#BielayTierra  Ecología

Ganadería, cooperativas y pan “de semillas” antes de llegar a meta en Alloza

Con su llegada el día 5 de octubre a Alloza, Teruel, y con estas experiencias, Biela y Tierra se despide de la primera ruta en bicicleta por la Soberanía alimentaria. Ha sido un regalo poder compartir este viaje con Arainfo durante 2.830 km, 125 iniciativas visitadas y 424,5 kg de CO2 evitados.
| 5 octubre, 2019 07.10
Ganadería, cooperativas y pan “de semillas” antes de llegar a meta en Alloza
Foto: LaDársena Estudio

Solo en España, cada año se sacrifican más cerdos que habitantes hay en nuestro país y más aves de corral que habitantes hay en la Unión Europea. Nos hemos convertido en el tercer país productor y exportador de cerdos, tan solo por detrás de EEUU y China. Y, en concreto, la Comunidad Autónoma de Aragón está batiendo records. Aragón aumentó sus ventas de porcino al exterior un 48% entre 2015 y 2016.

En sus últimas pedaladas, Biela y Tierra pedalearon hasta Loporzano, cerquita de Huesca ciudad, para conocer el sector de la ganadería y nada más llegar las recibieron con una cena comunitaria compartida en el local social del pueblo. Gentes como Charo, Mikel, Álvaro, Ana, Paloma, Ignacio, Pepe, Mamen, Roberto, Javier y tantas otras, hicieron de su llegada una noche muy especial. Desde hace 4 años, se están movilizando con la Plataforma Loporzano SIN Ganadería Intensiva. Empezaron en las navidades del 2015 ante la amenaza de la instalación de dos proyectos de porcino intensivo en su localidad: Loporzano aglutina 15 núcleos de escasa población en un amplio término municipal parte del cual se halla dentro del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara. En aquel entonces, el vecindario se unió para plantar cara a un modelo de ganadería industrial que no querían en la puerta de sus hogares ni en ningún otro pueblo. En estas últimas elecciones municipales de mayo del 2019 se presentó la formación Loporvenir, una agrupación ciudadana que quiere velar por el bien de su territorio. Una de las primeras medidas ha sido la suspensión de la aprobación de nuevas licencias de ganadería industrial. Algo que ya se ha hecho en, al menos, catorce municipios oscenses buscando tomar medidas para atajar la desmesurada proliferación de la ganadería industrial en sus zonas.

La Plataforma Loporzano SIN Ganadería Intensiva  en sus casi 4 años de existencia ha sido la promotora de la creación de la coordinadora estatal Stop Ganadería Industrial, junto a movimientos vecinales de Andalucía, Aragón, Castilla La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Murcia y Valencia. En esta plataforma se juntan para decir alto y claro “Ni en mi pueblo ni el tuyo”. Una lucha solidaria en la que la fuerza del grupo es la única forma de hacer fuerza. El crecimiento de la ganadería intensiva está siendo preocupante: la producción de porcino es del 174%, es decir que genera un 74% más de lo que podemos llegar a consumir. Cada vez tenemos más macroexplotaciones ganaderas y exportamos el excedente al lejano oriente, casi medio millón de toneladas de carne a China en 2018. Datos que ponen los pelos de punta: tan solo en Lleida, Huesca, Zaragoza, Murcia, Barcelona y Segovia se acogen a la mitad de los cerdos del país. Ya en 2015, había 25 cerdos por habitante de la comarca de las Cinco Villas (Zaragoza) y en La Litera (Huesca) más de 40 cerdos por cada uno de sus 18.696 habitantes. De igual manera el 54,4% de los cerdos sacrificados en el país se concentran en Barcelona, Gerona, Murcia, Lleida y Málaga. En 2015 la industria sacrificó 46,4 millones de cerdos, lo que significa casi cuatro millones de toneladas de carne, una producción que aumenta año tras año. Con las gentes de Loporzano descubrieron la realidad de todo lo que esconde la ganadería industrial y las falacias asociadas a ella.

Bulo 1: La ganadería intensiva es un futuro para el mundo rural porque crea puestos de trabajo y fija población en el territorio.

Nada más lejos de la realidad. Pilar y Rosa, integrantes de la plataforma en Loporzano, contaban que una sola persona puede llevar a cabo el trabajo que necesitan 6.000 cerdos. En realidad, esto puede ser posible porque esas granjas están supermecanizadas. Se utilizan todo tipo de sistemas automatizados y se destruye empleo. Estas macrogranjas ofrecen 4 veces menos empleo que las explotaciones familiares y como resultado los pueblos se vacían. Con datos que lo demuestran: Garaballa, municipio con mayor censo porcino de Cuenca, ha perdido el 51 % de la población entre 2001 y 2017; Castillejar, con una población de 1.344 habitantes y una gran explotación de Cefusa-El Pozo de 21.000 madres reproductoras y una producción de 645.000 lechones al año, ha reducido su población entre 2006 y 2017 en un 20 % y aumentando el paro un 11 %, etc.

Según recoge el informe Indicadores económicos del sector porcino 2018 del Ministerio de Agricultura, desde el 2007 se han cerrado cerca de un 47% de explotaciones familiares y las explotaciones de mayor tamaño se han incrementado en un 51 %, especialmente las más grandes, con capacidad entre 3.000 y 7.200 cerdos de engorde. Y no solo ocurre con el porcino, sino que, según datos del INE, entre 1999 y 2013 se han perdido 161.000 explotaciones avícolas, 88.000 de bovino y 43.000 de ovino. La Política Agraria Comunitaria (PAC), que en España supone más de 6.000 millones de € al año, es uno de los elementos clave que apoya este modelo industrializado de producción. Quien más tiene, más recibe.

Bulo 2: La llegada de una gran empresa de ganadería intensiva a un pueblo es sinónimo de empleo y seguridad laboral.

A día de hoy, la mayoría de los cerdos son controlados por la industria cárnica, supermercados o procesadoras mucho tiempo antes del sacrificio donde el mercado especula con el. De forma tradicional prácticamente todos los cerdos se vendían en subasta o en negociación directa entre ganaderos y productores de carne.

La tendencia es cerrar mataderos pequeños a los que podían acudir las fincas familiares y se abren macromataderos como el de Binéfar, el más grande de Europa, que pretende sacrificar 32.000 cerdos al día. Muchos de los puestos de trabajo generados son de gran precariedad, con ganaderos que dependen de las integradoras y personas que trabajan en los mataderos contratados como falsos autónomos. Deben pagarse sus propias herramientas y no tienen vacaciones, baja por enfermedad o accidente y tampoco derecho al paro. Además son generalizadas las largas jornadas laborales, salarios muy bajos y gran estrés psicológico. Estas son las condiciones a las que se enfrentan las personas que trabajan allí. Algunos grupos de trabajadores ya se están uniendo para plantar cara a estas condiciones. Las macrogranjas hunden al pequeño granjero y explotan a las personas trabajadoras haciendo imposible la competencia y perdiéndose el tejido social, la cultura de los pueblos, sus tradiciones agropecuarias y un tipo de vida que es irrecuperable.

Bulo 3: Los purines están controlados y no son un problema

Con este modelo en el que, en España, se sacrifican 6.000 cerdos a la hora los impactos medioambientales son brutales, uno de los más preocupantes es la gestión de los excrementos. En la ganadería tradicional extensiva, los excrementos de los animales se recogían a mano, mezclados con paja, y se utilizaban como abono. En la ganadería intensiva e industrial, para abaratar costes, las naves están equipadas con unas superficies rígidas, planas y estables que son lavadas con chorros de agua a presión, consumiendo una elevada cantidad agua (hasta 20.000 litros al día en una explotación de 1999 cerdos contando agua para beber y para limpiar). De esta manera, los excrementos se encuentran en fase líquida y forman los purines junto con las aguas de lavado, resto de alimentos, patógenos y antibióticos.

Un purín contiene aproximadamente 4.000 ppm de nitrógeno. Si comparamos el purín con el agua residual habitual de una ciudad, el agua urbana contiene de media menos de 100 ppm de nitrógeno total. Es decir, en términos de nitrógeno, el purín es 40 veces más contaminante. Estos purines se acumulan en balsas y su gestión es un problema. Desde la administración es complicado el control por la falta de inspección. Cada ganadero debe llevar un libro de gestión de purines donde tiene que decir dónde aplica el purín, pero eso es difícilmente controlable. Con el tiempo, el nitrógeno de los purines se transforma en nitratos. Los nitratos, en proporciones adecuadas, mejoran el crecimiento de las plantaciones y aumentan su rendimiento, pero cuando su concentración es excesiva, las plantas no pueden absorberlos y se infiltran a través del suelo alcanzando las aguas subterráneas y contaminando pozos y acuíferos, con riesgos para la salud y la propia agricultura. Las dimensiones de las macrogranjas genera una  enorme cantidad de purines difíciles de gestionar que conlleva contaminación de las aguas subterráneas. El problema de la contaminación del agua corriente ya llega en Aragón a uno de cada cinco municipios.

No solo el agua es un problema, sino que el aire que se respira es insalubre. Pedaleando estos territorios, pudieron sentir el olor. Pero no es solo mal olor, sino que el aire está contaminado principalmente con amoníaco. Este amoniaco se combina con otros contaminantes creando partículas que agravan enfermedades pulmonares y cardiovasculares. Un problema de salud pública.

Las integradoras se lavan las manos. Los ganaderos deben asumir la gestión de los residuos y la empresa integradora no asume los costes de gestión de los purines. En los contratos que firman con los ganaderos, no se consideran los gastos de gestión de purines en el cálculo de costes de producción que determinan el precio final de los cerdos ya engordados. De esta forma, el ganadero está atado de pies y manos. Está obligado a hacer una gran inversión para la construcción de la nave. La empresa integradora le suministra los animales, el pienso y los tratamientos veterinarios según un modelo estandarizado. En la nave se engordan los animales y una vez han llegado al peso óptimo, se los llevan pagando el precio dictado por la gran empresa. Así, el ganadero (y el territorio) se quedan con los purines. Si el ganadero no accede a las condiciones de la integradora, puede verse endeudado con unas instalaciones que pagar y sin animales para engordar.

Bulo 4: Toda la ganadería es nociva

Foto: LaDársena Estudio

Rosa y Pilar de Loporzano SIN Ganadería Intensiva dijeron que hay que tener claro que “no se puede hablar de ganadería en su conjunto, para hablar de ganadería tenemos que ponerle un apellido: tenemos que decir si esa ganadería es extensiva y agroecológica o si es intensiva e industrial. Son modelos que no tienen nada que ver. En la ganadería industrial los animales no están en el campo, están hacinados, en naves, sobremedicados, no ven la luz del sol, no respiran aire fresco, viven en espacios muy pequeños en los que no pueden desarrollar sus actividades. Sin embargo, la ganadería extensiva es todo lo contrario y es necesaria para preservar biodiversidad, aportar al territorio, crear empleo y moldear paisajes. La ganadería industrial destruye paisajes, contamina agua, es nociva para especies protegidas y empobrece los suelos”.

Para poder llevar a cabo esta forma de ganadería industrial es necesario administrar antibióticos en grandes cantidades. Una buena parte de estos antibióticos no son utilizados de forma terapéutica para curar animales enfermos, sino de forma preventiva, para poder tener hacinados a miles de animales en las naves. Esta sobremedicación del ganado repercute en la salud humana. Debido a sobreexposición a antibióticos que tenemos, se calcula que más de 3.000 personas mueren cada año en el Estado español por culpa de la resistencia a los antibióticos, más otras muchas que sufren complicaciones y reducción de su calidad de vida.

Además, el modelo industrial necesita de grandes superficies para el cultivo de piensos. En Europa, ya más del 71% de tierras cultivadas se dedican a la alimentación de ganado. Y a nivel mundial es todavía más alarmante. Ya en 2007 España importó 4,2 millones de toneladas de soja para alimentar su ganadería industrial. La mayoría de esta soja procede de América del Sur, donde la rápida expansión de las plantaciones de soja implica graves impactos ambientales y sociales: deforestación y pérdida de biodiversidad, cambio climático, uso de agua y contaminación y acaparamiento de tierras. Situaciones tan alarmantes como los incendios ocurridos durante este verano del 2019 en Amazonia están ligadas a este sistema de producción de carne industrial. Terrenos incendiados que posteriormente se utilizarán para el cultivo de soja transgénica que alimentará los animales de las macrogranjas españolas, y que, a su vez, luego serán exportados a países lejanos. Un sistema global que lleva a graves impactos medioambientales.

Mientras, la ganadería extensiva se pierde, y con ella los valores naturales, gastronómicos y culturales. La forma de producción tradicional de los rebaños pastando en el campo protege los pastos, cuida las dehesas y es una manera de gestionar los recursos forestales en el monte que previene incendios.

En  Cordero de Montearagón, las jóvenes Irene y Gala cogieron el relevo de su padre José Luis Gracia Chapullé. Cuando su padre falleció, Irene, veterinaria, lo tuvo claro: “no quería que se perdiese la finca ni todo el trabajo que mi padre había hecho por la oveja Xisqueta”. Gala, su hermana la apoyó desde el principio y más tarde llegó Carlos. “Creemos en la ganadería ecológica y en su vinculación con una alimentación sana y lo que representa para los tiempos que corren, un reencuentro con nuestros antepasados, con el retorno al origen”, dicen.

Jose Luis “Chapu”, su padre, veterinario reconocido y enamorado de las razas autóctonas, defensor de la ganadería extensiva y consciente de su importancia para habitar un planeta sostenible, decidió comenzar su propia ganadería en el año 1998. A día de hoy tienen un rebaño de 45 ovejas Xisquetas y 22 masitos. Toda la finca y la ganadería están certificadas en ecológico. Las ovejas y corderos andan por la finca y pastan la hierba. Se alimentan de las praderas mixtas y les complementan la alimentación con productos vegetales, ecológicos y sin aditivos de síntesis química. Irene, experta en nutrición, prepara las mezclas de cereales y leguminosas que compra directamente a agricultores ecológicos en función de las necesidades del rebaño. Comercializan su carne en circuitos y locales cercanos. “Sabemos de la importancia de los productos locales para que llegue lo más fresco posible al plato y creemos firmemente en el compromiso y el saber hacer que un ganadero tiene con sus clientes”, dicen en su página web. Irene y Carlos son principalmente quienes llevan a cabo todos los trabajos de la finca. A día de hoy, es “un hobbie, muy peculiar pero un hobbie. Tenemos trabajos fuera de la finca que son la base económica” decía Carlos. Les gustaría ampliar el rebaño hasta unas 100 ovejas y tener más extensión de pasto. “El sueño es que el día de mañana esta finca fuese viable económicamente para que uno de los dos, Carlos o yo, podamos dedicarnos 100 % a estar en la finca” decía Irene. Para esto es necesario concienciación de las personas que consumimos carne sobre la importancia que tiene apoyar a estas pequeñas ganaderías extensivas. Gala, mientras tanto, compagina su trabajo en la finca con su profesión en producción, realización y dirección audiovisual.

Foto: LaDársena Estudio

Y de allí pedalearon hasta Huesca para conocer a cuatro amigos y agricultores Félix, Nico, Alberto y Ramón que intercambiaban consejos, resolvían dudas de la huerta, hacían compras conjuntas de algún insumo y en ocasiones intercambiaban productos para completar las cestas. Y lo que era una relación informal de apoyo y ayuda, hace 5 años pasó a tomar forma de cooperativa: La Sazón “la cooperativa nació casi sola, de manera natural. Era lo que nos hacía falta para mejorar en nuestra manera de producir, tener mejores condiciones de trabajo y no quemarnos y abandonar”, contaba Alberto. De hecho, Ramón no se hubiera lanzado a producir sin el apoyo de sus compañeros y la base de una comercialización conjunta. La comercialización siempre es el punto más complicado en los proyectos de producción, por lo difícil que es hacerse un hueco en el mercado, y porque “a los hortelanos lo que nos gusta es estar en la huerta, y no ir a vender” reconoce Ramón. El hecho de dar el paso y asociarse en la cooperativa ha sido todo un acierto. Cuando cada uno producía de manera independiente, tenían una enorme variedad de hortalizas en el campo para poder completar las cestas y los mercados. Al asociarse cada uno ha podido centrarse en menos cultivos en sus huertas, y por tanto sacar una producción de mayor calidad y con menor esfuerzo. Aparte, al tener las huertas repartidas por diferentes comarcas de la provincia de Huesca, se benefician de la diversidad de condiciones climáticas y ambientales, pueden repartirse los cultivos que mejor se adaptan a cada terreno y coordinar las tandas de cultivos a lo largo de la temporada. Por un lado, han mejorado la calidad del producto y por otro se aseguran que siempre tendrán productos para llevar a los mercados y completar las cestas.

La cooperativa compra a cada uno sus productos y luego los vende a los clientes con una sola marca, la Sazón, que vende exclusivamente productos de sus socios, cargando un pequeño margen para cubrir gastos comunes. Una parte esencial del funcionamiento de la cooperativa es la planificación conjunta de los cultivos para todo el año. Hacia noviembre se juntan todos para dedicarle un buen rato a organizar qué, cuánto y cuándo va a cultivar cada uno ese año. Partiendo de las cantidades de producción y ventas del año anterior, estiman las necesidades y se reparten, en cantidad y en la época del año, los diferentes cultivos entre las distintas fincas. El criterio es equilibrar los cultivos para que ninguno se cargue él sólo con aquellos cultivos más costosos y menos rentables de manera que todos puedan tener un sueldo digno y el trabajo se reparta de manera equilibrada entre todos. Lo tienen claro, la confianza es algo fundamental para que la cooperativa pueda funcionar. El trabajo en grupo, en colectivo, siempre es un reto, ya lo dijo Mabel en Lakabe. Pero, si se apuesta por ello, es muy beneficioso para los propios integrantes y permite concebir y crear nuevos modelos posibles fuera de las dinámicas individualistas del capitalismo. La confianza, aprender a comprenderse y respetarse, saber que cada uno de ellos tiene sus particularidades, sus virtudes, su manera de hacer las cosas, son piezas clave. El hecho de ser amigos, que comparten intereses y experiencias previas ha hecho que dar forma e ir construyendo La Sazón haya sido más fácil. Repartir los trabajos conjuntos adaptándose a los gustos, disponibilidad y habilidades de cada uno ha sido sencillo, porque todos ponen el foco en construir y que los compañeros estén bien.

A lo largo de este tiempo se han ido incorporando personas a la cooperativa y ahora ya son 7: Nico y Félix en Sariñena, Ramón en Bierge, Roberto en Velillas, Diego en Abena y Alberto y Antares en Huesca. Diego, tras estar unos años trabajando con Alberto en A Chordiga, se marchó para llevar las tierras de la familia cerca de Jaca. Sigue vinculado con La Sazón y produce patatas de gran calidad. En la finca de Huesca también está Antares produciendo hierbas aromáticas y medicinales que también vende con La Sazón. Antares además tiene el proyecto de La huerta de Aceibar “un proyecto en el que recolecto y proceso plantas, elaborando con ellas toda clase de productos cosméticos y medicinales: perfumes, champús, cremas, licores o planta seca” contó Antares. Desde 2015 produce planta aromática y medicinal en la finca, donde ha instalado un deshidratador para secar las plantas y flores, procesarlas y envasarlas.

El último que se ha incorporado a la Sazón es Roberto. Llegó a la agricultura un poco por casualidad y sobre todo por su gran pasión: los caballos. Roberto hace doma natural, y empezó a ofrecer servicios de tracción animal para trabajar algunos campos cercanos en Velillas, donde vive. Le gustó y pensó lanzarse a producir él mismo con ayuda de su caballo Obélix. Al poco conoció a Alberto que le propuso entrar en La Sazón. Alberto tenía un burro, Moñaco, al que estuvo domando para hacer parte de los trabajos en el campo. Participó en algunos cursos de tracción animal, con Alfred Ferrís, para ir aprendiendo técnicas y el uso de distintos aperos. Poco a poco fue alternando, los trabajos más duros los hacía con el tractor y los trabajos más delicados y ligeros eran para Moñaco. Surgió la oportunidad de comprar un ejemplar de raza Comtoise en las Landas. Roberto lo animó y se fueron los dos a recoger a Eliot a Francia. Eliot es un precioso caballo castrado color canela con la crin clara de cerca de 850 kg, que trabaja metódicamente bajo las instrucciones de Alberto. Pero no siempre fue así. Alberto contó que Eliot llegó a la finca sin estar domado y que le costó más de un año poder trabajar con él. “Los primeros días no podía ni tocarlo, galopaba como un loco de un lado al otro. Pensaba que nunca llegaría a domarlo pero ahora ya no me imagino el trabajo sin él”. Gracias al buen hacer, los consejos y el apoyo incondicional de Roberto, Alberto llegó a domar y enseñar el trabajo en la huerta a Eliot. Por circunstancias, al poco se quedó sin tractor y la maquinaria que tenía en la finca y desde marzo de 2018 solamente trabaja con tracción animal, con Eliot. Alberto comentó que desde que no entra maquinaria a la finca y sólo hace los trabajos con tracción animal ha visto que la estructura del suelo ha mejorado mucho.

Foto: LaDársena Estudio

En La Sazón no se limitan a ser meros productores que venden lo que cultivan. En su filosofía de vida les mueve defender los circuitos cortos de mercado, el contacto directo con sus clientes, el respeto al medio ambiente, una participación activa en la lucha contra los transgénicos y la defensa de la libertad de elección. Participan activamente en 2 mercado semanales agroecológicos de productores: en Huesca los jueves y en Zaragoza los sábados, en los que venden más del 60% de su producción. El resto de productos los distribuyen tanto a pequeñas tiendas como a través de cestas cerradas de hortalizas de temporada que reparten en puntos verdes y a grupos de consumo. El contacto con el cliente es esencial y los mercados de venta directa son el mejor momento para poder hablar, compartir y conocerse. En La Sazón desde sus inicios han apostado por utilizar variedades locales o tradicionales y, aunque no todo lo que cultivan son variedades locales, cada vez van incorporando más a sus huertas ya que les dan buen resultado. Los armarios donde guardan sus semillas, que seleccionan, extraen y conservan con atención y esmero cada temporada, son una parte importante de cada una de las fincas.

Alberto comentaba que una de las principales dificultades que encuentra quien intenta iniciarse en agricultura es el acceso a la tierra, “yo mismo no tenía tierra, mi familia no tiene tierra y hay que tener muchísima suerte para encontrar un pedacito para poder cultivar. Es casi imposible que alguien te venda las tierras y hacer un proyecto de agroecología en la que tu visión está puesta a 15 o 20 años teniendo contrato de alquiler de 5 años te genera una enorme incertidumbre”. La Política Agraria Comunitaria (PAC) con un presupuesto anual de más de 60.000 millones de €, cubre casi el 40% de los fondos de la UE y condiciona el sistema agroalimentario. Cada ciudadano europeo invertimos en estas ayudas 114 € anualmente. La PAC se estructura en dos pilares. El primero cubre principalmente pagos que se asocian al tamaño de las explotaciones. El 70% de este presupuesto de la UE se emplea en este pilar, en pagos por hectárea sin requisitos estrictos. Así los agricultores que cultivan mucha tierra obtienen mucho dinero. El segundo pilar cubre aspectos de desarrollo rural, producción ecológica y medidas para proteger el medio ambiente y el clima. Este segundo pilar tiene mucho menos presupuesto, pese a que sus implicaciones son mucho mayores ya que el medio y el desarrollo rural va mucho más allá de la producción. Las ayudas vinculadas a la superficie benefician más a las grandes explotaciones más productivas. Mientras los objetivos de mitigación y adaptación al cambio climático, la conservación del medio ambiente y el desarrollo rural, asociadas a prácticas agrarias tradicionales o de pequeñas explotaciones ecológicas quedan en segundo plano. La mayor parte de sus fondos favorecen producciones intensivas y prácticas que perjudican el desarrollo sostenible de los territorios rurales, la salud y el medio ambiente. La PAC no se adapta a la diversidad de la agricultura europea y se ha definido con debates alejados de los territorios. Una misma norma ha obligado a las pequeñas explotaciones agrarias del sur de Europa a medirse con las grandes explotaciones mecanizadas del norte.

En 2021 va a entrar en vigor una nueva PAC y ahora se están llevando a cabo las negociaciones para definir su contenido. Es necesaria una nueva política que dignifique el trabajo del campesinado, ponga el foco y el apoyo presupuestario en la transición hacia sistemas alimentarios sostenibles, recupere el protagonismo de productores y consumidores en la cadena alimentaria y promueva la producción y consumo de alimentos saludables, en ecosistemas sanos. Para ello 37 organizaciones vinculadas a la producción ecológica, ganaderos y ganaderas en extensivo, ONG ambientales, de cooperación al desarrollo y expertos en nutrición y consumo, entre otras, han presentado la coalición Por Otra PAC. Esta alianza ha estado trabajando para recoger 20 prioridades para una reforma ambiciosa de la PAC que “permitirá reorientar el sistema agroalimentario de la UE hacia una toma de conciencia completa sobre los desafíos a los que se enfrenta la renta agraria, la alimentación, la salud, la dinamización de las zonas rurales, el medio ambiente, el bienestar animal, así como sobre los principios de solidaridad, equidad y democracia”. La primera de las prioridades que señalan es la necesidad de que se diseñe y aplique esta ayuda contando con las personas que producen alimentos y también con el resto de agentes implicados en las zonas rurales.

Juan José Marcén, médico especialista en microbiología originario de Leciñena, empezó a buscar el ¿Por qué el pan ya no sabe a pan? Preguntó por todas partes  y los lugareños de su pueblo le dijeron “porque el pan ya no se hace con Aragón 03”. El trigo Aragón 03 se cultivaba en la comarca de los Monegros, ya que la semilla está adaptada perfectamente al clima y a las características de la tierra, germina con poca humedad, tiene raíces más profundas y es más resistente a enfermedades. Pero, en los años 80 con la llegada de otras variedades más productivas, dejó de cultivarse. Juan José empezó a buscar semillas de Aragón 03 y no le resultó tarea fácil. Al final encontró a los hermanos Laviña, de Perdiguera, que habían conservado esa semilla. Cada año estos agricultores cultivaban una pequeña finca y la vendían como trigo convencional. Seguían haciéndolo, no porque fuese rentable, sino porque no querían perder esta semilla que durante tantos años había permitido alimentar a toda la población de la zona. Una vez Juan José recuperó la semilla comenzó la tarea de divulgación y sensibilización. Ahora tocaba introducir esta semilla de nuevo en los campos de Monegros y para ello tenía que convencer a los agricultores de que la cultivasen, y por supuesto, de que fuese en ecológico.

Con la llegada de la revolución verde, empresas especializadas comenzaron a vender nuevas semillas más productivas pero cuyos granos no permitían ser sembrados de nuevo. Así, los agricultores empezaron a depender de las semillas de las grandes marcas comerciales y todavía empeoró cuando se empezaron a registrar patentes. A día de hoy, hay corporaciones que tienen el control sobre nuestra vida, salud y economía.

Juan José falleció en el año 2000 pero, por suerte, había un nutrido grupo de personas que quisieron seguir con su trabajo. Así que, a día de hoy, las semillas del trigo Aragón 03 ¡están vivas, resembrando e intercambiando (como dice el lema de la Red de Semillas)! Fueron sus sobrinas, Ana y Laura Marcén, quienes decidieron dar un paso más y no solo cultivar el trigo Aragón 03 en ecológico, sino sacarlo al mercado. Propusieron a su padre Daniel que cultivara en sus tierras este trigo y junto a su madre Mercedes y su hermano Jesús formaron Ecomonegros. Al principio, comercializar el trigo fue muy difícil: las panaderías decían que era muy difícil trabajar la masa hecha con su harina, en las harineras no lo querían moler porque tenía muy poca fuerza y, en ese momento, nadie ni conocía ni usaba ese trigo; los agricultores tampoco querían cultivarlo porque da menos rendimiento que otros trigos y es una variedad no se subvencionaba. Así que, decidieron hacer su propio molino ecológico, ponerse el mandil, el gorro y aprender a hacer pan de la mano de Xavier Barriga. Les costó mucho conseguir el pan que querían. Pero estaban seguras de que con tesón y energía lo conseguirían. Si durante mucho tiempo ha sido la harina más utilizada para hacer pan en Monegros, ahora también se podría.

Foto: LaDársena Estudio

La misión de Ecomonegros, según ellas mismas definen, es: “la culminación de un proyecto de recuperación de semillas antiguas, de concienciación y sensibilización con la salud, con el medio ambiente y con el desarrollo sostenible.” El pan y la repostería de Ecomonegros tienen excelentes propiedades para la salud por varias razones: a) las variedades de trigo que utilizan son antiguas y nuestro organismo está más acostumbrado a ellas; b) el cultivo es ecológico; c) la molienda se hace en piedra y se obtiene el trigo entero, con la fibra, los aceites esenciales y el germen que son buenos para el organismo ya que ayuda al intestino a depurar más fácilmente además de regular el azúcar en sangre, y, por lo tanto, sacia más; d) usan masa madre como levadura y las fermentaciones son en frío, lo que ayuda a predigerir el pan y las digestiones son más ligeras.

En octubre del 2006 empezaron a distribuir pan por tiendas, pero vieron que tampoco funcionaba. Al principio les trataban como “la gente del pan raro”. Era importante que la clientela supiera lo que estaba comprando: todo lo que había detrás y los beneficios que tenía. Se tenían que potenciar las cualidades de este pan: materia prima sus desde la semilla hasta la mesa, el proceso artesanal, la molienda en piedra y los productos de gran calidad. Ellas estaban convencidas que, si la gente probaba su pan, les iba a gustar y lo iban a consumir. Así que, para hacer eso, decidieron, en noviembre de 2007, abrir la primera tienda en Zaragoza. Mucho ha sido el esfuerzo para darse a conocer a través de talleres, charlas, incluso regalaban pan. Un poco más tarde, empezaron en el mercado agroecológico de Zaragoza y hace un par de años han abierto la segunda tienda en la misma ciudad. A Ecomonegros le ha costado mucho trabajo hacerse un hueco en el mercado, pero a día de hoy, su pan y repostería son reconocidas y apreciadas más allá incluso de tierras aragonesas.

Cuando estuvimos eligiendo las iniciativas y la ruta que llevar a cabo con Biela y Tierra lo teníamos claro, Ecomonegros había de estar. No solo porque somos consumidoras fieles de este pan, sino también porque queríamos mostrarlo como ejemplo de mujeres jóvenes rurales orgullosas de trabajar a diario en y con sus raíces, con la tierra, con su familia, viviendo en un entorno con otros ritmos y otras necesidades. Y atendiendo a estas necesidades siguen una filosofía ecofeminista, no solo poniendo el foco en la parte productiva sino también en los trabajos reproductivos. Al principio, cuando se lanzaron a la piscina para abrir el molino y la panadería las jornadas eran muy largas. Trabajaban los 5 miembros de la familia día y noche incluidos los fines de semana. Se dieron cuenta de que no podían seguir ese ritmo. Así que tomaron dos decisiones valientes. Por un lado, no se amasaría el pan por la noche para estar preparado por la mañana como se hace normalmente en las panaderías, sino que se prepararía durante el día, se cocería por la tarde y se repartiría al día siguiente. Al ser un pan de verdad no pierde sus propiedades de un día para otro, es más, puede conservarse en perfectas condiciones hasta 20 días. Por otro lado, decidieron cerrar los lunes. Consideraron que todas las personas que forman el equipo de Ecomonegros (¡13 ya en total!) debían descansar dos días a la semana, así que los lunes no se abren las tiendas en Zaragoza.

Cuando a Ana le preguntan sobre si cree que hay futuro y viabilidad en la agricultura y consumo de productos ecológicos ella lo tiene claro “sólo veo futuro si hacemos agricultura ecológica. La pregunta que me viene a la cabeza es una reflexión que me dieron mis estudios en Filología Clásica: ¿cuántos miles de años le quedan a mi trabajo? Los seres humanos llevamos miles de años en la tierra y, desde hace 100, las cosas han cambiado a una velocidad como nunca antes en la historia. ¿Cuánto tiempo crees que, de seguir así, podemos vivir en estas condiciones? Por eso me planteo ¿hay alguna forma de hacer que mi trabajo dure 1000 años? ¿hay algo que pueda hacer y que mis decisiones lleven al universo a ser más sostenible? ¿hay algún otro trabajo que me apetezca hacer más sostenible y que me llene el corazón de alegría? Y lo más importante ¿estoy dispuesta? Somos lo que decidimos ser, así que sí creo, creo en la agricultura ecológica.” Ana, aparte de panadera rural, es también cantante, una mujer plena que tiene claro que hemos de “encontrar nuestra misión en la vida, ser felices, ser una misma. Y yo lo estoy consiguiendo, acercándome a las personas y cantando que es mi forma de sanar el espíritu y con nuestro pan alimento saludable y completo, sanamos el cuerpo”.

Con su llegada el día 5 de octubre a Alloza, Teruel, y con estas experiencias, Biela y Tierra se despide de la primera ruta en bicicleta por la Soberanía alimentaria. Ha sido un regalo poder compartir este viaje con Arainfo durante 2.830 km, 125 iniciativas visitadas y 424,5 kg de CO2 evitados.

¡Gracias y hasta siempre, por un #MundoRuralVivo!

5 octubre, 2019

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