales terrenos de La Romareda. Si se supone que no hay dinero para construir vivienda pública, reforzar las plantillas en sanidad o educación o impulsar proyectos estratégicos de transición energética desde lo público, mucho menos puede haberlo para “uno de los mejores estadios de Europa”.
Deberíamos haber aprendido ya que los proyectos vinculados a grandes eventos (en este caso, un Mundial) no solamente no resultan rentables sino que terminan dejando una enorme deuda que luego sirve de excusa para recortar en servicios públicos.
Todavía estamos en medio de una pandemia que nos debería haber enseñado un poco sobre prioridades. La importancia de la sanidad pública que ha salvado muchas vidas. La importancia del profesorado cuando no hemos podido llevar a nuestras hijas al colegio. O la importancia de tener una vivienda digna cuando tuvimos que estar confinados.
Seamos responsables con el dinero público y antendamos el interés general y no las expectativas de negocio de unos pocos especulares. Zaragoza no necesita gastarse 150 millones en un nuevo estadio.

