Guerra de octubre y el neo-sionismo

En el aniversario de la Guerra del 6 de octubre, conocida como la Guerra de Yom Kippur, Nader Sadaqa, prisionero judío palestino en cárceles israelíes, analiza para AraInfo el impacto de este conflicto armado sobre Israel y su ideología fundadora: el sionismo.

Foto: Hosny Salah (Pixabay)

Artículo de Nader Sadaqa, prisionero judío palestino en cárceles israelíes. Integrante del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). En 2004 fue detenido y condenado por un tribunal militar israelí a tres cadenas perpetuas. Sin embargo, la sentencia fue aumentada a seis cadenas perpetuas porque Nader no se levantó ante los jueces israelíes: no reconoce ni al tribunal que lo juzgó, ni el Estado de Israel.

Guerra de octubre y el neo-sionismo

En el 6 de octubre 1973, Egipto y Siria lanzaron un ataque contra Israel para liberar los territorios que ocupó en 1967. La guerra resultó en éxito militar limitado para los países árabes. Lograron destrozar las líneas de defensa israelíes (que eran en su tiempo las más inexpugnables) a pesar de la superioridad cuantitativa y cualitativa del Ejercito israelí.

La guerra de octubre 1973 fue un shock social, cultural y político para la población sionista. Dicha guerra, fue una amenaza existencial a la presencia sionista y desveló a la sociedad sionista la fragilidad de su establishment construido sobre mentiras, engaño y arrogancia.

Los éxitos militares rápidos fueron utilizados en la narrativa oficial sionista para mostrar la capacidad israelí de transformarse de un blanco débil a una potencia victoriosa en Oriente Medio. Estos éxitos, garantizaron la obediencia ciega al establishment oficial sionista, el Estado de Israel, y la ausencia de cualquier crítica social o política.

El éxtasis del triunfo en la Guerra de los Seis Días de 1967 causó una megalomanía que fue optimizada por el seguro establishment oficial sionista. Nadie entonces osaba criticar el funcionamiento de un Estado tan, aparentemente, exitoso.

La guerra de octubre devolvió a la sociedad sionista a la realidad y le desveló los hechos tal y como son, lo que provocó fracturas en la narrativa oficial israelí. La “caja de Pandora” fue abierta, los contrastes sociales, culturales y políticos empezaron surgir. Uno de estos contrastes más importantes se conoce en la cultura sionista como “El genio étnico”.

La población judía del este y centro de Europa “Ashkenazi” monopoliza el poder y la riqueza en la sociedad sionista, en detrimento del resto de los componentes judíos de la sociedad sionista de Israel, como la población judía del Estado español y el norte de África “Sefardim”, y la población judía árabe “Mezrahi”, que sufre la marginalización social, política y económica.

La gente judía no “Ashkenazi” se sometió a la narrativa sionista oficial y tragó su descontento desde la declaración del Estado de Israel en 1948, porque la corriente en el poder podía justificar sus políticas y su dominación. Pero con los años comprobó que los y las “Ashkenazi” se equivocan como todas personas, y esto provoca desastres como en la de la guerra de octubre 1973.

Un cambio de concepto ocurrió en Israel tras el funcionamiento fracasado de la clase “Ashkenazi” en 1973. La gente judía no “Ashkenazi” se atrevió a criticar y a rechazar. El sentimiento de injustica y la exclusión fue aprovechado por la derecha sionista que comenzó a utilizar eslóganes populistas. A partir de 1979, se rompió el monopolio de la llamada izquierda sionista por la llegada de la derecha sionista por primera vez al poder en Israel. Cabe mencionar que Israel siempre ha contado con oposición, con reivindicaciones de justicia social y étnica, pero la izquierda sionista las apagaba. Desde 1979, Israel conoce periodos de inestabilidad política cuyas duraciones son variables.

Soldados egipcios levantan su bandera sobre la línea de Bar Lev, octubre de 1973.

Entre estas contradicciones en la sociedad sionista de Israel crecieron los granos del neo-sionismo. Esto repercutió a la narrativa oficial que quedó fracturada e inconvincente de cara al público. El discurso oficial tradicional se mostró incapaz de justificar los crímenes y las atrocidades de la invasión sionista del Líbano en los años 80. La corriente liberal sionista en los ámbitos mediáticos y académicos, empezó a cuestionar la narrativa oficial, pero sin oponerse al establishment oficial.

Las imágenes de la Intifada popular palestina en 1987 quitaron la hoja de parra de los mitos de la “pureza del arma israelí” y la “ética del Ejercito israelí”. Pero las críticas a la narrativa oficial sionista se quedaron en ámbitos académicos e intelectuales, nunca llegaron a ser crítica de masa social. Dichos ámbitos, rechazaron la simplicidad y la ingenuidad de las ideas que tiene la sociedad sionista de sí misma, y argumentaron que Israel es un proyecto colonial imperialista y que el nacionalismo judío, representado por el movimiento sionista, siguió los pasos del colonialismo de la manera más violenta, atacando el pueblo nativo de Palestina.

Las voces israelíes críticas a la narrativa oficial israelí que se basan en los documentos y los hechos históricos y científicos, fueron y son atacadas y tachadas de aliadas del antisemitismo o de “odiarse a sí mismo”. El ataque sionista siempre se atrinchera en la demagogia de proteger a los judíos de la exterminación.

El establishment oficial sionista creó una nueva versión del sionismo. Una versión aumentada nacionalista chauvinista y demagoga. Esta nueva versión considera cualquier crítica ética como traición. Es una versión ahistórica construida bajo un crisol fascista donde se fusionó el delirio de la Torá y lo insano del neo-nacionalismo.

A pesar de los eslóganes demagogos, que tienen como meta satisfacer a los componentes marginalizados en la sociedad sionista, los diferentes partidos y gobiernos sionistas no dejaron, desde la guerra de octubre, de tocar la melodía del peligro existencial y subrayar el ego nacionalista. Hoy por hoy, no se puede diferenciar entre los partidos israelíes, porque la política israelí está hecha de extremismos: nacional, ortodoxo, capitalista y racista.

Esta mezcla de extremismos caracteriza el neo-sionismo. El neo-sionismo es diferente del sionismo laborista o el sionismo liberal. El neo-sionismo controla la opinión y los conceptos, y la manera según cual la persona israelí interpreta la realidad. Por lo tanto, es muy difícil que un sujeto político logre el consentimiento público si se desvincula del extremismo.

Los gobiernos sionistas actualmente están controlados por esta corriente neo-sionista, que apoya a organizaciones “puristas nacional-religiosas”, como la organización “Lehava” y “Em Tertsu” que atacan a las ONGs, los centros de derechos humanos y cualquier voz anti-colonialista en Israel.

Cuando se presentan pruebas de crímenes contra el pueblo palestino, la corriente neo-sionista no tiene complejos en proclamar sin tergiversación: “Lo hicimos, lo hacemos y lo haremos para proteger nuestra existencia”.

“La existencia judía” para esta corriente es sagrada. El servicio militar, el puritanismo y los crímenes, la limpieza étnica del pueblo nativo palestino. Los sistemas educativo y judicial están cada vez más dirigidos y controlados por figuras neo-sionistas como Neftali Benet y Ayelet Shaked. Todo esto, para dejar vía libre al delirio mesiánico.

El neo-sionismo es el fruto fascista del sionismo “de izquierdas”. Es la nueva versión de Israel. Es imprescindible denunciar la esencia del establishment oficial sionista que se esconde detrás de una cortina fina de democracia liberal. El neo-sionismo no representa solo un peligro existencial para el pueblo palestino, sino un peligro para toda la región.

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