La clase trabajadora está tan acostumbrada a perder, hasta ganando, que ganar debe ser un sensación increíble. Debe ser la hostia.
Ahora mismo, paradojas de la macroeconomía, estamos de nuevo en topes de personas empleadas. Hay más curro que nunca y pocas veces ha debido estar peor pagado en democracia. Hasta el punto que vivir se ha convertido en sobrevivir para muchas personas, aún trabajando a jornada completa.
No vamos a entrar en tiempos más lejanos, cuando el trabajo en régimen casi de semiesclavitud era habitual, sino en lo más cercano y en algo tan prosaico como la realidad salarial.
Estamos en plena huelga de las limpiadoras zaragozanas. Es un ejemplo de lo dicho: aún ganando el tope propuesto por la parte sindical las trabajadoras, precarias entre las precarias, cobrarían un poquito más que el SMI y reducirían su jornada algunas horillas al año.
La propuesta de la patronal ya se sitúa directamente en el terreno de la indignidad, con una subida que no llega ni a un euro al día y trata de penalizar las bajas laborales. Entramos en un terreno tan cutre que se plantea hasta “prohibir” ponerse enfermo.
También esta semana se llegaba a un acuerdo en Majorel, una de las muchas empresas de telemarketing que son ejemplo de trabajo estresante y mal pagado.
407 trabajadoras (volvemos a encontrarnos que los peores trabajos están muy feminizados) se van a la calle con una indemnización de 30 días por año trabajado y algunos sindicatos no solo lo firman sino que lo venden como una victoria.
Al mismo tiempo muchos convenios: comercio, jardinería, residencias y no digamos ya las trabajadoras domésticas, se mueven en el ámbito de jornadas máximas por salarios míseros. Sí, míseros, un epíteto más adecuado porque que son mínimos es una realidad aparte de una definición legal.
Condiciones míseras que, además, son firmadas a menudo por los mismos sindicatos que, se supone, deben ser palanca de transmisión de las reivindicaciones obreras. No todos, claro, y aún dentro de los autoproclamados mayoritarios hay personas honradas y luchadoras.
Tampoco ayuda la actual sociedad, de carácter individualista, en que organizarse es la excepción e incluso se menosprecia a quien se organiza o hace huelga. Hay que ser realistas.
Igual hay que volver a ver esa pequeña obra maestra de reivindicación del orgullo obrero que es Los lunes al sol cuando nos dicen en uno de sus memorables diálogos: Y si no estamos juntos nos joden, pero eso no es de ahora eso ha sido de siempre.
Aún así es de agradecer que la calle sigue bullendo, que hay quien se revuelve y comprende que, aunque perdemos casi siempre, ganar debe ser la hostia.
Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.




