En un espacio de 5000m² se hacinan 280 gatos, una cifra que vulnera la normativa vigente. Según la legislación, cada gato debe disponer de 10m² por kilo de peso. Con una media de 4kg por animal, este recinto no debería albergar a más de 125 gatos, pero la cifra actual más que duplica esta capacidad. Este hacinamiento no solo pone en riesgo el bienestar de los animales, sino que crea un caldo de cultivo para enfermedades y conflictos entre ellos.
Además según las declaraciones de una voluntaria, el recinto no cuenta con la autorización de la DGA para operar como núcleo zoológico, un requisito imprescindible para garantizar el bienestar animal. Sin esta autorización, El Guano no es más que una trampa legal y moral para los felinos que allí sobreviven.
Durante casi un año, el Ayuntamiento ha limitado la atención a estos animales a un solo día por semana, con apenas tres personas encargadas de proporcionar comida húmeda. Desde hace un mes, la administración municipal envía a dos operarios para "limpiar" y alimentar a los gatos. Sin embargo, voluntarias denuncian que ni limpian adecuadamente ni suministran suficiente comida, dejando a los animales en un estado de abandono encubierto.
La opacidad es una constante en la gestión de El Guano. Las voluntarias han solicitado reiteradamente acceso al recinto, pero el Ayuntamiento responde con negativas y excusas. Han llegado incluso a instalar una valla verde alrededor del lugar, según dicen, "para evitar molestias de la gente". Sin embargo, esta medida solo parece tener como objetivo ocultar la realidad.
Otro aspecto alarmante es la desaparición de gatos en diversas colonias de Zaragoza, lo que ha generado una gran preocupación entre las personas voluntarias. El silencio administrativo y la falta de respuestas agravan el temor de que estos animales estén siendo retirados de forma irregular.
Por si fuera poco, en El Guano permanecen 45 gatos provenientes de un desahucio, encerrados en jaulas de reubicación. A pesar de ser mansos y susceptibles de adopción, no se les da visibilidad, condenándolos al olvido en lugar de buscarles un hogar.
La situación no es nueva. En 2021 en este mismo medio ya publicamos sobre las deplorables condiciones del lugar, y años después, los problemas no solo persisten, sino que se agravan. Las voces de las voluntarias y activistas reflejan impotencia y frustración. "No nos dejan entrar para ver qué pasa, pero sabemos que no limpian ni dan comida suficiente", denuncia una de ellas. "Es un crimen y una vergüenza", nos dicen, al recordar cómo los gatos son trasladados forzosamente a un lugar que incumple todas las normativas de bienestar animal.
La gestión de El Guano por parte del Ayuntamiento de Zaragoza es una evidencia clara de negligencia institucional, tenemos claro que mientras no encuentren la manera de que esos animales queden bonitos en las fotos de Instagram de la alcaldesa van a seguir ignorándolos. Los gatos no son solo números ni problemas a ocultar tras una valla verde; son seres vivos que merecen un trato digno. Las voluntarios, que han dedicado años a cuidar y proteger a estos animales, no piden más que lo justo: un espacio adecuado, comida suficiente y transparencia en la gestión. Es momento de exigir respuestas y, sobre todo, soluciones reales.




