Ecología

La ONU advierte que el cambio climático depende de la reducción del consumo de carne

Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, “sería beneficioso para el clima y la salud humana que la gente de países desarrollados consumiera menos carne”. El modelo económico basado en la producción cárnica como el aragonés no es viable si se quiere revertir la destrucción de los recursos de la tierra.
| 9 agosto, 2019 13.08
La ONU advierte que el cambio climático depende de la reducción del consumo de carne
Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

El cambio en la dieta humana, junto con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y los impactos del calentamiento global, una de las urgencias para revertir la degradación de la tierra. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, “sería beneficioso para el clima y la salud humana que la gente de países desarrollados consumiera menos carne”.

Un objetivo que atenta directamente a la política agrícola y ganadería de Aragón con el aumento de macrogranjas y macromataderos como el que se está construyendo en Binéfar. El documento especial del IPCC sobre el cambio climático y la tierra, publicado hoy en Ginebra, analiza el papel de las decisiones sobre manejo de la tierra tanto para reducir como para adaptarse al calentamiento global.

Entre las medidas que aconsejan instaurar a los diferentes gobiernos estatales y territoriales se encuentran la de preservar los bosques ya que absorben el carbono del aire, y las turberas, porque liberan carbono si se desentierran. El ganado criado en pastizales de bosques despejados es particularmente intensivo en emisiones, dice el informe. Las vacas también producen una gran cantidad de metano, un potente gas de efecto invernadero, al digerir sus alimentos.

El documento corrobora que las dietas equilibradas que contienen alimentos de origen vegetal y de origen animal producidos de forma sostenible “presentan grandes oportunidades para la adaptación y la mitigación, a la vez que generan importantes beneficios colaterales en términos de salud humana”.

El presidente de este grupo de trabajo, Hans-Otto Pörtner, ha aclarado que “no queremos decir a la gente qué comer”, pero sería “beneficioso” que los principales productores de la industria cárnica y los gobiernos “crearan incentivos apropiados a tal efecto”, el de reducir el consumo de carne.

Para 2050, los cambios en la dieta podrían liberar millones de kilómetros cuadrados de tierra y reducir las emisiones mundiales de CO2 hasta en ocho mil millones de toneladas al año, en relación con la situación actual, según los científicos.

El principal problema de la contaminación es la deforestación de selva como la amazónica que se encuentra en aumento debido a las políticas y acciones del gobierno del presidente brasileño Jair Bolsonaro. “Desafortunadamente, algunos países no parecen entender la necesidad urgente de detener la deforestación en los trópicos”, dice Pörtner que pese a que asegura que “no podemos forzar a ningún gobierno a interferir”, espera que este informe “influya lo suficiente en la opinión pública a tal efecto”.

Si no se detiene, la deforestación podría convertir gran parte de los bosques amazónicos en un tipo de desierto degradado, liberando posiblemente más de 50.000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera en 30 o 50 años, afirma Carlos Nobre, científico experto en clima de la Universidad de São Paulo, en Brasil.

El informe advierte que la tierra debe seguir siendo productiva para alimentar a una población mundial en aumento. Pese a que el calentamiento aumenta el crecimiento de las plantas en algunas regiones, en otras –incluyendo el norte de Eurasia, partes de Norteamérica, Asia Central y África tropical– el aumento del estrés hídrico parece reducir la tasa de fotosíntesis.

Alrededor de una cuarta parte de la superficie terrestre de la Tierra parece sufrir ya la degradación del suelo, y se espera que la crisis climática empeore las cosas, en particular en las zonas costeras bajas, los deltas de los ríos, las tierras secas y las zonas de permafrost.

Según Andre Laperrière, director de Global Open Data for Agriculture and Nutrition, las prácticas agrícolas industrializadas como las que están aflorando en Aragón son las responsables de gran parte de la erosión y la contaminación del suelo. Por ello, Ruth Richardson, de Alianza Global para el Futuro de la Alimentación advierte de que “necesitamos una transformación radical hacia un uso global de la tierra y un sistema alimentario que satisfaga nuestras necesidades climáticas”.

9 agosto, 2019

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