Incendios, caos y ¿oportunidades?

Los días 25 y 26 de enero va a tener lugar en Zaragoza el foro “El desafío de los grandes incendios forestales. Impactos en el territorio”. Es un acto promovido por el Gobierno de Aragón, a celebrar en el Salón del Trono, en el que habrá varias mesas protagonizadas por políticos y empresarios a partes iguales, y con un casi total protagonismo masculino.

Incendio en las inmediaciones de Moros
Incendio en las inmediaciones de Moros | Foto: Bomberos de Zaragoza

El título de las mesas ya da algunas pistas de la intención: “Megaincendios, entre el caos y la oportunidad. El caso de Aragón”; “Los incendios forestales como gran desafío socioterritorial, económico y ambiental”; “La gestión forestal sostenible como mitigación de los grandes incendios forestales”; “El aprovechamiento económico del monte como respuesta a las amenazas naturales y la despoblación” y “Los retos de las administraciones públicas ante el desafío de los grandes incendios forestales”. A alguien malpensado no le haría falta la siguiente argumentación.

A pesar de las afecciones e implicaciones sobre las zonas rurales de estas propuestas, a ninguna de estas mesas ha sido invitada ninguna asociación rural ni de afectados por incendios forestales, a pesar de ser las únicas que están planteando soluciones efectivas para prevenir y actuar contra los incendios. La Plataforma Incendio Comarca de Calatayud ha organizado una concentración frente a la sede del gobierno de Aragón el sábado 21, a la que han acudido vecinos de los pueblos de la comarca de Calatayud (87 poblaciones), afectados por el fuego terrible de este año o que temen serlo los siguientes años y, sobre todo, castigados duramente por la despoblación, uno de los procesos de despoblación más fuertes a nivel estatal y europeo.

Se han concentrado frente a la sede del Gobierno que autorizó la “repoblación forestal” que causó, por dos veces, el incendio de Ateca, que ha calcinado 14.000 ha. de bosque y monte bajo. Un error tan flagrante no parece serlo tanto cuando el director del INAGA, que le dio el sustento legal, no ha sido cesado aún. Y esto, a pesar de que la jueza que instruye el caso ha declarado responsable civil subsidiario al Gobierno de Aragón, al considerar, como parece obvio, que no adoptó “las medidas de prevención efectivas y suficientes”.

Incide la jueza en que “debe tenerse en cuenta que otras Comunidades Autónomas próximas a Aragón, como Castilla-La Mancha o La Rioja, adoptaron directamente la prohibición de ejecución de trabajos forestales en esas fechas” (...) “ejercieron acciones directas de prevención y control... A diferencia de la DGA, que no adoptó prohibición alguna”.

Los promotores de este Foro son los jefes directos del director del INAGA, Javier Lambán, presidente de Aragón, que lo inaugurará y el consejero Olona, que lo clausurará. Parece que no son los más adecuados para un foro así, a no ser que el objetivo sea otro diferente al de prevenir los incendios forestales.

Es curioso que, como hace unos meses en Castilla-La Mancha -donde Emiliano García-Page y José Bono hicieron de anfitriones-, se organice este evento desde un gobierno territorial que no se ha tomado en serio el tema de la despoblación y los incendios, elementos tan relacionados entre sí. De hecho, Javier Allué, Comisionado para la Lucha contra la despoblación en Aragón, modera una de las mesas. Tampoco parece ser la persona más adecuada, ya que en este mandato no sólo no se ha detenido el proceso de despoblación rural en Aragón, sino que ha aumentado aceleradamente.

Pero el protagonista no es ninguno de la variada panoplia de cargos públicos de esta y otros territorios, que ni han reducido la despoblación, ni el descuido de los montes, ni han mejorado el control efectivo de los incendios; ni tampoco los representantes de empresas forestales (por suerte no han llamado a ninguno de las empresas Land Life ni Campos Rey). El protagonista, su verdadero instigador, es Felipe González, un expresidente convertido en consejero y facilitador empresarial y su “palanca”: “Megaincendios: caos y oportunidades”.

Cómo podrán imaginar esta palanca no es otra cosa que una justificación para el negocio privado maderero. A su frente, Felipe González ha colocado a su amigo Francisco Castañares, ex dirigente del PSOE y creador de la Asociación Extremeña de Empresas Forestales. Es firme defensor del pelotazo urbanístico de Valdecañas, declarado judicialmente ilegal y de derribo obligatorio para la “restauración de la legalidad urbanística” de un suelo no urbanizable de especial protección, integrado en la Red Natura 2000.

La Fundación Felipe González determina con precisión el motivo por el que los incendios son cada vez más graves: “Acerca del problema, situando su origen en el éxodo rural que se produjo en España en la década de los 60 del pasado siglo. Millones de personas que hasta entonces habían vivido en el campo, emigraron a las ciudades y abandonaron las actividades agrarias, ganaderas y forestales que habían venido desarrollando durante siglos. La primera consecuencia del abandono rural fue la desaparición del rico mosaico agroforestal y el pastoreo. El matorral cubrió los antiguos espacios abiertos por los cultivos y el aprovechamiento de pastos y los incendios comenzaron a quemar grandes superficies”.

Sin embargo, a la hora de proponer soluciones, no está la reintroducción del pastoreo; la recuperación, al menos parcial, de la trashumancia; la explotación local de los recursos o la repoblación de terrenos quemados con diversidad de especies, para evitar el monocultivo del pino y el eucaliptus. No. Es “la gestión de los espacios forestales y su aprovechamiento sostenible la única oportunidad que tenemos de evitar que los megaincendios se produzcan”. Es decir, la solución es la tala de árboles y la introducción de maquinaria y confección de numerosos caminos forestales para disfrute de grandes empresas privadas del sector de la fabricación de pellets o briquetas, productos que han duplicado su precio en sólo seis meses. Es decir, promover descaradamente la especulación.

Sin darnos cuenta han cambiado el concepto de matorral a combustible forestal (el primero no permite justificar la tala de árboles): “Como podemos ver, en todas las generaciones de incendios hay una constante, que es la acumulación del combustible forestal”. “La energía despilfarrada”, lo llama Castañares en un ejercicio de demagogia mercadotécnica, pues talan árboles enteros, no ramas de poda.

Este es el concepto que han empleado para justificar el destrozo de los montes Universales en el nacimiento del río Tajo, uno de los paisajes más naturales que quedaban en la península. Ya no, ahora se usa para “aprovechamiento sostenible”: han desaparecido la mitad de los árboles, muchos centenarios y, a cambio, han dejado un reguero de pistas forestales que permiten “la sostenibilidad del bosque y la prevención de los incendios”.

La autorización la ha dado el gobierno de Aragón (los mismos que organizan este Foro) a pesar de ser Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), ser Zona de Especial Protección de la Aves (ZEPA) y estar protegido por la Red Natura 2000. En la zona castellana está prohibido por ley. Además, en esta zona aún se da el pastoreo tradicional, por lo que la tala de árboles para evitar incendios es totalmente innecesaria.

“Están usando máquinas cosechadoras de pinos de ocho metros de cabezal que, para que sean viables, tienen que cortar 120 toneladas diarias de madera”, cuenta Javier Martínez, presidente de la asociación SOS Montes Universales. Algún medio sospecha que detrás está la planta de pellets de Erla, la más grande de España y perteneciente a Forestalia, empresa muy relacionada con el PSOE aragonés.

El profesor Chaime Marcuello denuncia que “es incomprensible que, en medio de la batalla contra el cambio climático y de la transición ecológica promovida desde Europa, la administración forestal de Aragón y las entidades locales titulares de los montes no sean capaces de mostrar su compromiso con la preservación de la Naturaleza que, en definitiva, es la razón última de su existencia”.

Tan despiadada es la explotación maderera que el Gobierno de Aragón ha autorizado en el nacimiento del río Tajo, que su Confederación Hidrográfica ha sancionado a aquél con la primera multa, de una serie de denuncias por talas y destrozos en zonas no autorizadas de dominio público hidráulico.

Esta falacia, empleada por el Gobierno de Aragón y por la Fundación Felipe González, la de talar árboles para mejorar el bosque y hacerlo sostenible, se desmonta fácilmente. Los incendios de Ateca y del Moncayo comenzaron en los matorrales y, de ahí, se extendieron a los bosques, no al revés. De hecho, estos bosques ya estaban recibiendo un tratamiento de “sostenibilidad y prevención de incendios”, totalmente inútil, como se ha podido comprobar.

La otra falacia, la de la gestión sostenible y el aprovechamiento forestal para luchar contra la despoblación, también se desmonta sola. En donde han entrado las máquinas para llevarse los árboles a otros sitios, han destruido la capacidad turística y se han llevado la riqueza. No sólo no se ha parado la despoblación, allí donde se han aplicado estos principios neoliberales, sino que se ha acelerado.

Pero, a la hora de hacer negocio, cuantas más justificaciones mejor. Así, la fundación Felipe González expone: “Pero el éxodo rural continúa, empujado hoy por una errónea política falsamente conservacionista que consiste en expulsar a una especie, la humana, que ha sido decisiva a la hora de modelar el paisaje y mantener en equilibrio la diversidad biológica”. Los incendios de Aragón y la mayoría de los restantes de la península, no se han producido en parques naturales de los que se haya expulsado a los humanos. Se han producido en zonas rurales donde se han cerrado las fábricas y donde se paga lo mismo por la fruta, la verdura o los cerdos que hace 50 años, gracias a que los mismos gobiernos fomentan la especulación intermediaria. Este foro es un retrato perfecto.

Y no podía faltar el argumento definitivo: “No debemos ignorar que tan insostenible es el aprovechamiento abusivo, el que se hace por encima de las posibilidades productivas y de autosucesión, como la ausencia de aprovechamiento o el que se hace por debajo de sus capacidades productivas y acaba degenerando en acumulación, por lo que tarde o temprano se quemará”. Es decir, hay que gestionar bien los espacios boscosos (incluidos los parques naturales) y de eso saben mucho las empresas privadas. Baste ver cómo el incendio de Ateca se produce por la imprudencia de dos empresas forestales, un propietario privado y una institución pública como el Gobierno de Aragón.

No importa que un Gobierno aragonés tenga políticas de concentración y reducción de los efectivos contraincendios. O que contrate personal de modo precario y temporal. Tampoco que no existan planes de contingencia (y si los hay, están escondidos en los cajones) ni preparación social para hacer frente a los incendios. En los pueblos no conocemos ni la ubicación de hidrantes, ni hay mangueras. Tampoco hay planes de acción mecánica cuando no hay pastoreo o para perimetrar incendios. Ni presupuesto para regeneración forestal quemada.

Y es que si algo ha demostrado el tiempo es que los incendios se producen por intereses económicos, por la codicia, no por “combustible” forestal. En tiempos de caos, oportunidades para especuladores.

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