Hoy que las grandes y también las pequeñas corporaciones lucen un logo morado en el perfil, no sabía si comenzar este artículo narrando la conversación de sobremesa con mi amiga Celia y acercarme a lo que las estanterías de algunas librerías denominan “literatura femenina” para diferenciarla de La Literatura, o hacerlo mencionando datos recientes que hacen visible la polarización ideológica entre mujeres y hombres en mi generación (Z). Consciente de que me debato entre representaciones narrativas asignadas a roles de género, me pregunto cómo hacer interesantes estas líneas para acercarme a quien, entre tantos estímulos, piensa diferente a mí.
Ya desde hace un par de años los datos de autoubicación en el eje izquierda-derecha muestran entre los y las jóvenes de 18 a 24 años una distancia muy amplia. La polarización ideológica generalizada se hace visible en mi generación corriendo el riesgo de una cristalización que, desde las trincheras, sea imposible de revertir. ¿Es esta conformación —no sólo diferente, sino opuesta— de la visión del mundo algo natural? ¿Es deseable? Si no es así, ¿a quién le corresponde intentar acercarnos?
Mi amiga Celia, con la que batallé codo con codo en un aula complicada —que ya dejaba ver lo que los datos nos muestran hoy— en los inicios de esta última ola de ochos de marzo, me contaba que está harta de empoderarse, que no quiere ser jefa, que no quiere más cursos ni más responsabilidad, que sólo quiere sobremesas con amigas. En una de estas y hablando sobre primeras citas, me decía que para ella una gran red flag es que no le hagan la pregunta de vuelta: Si yo me intereso por alguien y le pregunto cómo está, ¡también quiero que se interesen por cómo estoy yo! Así, después de esta conversación tan bonita con Celia, esta semana me he dedicado a preguntar de vuelta.
Por un lado con mis amigas nos hemos preguntado: ¿quién ha decidido que el empoderamiento femenino ha de pasar por aceptar las formas de poder tradicionalmente masculinas? Muchas campañas del día de hoy nos invitan a crecer en términos de poder: poder profesional, personal, familiar... Desde el derrotismo y la desconfianza, y aunque devega en una falta de alternativas, de compromiso y de sentido vital, me atrevería a decir que mi generación ha roto con este discurso. Sin embargo, ¿cómo le explico a mi madre que no tiene que ser una superheroína? La expansión sin límites del capitalismo no puede extrapolarse a los feminismos si no es en conquistas de derechos para todas. La expansión desde los feminismos debe así traducirse en un movimiento amplio que luche desde la acción colectiva por la abolición de la ley de extranjería, por los derechos de las mujeres trans o por un discurso emancipador y no moralista sobre el sexo y los cuidados.
Por otro lado me preguntaba, ¿le ha hecho alguien la pregunta de vuelta a ellos? Como no estoy segura, estos días también he preguntado a algunos amigos: ¿Queréis de verdad ser jefes? ¿Queréis de verdad asumir lo que implica ser jefes? ¿Cómo estáis? ¿Os interpela el movimiento feminista? Después de agradecerme poder pensar colectivamente, Eric, David, Aldan o Raúl coincidían de diferentes maneras en que ellos sólo quieren aprender, conocer, y repensar alejados de una promesa de poder individualista. En esta predisposición y según lo que nos dicen todas las teorías pedagógicas, el aprendizaje necesita de un rol activo por parte del educando. De esta manera, quizás una alternativa desde los feminismos es hacer que se cumpla el efecto Pigmalión teniendo unas altas expectativas sobre toda persona que se acerque, entendiendo y contextualizando también las masculinidades.
Presentando las ideas expuestas mucho mejor de lo que podría hacer yo, Clara Serra lleva compartiendo de manera pedagógicamente impecable sus teorías mucho tiempo no sólo por el contenido, sino porque nos invita a pensar los feminismos desde fuera de las trincheras. Así, lejos de una identidad victimista, los feminismos debemos acercarnos a espacios en los que preguntar sea un acto de rebeldía porque la respuesta no sea fácil de contrargumentar. Paulo Freire en Por una pedagogía de la pregunta lo explica diciendo: “La existencia humana está, porque se hizo preguntando, en la raíz de la transformación del mundo. Existe una radicalidad del acto de preguntar . [...] De modo radical, la existencia humana implica asombro y pregunta, riesgo y existencia. Y por eso mismo supone acción, transformación”.
Para concluir, y asumiendo el fracaso que supondría como pedagoga atrincherarme y dejar de intentarlo, invito hoy 8 de marzo a construir posibilidades preguntando de vuelta.
Más sobre el 8M en este enlace.





