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Iraq: tierra entre dos ríos y entre dos potencias

El reciente asesinato del comandante iraní Qasem Soleimani ha traído ecos de la revolución iraquí de una juventud silenciada con violencia y harta de Estados Unidos e Irán. Mientras Washington mantenga sus bases militares en el Golfo Pérsico, Irán seguirá enfrentándose a EEUU en suelo árabe, sobre todo en Iraq, para no llevar el fuego a su propio territorio. Si EEUU no tiene derecho a la intrusión en el país árabe, Irán tampoco tiene derecho a someterlo.
| 14 enero, 2020 07.01
Iraq: tierra entre dos ríos y entre dos potencias
Protestas en Iraq. Foto: Al Jazeera

No hay dudas en que la tensión entre EEUU e Irán ha aumentado tras el asesinato de Qasem Soleimani, comandante de las Fuerzas Al-Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán (CGRI). Cabe señalar que dicho asesinato fue un incidente que podía llegar en cualquier momento, simplemente porque Soleimani era hombre de terreno que lideraba la acción militar iraní en diferentes niveles y contra diferentes enemigos. Soleimani fue comandante de las tropas iraníes involucradas en combates en Siria, dirigía las operaciones de sus fuerzas en la zona fronteriza entre Siria e Israel, lideraba el esfuerzo beligerante de Irán y parte de sus aliados contra «el califato» de Daesh en Siria e Iraq, supervisaba el entrenamiento, armamento y despliegue de las milicias pro-iraníes en Iraq e Afganistán y se dice que tenía –entre otros- un papel coordinando el apoyo iraní a las milicias huzíes en Yemen.

Irán no tardó en replicar bombardeando bases que albergan tropas estadounidenses en Iraq y declaró que su objetivo era expulsar a EEUU fuera de Oriente Medio. Unas horas después, el presidente estadounidense Donald Trump decidió endurecer las sanciones económicas contra el país persa. Trump dijo que no quería «utilizar la fuerza» aunque las acciones de Teherán «no son toleradas».

No se trata de un duelo sometido a la lógica de la pelea, sino a lo que se llama «negociaciones violentas» en las cuales ambas partes intentan imponer sus reglas optimizando el uso de la fuerza, pero sin querer deslizar a una guerra abierta. Las guerras «rentables» dejaron de estallar por el asesinato de una persona desde el asesinato del príncipe heredero de Austria en la víspera de la Primera Guerra Mundial. De hecho, la «guerra» entre Irán y EEUU lleva ya muchos años, prácticamente desde la “Revolución Islámica de 1979”, que fue un punto de inflexión. Antes de dicho año, Irán era un país satélite de Occidente y aliado importante de Israel (Israel participó en la construcción del reactor nuclear en Busher en los años 70). Después, todo cambió y afectó, en primer lugar, al vecino Iraq.

Iraq: Mesopotamia, Mesopotentiae

Iraq, conocido como Mesopotamia, «Tierra entre dos ríos», se ha convertido en un país atrapado entre dos potencias, Irán y EEUU. Esto la convierte en «Mesopotentiae», una arena de arreglo de cuentas entre las mismas. La historia moderna de Iraq (como todos los países árabes) está marcada por una crisis de desarrollo socioeconómico debida, parcialmente, al despotismo.

El pueblo iraquí es un mosaico humano milenario. Es el heredero de muchas civilizaciones que enseñaron a la humanidad la documentación, la siembra, la legalización y la rueda. Bagdad fue durante siglos la capital del imperio árabe-musulmán. Iraq conoció muchas tiranías, la última de ellas fue la de Saddam Husein que no entendió, o no quiso entender, que el autoritarismo tiene consecuencias muy nefastas en un país muy diverso étnica y religiosamente como Iraq.

Saddam Husein destrozó su país con sus aventuras megalómanas: una guerra fútil contra Irán en los años 80, una invasión irreflexiva de Kuwait en 1990 que terminó con una derrota arrolladora, y un bloqueo que desveló la debilidad económica de su dictadura. Dicha dictadura sangrienta, represiva y «secular» mantuvo a los suníes en las posiciones claves en el Estado y el ejército y marginalizó las demás confesiones incluidos los chiíes (que son la mayoría), salvo algunas posiciones sin mucho poder por razones de decoración y propaganda.

En 2003, EEUU invadió Iraq, capturó a Saddam, saqueó el país, y participó en gran medida en sembrar el caos. La sociedad iraquí era una tierra fértil para las semillas del caos, no había conocido la democracia desde su independencia, vivió bajo represión y golpes de Estado y, como muchas sociedades árabes, el sentido de ciudadanía fue eliminado. Las subidentidades religiosas, tribales y étnicas dominaron después de la desaparición del régimen de Saddam un régimen que dañó la cohesión nacional. Por su parte, Teherán que albergaba en su suelo a facciones de oposición iraquí, aprovechó la invasión estadounidense de manera cínica.

Saddam Husein.

La actitud vindicativa de Irán 

Paradójicamente, el régimen de la «República Islámica» se salvó de las contradicciones iraníes internas gracias a la invasión de las tropas de Saddam en 1980 y pudo llevar a cabo su «venganza» gracias al derrocamiento del dictador iraquí tras la invasión estadounidense de Iraq en 2003. La visita del expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad a Bagdad en 2008 fue la declaración oficial indirecta de la partición de poder entre EEUU e Irán en Iraq.

A través de sus herramientas iraquíes, Teherán organizó campañas de liquidación de científicos iraquíes (sobre todo de aquellos que participaron en programas militares de Saddam), académicos y pilotos de caza. EEUU hizo cosas semejantes. Pero la República Islámica de Irán tomó otras medidas unilaterales que contribuyeron a desastres económicos, sociales y medioambientales en Iraq.

En los últimos diez años, Irán ha construido 152 presas y pantanos cortando así 35 afluentes del Tigris, lo que priva a Iraq del 80% de agua que llegaba naturalmente de Irán (Turquía hace lo mismo con el Eúfrates). Zonas agrícolas enteras en las provincias de Diala (Noreste) y Basora (Sur) dejaron de producir frutas, verduras, cítricos, trigo, cebada y dátiles. Todos estos productos se importarían de Irán y una parte de la renta iría a los bolsillos de políticos iraquíes pro-iraníes. Las exportaciones iraníes a Iraq se dispararon de 790 millones de dólares en 2005 a 12 mil millones de dólares en 2019, lo que hace de Irán el mayor exportador de Iraq. Cabe mencionar que los productos agrícolas, los derivados del petróleo y minerales constituyen la mayoría de las exportaciones iraníes y casi todos sustituyen a la producción iraquí gracias a los políticos marionetas de Irán.

Otro ejemplo que muestra la correlación entre la corrupción iraquí y la política de sumisión iraní es el tema de la electricidad. Desde 2003, Iraq pagó a Irán una factura de electricidad (en su mayoría hidroeléctrica) de 16 mil millones de dólares. La construcción de una central eléctrica de energía limpia, o sucia, costaría menos. Hoy por hoy el déficit de generación de electricidad en Iraq llega al 50% de su necesidad.

Iraq, arena de juego y Daesh

EEUU para mantener su expolio del país y satisfacer a Irán que siente un gran peligro a su frontera, implantó un sistema sectario de poder en Iraq a partir de 2005. Según dicho sistema, el 55% de los asientos del Parlamento es para los chiíes, el 18% para los kurdos, el 16% para los suníes, el 6% para los cristianos y el resto para otras minorías. La Presidencia del Estado la tendrían los kurdos, la Presidencia del Gobierno (la posición más importante), los chiíes, y la Presidencia del Parlamento, los suníes.

Los suníes, que eran favorables en la época de Saddam Husein, fueron excluidos. Los partidos y mandatorios chiíes no eran mejor que Saddam, por lo tanto, los suníes y sus provincias se quedaron al margen del «nuevo Iraq».

Después de ocupar Iraq, EEUU disolvió el Ejército iraquí, el partido Baaz (el único partido en el poder entonces) y los servicios de seguridad. Una nueva estructura fue organizada, aún peor que la estructura del Parlamento. Se trató de una estructura sectaria caracterizada por el rencor, la discriminación sectaria y la corrupción. En 2013, las provincias cuya mayoría eran suníes fueron testigos de protestas contra la situación, pero la réplica del régimen fue «saddamista» y dejó, según cifras oficiosas a falta de cifras oficiales, más de 100 muertos.

El «nuevo Iraq» es un ejemplo de corrupción en economía rentista. El 99% de la renta de Iraq viene del petróleo. En 2019, Iraq ocupaba el puesto 168º en la lista de los 180 países de la Organización Internacional de Transparencia en términos de lucha contra la corrupción. El país árabe exporta cada día 4,3 millones de barriles de crudo y se estima que se malversa más de 350 mil millones de dólares desde la invasión estadounidense en 2003.

La marginalización de los suníes (por ejemplo, los miles de oficiales veteranos de las guerras de Saddam que fueron excluidos), la corrupción del «nuevo Iraq» (después la caída de Mosul a manos de los terroristas de Daesh/ISIS se desveló que había 50 mil soldados ficticios con salarios supuestamente asignados a las 4 divisiones que defendían Mosul en 2014), y la dominación de un discurso y versión oscurantista del Islam, llevaron junto a otros factores al brote abominable de Daesh en 2014.

Cuando cayó Mosul, la segunda ciudad más grande de Iraq, los militares posicionados en Mosul escaparon y dejaron todo el armamento porque eran chiíes y no sentían que estaban defendiendo a sus compatriotas o su país.

Tres años después, Daesh fue derrotado militarmente. Las huellas de Soleimani en este esfuerzo iraní son innegables. «Las fuerzas de la movilización popular», creadas por llamamiento de clérigos chiíes para la lucha contra los terroristas de Daesh, tuvieron un papel importante en dicha victoria, pero su trato con la población civil de las zonas liberadas fue abusivo y marcado por brutalidades y vandalismo, lo que refleja cambio de sentido, pero no cambio de espíritu.

El Iraq verdadero dice «basta»

El 17 de octubre la juventud iraquí salió a las calles para decir «no», para exigir responsabilidad de los corruptos y el establecimiento de un nuevo Estado con un pacto social civil. La juventud representa el 37% de la población en Iraq y su tasa de desempleo roza el 70%. Es una nueva generación que no conoció la tiranía de Saddam y no tiene nada que temer. Una generación que cree en el pacifismo y la justicia social, a pesar de los incidentes de quemar los consulados de Irán en el sur y las sedes de partidos y milicias apoyadas por Irán. Las manifestaciones pacíficas fueron brutalmente reprimidas por el Ejército, los servicios de seguridad y las milicias pro-iraníes sobre todo por «la movilización popular». Hasta ahora hay más de 500 muertos, más de 70 activistas desaparecidos y 25 mil heridos. La represión varía entre disparos de francotiradores, pasando por vehículos blindados que arrollan a las masas manifestantes y secuestros. Pero el coraje, la perseverancia y la solidaridad que ha mostrado la juventud iraquí son impresionantes.

Aunque las manifestaciones se concentran, principalmente, en las zonas mayoritariamente chiíes, excepto Bagdad que es una ciudad metropolitana «mixta», las zonas suníes participan con menos frecuencia. Para unos es una señal de debilidad, para otros es prometedor que las zonas suníes empiecen a reaccionar.

Las manifestaciones siguen adelante desafiando la violencia de todos los componentes del régimen iraquí y las milicias de Teherán, pero falta muchísimo tiempo hasta que emerja un organismo o partido de vanguardia, necesario para romper con todo el caos y establecer un Iraq justo para un pueblo digno y soberano. La salida de la juventud a la plaza Tahrir (“Liberación” en árabe) en el centro de Bagdad después del intercambio de fuego entre EEUU e Irán en suelo iraquí, es una señal positiva de la continuación de una movilización valiente, ambiciosa y muy joven.

Los lemas que cantaban chicos y chicas iraquíes en sus años veinte lo dicen todo: «¡Que no nos roben en nombre de la religión!» y «¡Ni Estado Unidos, ni Irán, la tierra es nuestra!».

14 enero, 2020

Autor/Autora

@MussaabBashir


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