Tras décadas de ocupación, exterminio, exilio, apartheid, y un genocidio -el del pueblo palestino a manos del Estado de Israel- emitido en tiempo real durante veintiún meses, la “ofensiva final” sobre Gaza anunciada por Netanyahu con el respaldo de la OTAN, ha supuesto la entrada en una fase crítica.
Después de más de 60.000 palestinos asesinados -con un niño asesinado a la hora desde octubre de 2023- la hambruna amenaza a más de dos millones de personas, sin apenas acceso a comida, agua potable y refugio. Una situación en la que apenas un kilo de harina cuesta más de 50 euros, con una población devastada y sin recursos, una economía arrasada y con las tropas israelíes bloqueando la entrega de comida por ONGs internacionales e incluso asesinando en los puntos de reparto. Mientras tanto, declaraciones simbólicas y pocas acciones efectivas por parte de los gobiernos occidentales, cómplices en el mejor de los casos, responsables directos la mayor parte de las veces.
Buena muestra de ello es el papelón del gobierno de coalición PSOE-Sumar, cuyas muestras de cinismo e hipocresía parecen no alcanzar límites. Mientras Sánchez alababa a los manifestantes de La Vuelta, el Ministerio de Interior detenía e imponía sanciones, mientras se autoproclamaba el líder espiritual de la cruzada por la paz y anunciaba el “embargo de armas a Israel” vía decreto-ley, deja intactos los contratos anunciados con la industria de defensa israelí, sigue permitiendo la adjudicación de contratos a empresas de seguridad y de defensa sionistas, permite que la importación o exportación de armas israelíes continúe realizándose vía países intermediarios, permite la producción de armamento de patentes israelíes y, finalmente, introduce una bochornosa cláusula que permite excepciones al decreto para proteger “intereses generales nacionales”.
De otra parte, el posicionamiento mayoritario del PP, Partido-Pro Genocidio, ha sido directamente criminal. Del sionismo manchado de sangre de Ayuso o Aznar a la complicidad de Feijóo y de la plana mayor del partido, pocas son las voces que califican el genocidio palestino como tal. En Aragón, Jorge Azcón titubeaba en las Cortes respondiendo a la gallega, y en Zaragoza, Natalia Chueca evitaba calificar la situación de Gaza y Palestina como un genocidio, quitándole peso y reduciéndola a la categoría de “guerra internacional”.
Pero en medio de este espectáculo dantesco y teatralizado de acusaciones cruzadas entre PSOE-Sumar y PP -con Vox como espectador a la extrema derecha-, el pasado 10 de septiembre las aguas amainaban con la presentación conjunta de los gobiernos del Estado español, de Aragón y del Ayuntamiento de Zaragoza del hub de defensa, que finalmente abarcará a 113 empresas.
En marzo intentamos desgranar cómo se insertaba este proyecto en el actual contexto internacional, lastrado por la crisis económica y la guerra. Conviene entonces actualizar algunos aspectos. Por una parte, durante los últimos meses el Gobierno del Estado español ha pisado el acelerador a su proyecto de reindustrialización militarizada para ponerse a la altura del ReArm Europe y de las exigencias de la OTAN del gasto del 2% del PIB en defensa.
Por otro lado, la DGA recogía el guante, promocionando el nodo de defensa con palabras bonitas y promesas de prosperidad, empleo y riqueza. El cinismo llegó a su cénit durante la presentación del hub, cuando Chueca se venía arriba al afirmar que el nodo contribuiría a “que Aragón siga siendo tierra de paz y de derechos humanos”. Sí, lo estáis leyendo bien: la misma persona que se negaba a reconocer el genocidio del pueblo palestino se llenaba la boca poco antes hablando de derechos humanos mientras describía la insigne contribución aragonesa a la industria imperialista de la muerte y de la guerra.
Ahora bien: ¿por qué Aragón, y más concretamente Zaragoza, como lugares donde potenciar el tan galardonado hub?
Primero, posee una fuerte tradición militar: 15.000 efectivos (lo que lo convierte, de facto, en el territorio con más soldados en números relativos del Estado y la segunda en números absolutos por detrás de Madrid) y una amplia red de infraestructuras logísticas y militares que tienen como eje la Academia General Militar. En todo este embrollo hay que señalar, como ha recordado la Red Universitaria por Palestina, la complicidad criminal de una institución como la Universidad de Zaragoza, la cual, además de mantener intactos sus compromisos con empresas y universidades israelíes, también dotará de cobertura al desarrollo del hub a través del Centro Universitario de Defensa.
Segundo, tanto Aragón como Zaragoza disponen de los dos principales recursos naturales para su consolidación: tierra y energía abundante y barata. Una amplia superficie terrestre para maniobras militares y para espacio aéreo, recursos hídricos gracias al Ebro, un extenso parque eólico y solar fruto del boom de las renovables y, finalmente, un nodo logístico de gas. Estas también han sido las razones que han empujado a la DGA a declarar de interés general once megaproyectos de construcción de centros de datos para multinacionales como Amazon, Blackstone o Microsoft. De ahí que la suma entre centros de datos y el hub de defensa supongan un futuro de (todavía mayor) extractivismo energético, con consecuencias nefastas tanto a nivel ambiental como para la clase trabajadora aragonesa.
Tercero, una industria de defensa consolidada en el sector aeroespacial y de defensa, de tecnología y, sobre todo, logístico, con el polígono de Plaza como la mayor plataforma logística del sur de Europa. Además, la posición geoestratégica del Corredor del Ebro permite movilizar en poco tiempo una gran cantidad de recursos militares de una esquina a otra de la península. Como afirman elocuentemente en el video promocional, el nodo conectaría a menos de trecientos kilómetros de radio el 65% del PIB de la economía española.
Y así, durante estos meses la DGA ha dado luz verde a la construcción y ampliación de una nueva planta industrial de Instalaza en Cadrete, la cual estará centrada en el desarrollo de tecnología para misiles, explosivos y otras municiones. También el Grupo Escribano hará una inversión millonaria en su planta en Binéfar, destinada al desarrollo y fabricación de dispositivos de seguridad y defensa. Por último, Mecanus, empresa dedicada a la transformación metálica en automoción, ferrocarriles y defensa y afincada en Exeya, amplió el diciembre pasado instalaciones y plantilla.
Al igual que con los centros de datos, con la apuesta por el hub de defensa el PP de Azcón ha maniobrado con inteligencia en pro de la burguesía local, ganándose el significativo apoyo de la CEOE y de CEPYME. Pero, como sabemos, no es solo cosa de PP y Vox. Desde un inicio la propuesta fue acogida con entusiasmo en los despachos del Ministerio de Defensa del gobierno de coalición de PSOE y Sumar. Durante la presentación, Margarita Robles decía “sentirse emocionada” mientras le entregaba una medalla de honor del Ministerio de Defensa a Azcón. Por su parte, Chueca afirmaba que “Gobierno, Comunidad Autónoma y Ayuntamiento funcionamos como un único equipo”. Lo cierto es que esta afirmación, más allá de su cursilería, subrayaba una verdad fundamental: las diferencias y debates superficiales a los que nos tienen acostumbrados los políticos profesionales se difuminan cuando toca hablar de negocios, cuando toca defender los intereses imperialistas de nuestra oligarquía en sagrada unión.
El enemigo está en casa. La burguesía -española, aragonesa, zaragozana- y sus diferentes partidos están de acuerdo en lo fundamental: en la explotación de los trabajadores y en la obtención de ganancias, sea cual sea su coste humano. Y la clase trabajadora zaragozana está en esa encrucijada. El hub será central en la complicidad que mantiene el Estado español con el genocidio del pueblo palestino. Se seguirán exportando ametralladoras, rifles, lanzacohetes y piezas de artillería desde nuestro aeropuerto. Las tropas yankees y de la OTAN seguirán entrenando en el Polígono de las Bardenas a la espera de una operación especial contra algún dirigente de la resistencia palestina.
Pero no hay que resignarse. Hay que dar un paso al frente. Las ejemplares protestas contra la participación israelí en La Vuelta, la huelga general en Italia o las crecientes movilizaciones contra el genocidio que se están abriendo paso en el conjunto del Estado, como la del pasado viernes 26 en Zaragoza, indican el camino a seguir. Las medidas arrancadas al gobierno, por limitadas que sean, no son producto de su gracia, son conquistas del movimiento propalestino y de la solidaridad internacionalista. Por eso, debemos seguir denunciando sin descanso lo que ocurre, día a día, en cada acción, en cada movilización y en cada jornada de lucha.
Que estos Pilares también sean muestra de ello, comenzando por la huelga estudiantil del jueves 2 y la manifestación del viernes 3 convocada en la Plaza del Portillo. Todo es lícito menos la resignación.

