Se acabó el tiempo. No hubo acuerdo. El fantasma de las elecciones de 2023 vuelve a planear sobre la izquierda aragonesa. Finalmente, las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE concurrirán divididas a las elecciones aragonesas anticipadas del próximo 8 de febrero, un escenario que muchas voces del espacio progresista consideraban el peor desenlace posible.
Este viernes, 26 de diciembre, finalizaba el plazo legal para que los partidos comunicaran sus coaliciones ante la Junta Electoral. La cuenta atrás se cerró sin una candidatura unitaria y con tres proyectos electorales separados, entre reproches cruzados y acusaciones de vetos.
Chunta Aragonesista fue la primera formación en mover ficha. Primero anunció la convocatoria de primarias y, este viernes, confirmó sus listas, con el diputado en el Congreso Jorge Pueyo encabezando la candidatura aragonesa. Estos pasos alejaron prácticamente cualquier opción de una coalición amplia de la izquierda aragonesa, una posibilidad que, aunque ya complicada, no se daba por descartada hace apenas unas semanas.
La segunda candidatura será la de Podemos Aragón, que concurrirá junto a Alianza Verde, con María Goikoetxea como cabeza de lista. La formación morada defendió su propuesta como un intento de “poner a la izquierda en pie” siguiendo el modelo de Unidas por Extremadura, aunque sin lograr un entendimiento común con el resto de actores.
Ya en la última noche del plazo, Izquierda Unida de Aragón anunció un acuerdo con Movimiento Sumar para concurrir conjuntamente al 8F, formalizando una alianza que tampoco logró ampliarse al resto de fuerzas del espacio. Este mismo sábado, han confirmado que Marta Abengochea será quien esté al frente de esta candidatura.
El resultado es un escenario de fragmentación que genera desazón y tristeza en amplios sectores del electorado de izquierdas, que observan cómo se repite una dinámica ya conocida y otra vez con Madrid como protagonista no invitado. Mientras las fuerzas progresistas concurren divididas, el bloque de la derecha y la extrema derecha, PP y Vox, aparece como el principal beneficiado de la falta de unidad, en un sistema electoral cuya aritmética, aunque permite la pluralidad, prima a las candidaturas que suman más votos.
La sensación de oportunidad perdida sobrevuela el cierre de este proceso. En un contexto de avance reaccionario y retroceso en derechos, la incapacidad para articular una candidatura unitaria deja un sabor amargo y reabre viejas heridas que muchas personas esperaban no volver a ver.

