Hasta la victoria siempre

Tenía el fondo verde con su imagen y las letras en negro, no recuerdo de dónde salió, pero su rosto de héroe trágico y su frase lapidaria me acompañaron durante los años más convulsos de mi adolescencia, cierto que, junto a imágenes mucho menos gloriosas como las de Mecano o algún cantante extranjero cuyo grupo o canciones sería incapaz de recordar, en aquella carpeta forrada que transportaba mis apuntes y tareas. Ernesto “Che” Guevara, el comandante de querida presencia que nos cantaba Silvio fue para mí una especie extraña de santo laico si es que eso pudiera tener sentido, un …

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Tenía el fondo verde con su imagen y las letras en negro, no recuerdo de dónde salió, pero su rosto de héroe trágico y su frase lapidaria me acompañaron durante los años más convulsos de mi adolescencia, cierto que, junto a imágenes mucho menos gloriosas como las de Mecano o algún cantante extranjero cuyo grupo o canciones sería incapaz de recordar, en aquella carpeta forrada que transportaba mis apuntes y tareas.

Ernesto “Che” Guevara, el comandante de querida presencia que nos cantaba Silvio fue para mí una especie extraña de santo laico si es que eso pudiera tener sentido, un rebelde capaz de arriesgarlo todo por la libertad, dispuesto a morir antes de vivir arrodillado, un camino diferente, distinto, lejano y quizás anhelado. Con el tiempo fui más allá de su imagen y topé con un hombre complejo, valiente y profundamente comprometido con la libertad de los pueblos y la educación, convencido de que la lucha armada era el único camino para acabar con las injusticias sociales y el imperialismo, un hombre que entregó su vida por aquello en lo que creía. Un hombre como tantos otros con sus sombras y sus luces, pero fundamentalmente inspirador.

Que hace ya más de quince años diese nombre a un parque lateral y un vial adyacente en mi barrio no fue por decisión de un Alcalde especialmente revolucionario, sino la propuesta consensuada de las asociaciones de vecinos de un nuevo espacio que luchaba por ser algo más que una Actuación Urbanística Urgente y buscaron nombres para sus calles y plazas en un intento de ser y entenderse en un espacio común, de hacer barrio.

Ahora PP y C’s pagan parte de sus treinta monedas de plata a la ultraderecha arrebatado al Che su presencia en el callejero y arrojando a la palestra a Teresa Perales, a la que no conocí de adolescente, pero cuya actitud ante la vida se parece mucho a la del comandante, ella no se ha rendido nunca y ha luchado contra una realidad que podría haberla tumbado con una fuerza impresionante y una sonrisa deslumbrante. Un triste caso de “desnudar a un santo para vestir a otro”.

Teresa merece un parque, una calle y una plaza en su ciudad, pero sin duda merece no verse atrapada en este enjuague de política pequeña y rastrera, la misma que se llena la boca para criticar a Cuba y calla ante la vergüenza israelí o, hablando de calles, mantiene con incomprensible orgullo una avenida en honor de quien cada día nos sorprende con una nueva cuenta en Suiza, una nueva comisión irregular, un proceso de amenazas a la “amiga especial” o quien sabe qué tocará mañana descubrir el fugado monarca que “salvó la democracia” por el curioso procedimiento de no molestar a los fascistas y seguir haciendo negocios. Avenida Teresa Perales, suena bien ¿no os parece?

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