Entre el 6 y el 9 de junio están llamados a votar los ciudadanos y ciudadanas de los veintisiete estados de la actual Unión Europea para elegir los diputados y diputadas del Parlamento europeo que conformaran la décima legislatura. Elecciones que son aprovechadas para renovar el entramado de gobernanza de la UE (Parlamento, Consejo y Comisión Europea). Intentando, con la convocatoria electoral, esquivar la imagen de un aparato burocrático estructurado jerárquicamente con escaso control democrático, que responde a un equilibrio de poderes de estados a partir de la hegemonía del eje Berlín-Paris.
La verdad es que mayoritariamente, la campaña electoral está pasando entre insultos y reproches pero sin abordar los grandes debates de fondo que se han abierto en esta legislatura que termina y que seguramente marcarán el próximo periodo legislativo que se abre a partir del 9 de junio. Estamos prestando mucha atención, con cierta razón, al crecimiento exponencial de la extrema derecha que reflejan todas las encuestas, pero muy poco espacio para la reflexión y denuncia del que quizás sea el elemento más preocupante para el próximo periodo, más aún si lo relacionamos con el crecimiento de la ola reaccionaria. Los tambores de guerra que resuenan en las cancillerías europeas como justificación de la acelerada remilitarización que está acometiendo la UE que supone el mayor gasto en defensa en Europa desde la II Guerra Mundial.
La remilitarización de Europa es una aspiración que las élites europeas llevaban mucho tiempo escondiendo bajo paraguas tales como Brújula Estratégica (Strategic Compass) o eufemismos como una mayor autonomía estratégica de la UE. Y que hasta ahora parecía contar con demasiados escollos para llevarse a cabo. La propia presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, se preguntaba retóricamente, en el discurso del estado de la Unión en 2021 por qué hasta ahora no se ha avanzado en una defensa común: "¿Qué nos ha impedido avanzar hasta ahora? No es la escasez de medios sino la falta de voluntad política". Justamente esa voluntad política es la que parece sobrar desde la invasión de Ucrania, que se ha convertido en el pretexto perfecto para la aceleración de la agenda de máximos de unas élites neoliberales europeas que ya no solo ven en la remilitarización de la UE su tabla de salvación, sino abiertamente el nuevo proyecto estratégico de integración europea para complementar al constitucionalismo de mercado que ha imperado hasta ahora. Una Europa de los mercados y la “seguridad”.
Las tribuna del parlamento europeo se ha llenado los dos últimos años de grandilocuentes discursos belicistas apelando a la libertad, “los valores europeos”, la valentía, la patria, el arrojo… etc. De diputados que nunca cogerán un fusil pero que alimenta una peligrosa espiral belicista en donde las veleidades militaristas de nuevo cuño parecen haber conquistado las moquetas y despachos de Bruselas. Hasta tal punto que el propio presidente francés, Emanuel Macron, ha dejado abierta la puerta a enviar tropas terrestres de la OTAN a luchar a Ucrania: “Haremos todo lo posible para evitar que Rusia gane esta guerra. Estamos convencidos de que la derrota de Rusia es necesaria para la seguridad y la estabilidad en Europa”. Además de suministrar a Kyiv “misiles y bombas de largo alcance”, algo que no había sucedido hasta el momento por el miedo de a una escalada del conflicto. Pero que desde hace unos días tanto Joe Biden como sus socios europeos han permitido la utilización de su material militar contra objetivos en Rusia para intentar mitigar la ofensiva rusa sobre Járkov. Cada mes que pasa todas las prevenciones y líneas rojas se van diluyendo por parte de los EEUU y la UE, lo que inexorablemente nos acerca a un conflicto armado con soldados de la OTAN en suelo ucraniano, lo que podría concluir en una Tercera Guerra Mundial con escenarios totalmente desconocidos y peligrosos.
Evidentemente, si tuviéramos que buscar un culpable y un momento serian Putin y la invasión de Ucrania. Pero no es menos claro, que la agresión de Putin se ha convertido en la coartada perfecta sobre la que justificar política y socialmente el nuevo proyecto neo-militarista Europeo. Nada cohesiona y legitima más que un buen enemigo externo. “Europa está hoy más unida que nunca” es el nuevo mantra en los pasillos de Bruselas. Un mantra que se repite para alejar los fantasmas de crisis recientes y proyectar hacia el exterior que Europa vuelve a tener un proyecto político común, como dijo el Alto Representante para la Política Exterior, Josep Borrell, (Europa) “debe aprender rápidamente a hablar el lenguaje del poder”, y “no confiar solamente en el 'poder blando', como hemos hecho hasta ahora”.
Una remilitarización europea que tuvo sus “auténticos presupuestos de guerra”, su momento legitimador, con la resolución del Parlamento Europeo del 1 de marzo del 2022. Una resolución que supuestamente tenía como objetivo primordial denunciar la ocupación de Ucrania por parte de Putin y solidarizarse con el pueblo ucraniano, algo que desde Anticapitalistas hemos defendido en todo momento. Pero que en realidad era mucho más que una condena de Putin, ya que utilizaba la invasión y el sufrimiento ucraniano como coartada para remilitarizar Europa: proponiendo el aumento del gasto militar en un 2% del PIB de cada uno de los 27 estados miembros, como reclamaba la Alianza Atlántica desde 2014; acelerando una escalada belicista que solo beneficia a las multinacionales de la muerte; reforzaba el papel de la OTAN como garante de la seguridad europea, y gendarme mundial al servicio de la agenda de Washington; y diluía toda veleidad de independencia política de la UE mientras recupera una legitimidad y una unidad perdidas tiempo atrás, especialmente tras el fracaso de la ocupación de Afganistán.
Además, la resolución aprobada preveía un envío de armas coordinado por la UE que chocaba con los mismos tratados europeos que prohíben de forma expresa destinar fondos del presupuesto común a proyectos con “implicaciones militares o de defensa”. Para sortear este obstáculo, se utilizó el Instrumento Europeo para la Paz (creado hace cinco años con el objetivo de contribuir a la paz y a la estabilidad de zonas remotas del mundo, pero que paradójicamente su primera tarea fue financiar 450 millones en armamento para Ucrania). Un envió de armas coordinado que como posteriormente afirmo Von der Leyen, unas semanas después de la declaración del parlamento del 1 de marzo, se había avanzado más en materia de seguridad y defensa común “en seis días que en las últimas dos décadas", en referencia al desbloqueo de 500 millones de euros de fondos comunitarios para equipamiento militar para Ucrania.
La aprobación de la resolución fue poco después de que Zelenski realizara su primera alocución en un parlamento europeo, que se parecía más un estadio de futbol lleno de fanáticos hinchas de la guerra y con un ambiente macartista asfixiante que censuraba cualquier opinión disonante con el belicismo del momento. Solo trece diputados de los 705 que componemos el actual Parlamento Europeo, decidimos votar en contra, siendo yo el único español que sostuvo con su voto esa posición. Al votar en contra, desde Anticapitalistas asumimos las contradicciones de este posicionamiento desde la idea de que no hay recetas mágicas. Un posicionamiento que adoptamos colectiva, consciente y autónomamente, no condicionados por el qué dirán o por cálculos tacticistas del momento. Un voto consciente contra la remilitarización de Europa que se negaba a utilizar la inaceptable y criminal invasión del régimen tiránico de Putin contra Ucrania para fortalecer la OTAN y cargar la amenaza de un choque entre potencias imperialistas sobre las vidas de trabajadoras y trabajadores ucranianos y rusos. Un voto que mandaba un mensaje contra quienes quieren devolvernos a la lógica de la Unión Sagrada de albores de la Primera Guerra Mundial, obligándonos a aceptar unos nuevos créditos de guerra. El paso del tiempo, creo que ha valorizado esta posición colectiva de Anticapitalistas como una garantía internacionalista frente al imperialismo.
Esta "unión sagrada" que nos encamina hacia la guerra está presente en la mayor parte de la oferta electoral que se presenta a las elecciones del 9 junio. Populares, extrema derecha, socialdemócratas y verdes comparten los grandes acuerdos estratégicos: la guerra es la mejor salida ante la profunda crisis que atraviesa el capitalismo occidental. Donde la extrema derecha es la mejor representante de este cierre autoritario.
Hoy es más importante que nunca combatir una UE que pretende avanzar hacia un modelo oligárquico y tecnocrático que aplique una austeridad armada, de incremento del presupuesto militar, de recorte del gasto social, impulso del nacionalismo y de cierre autoritario frente a nuestros derechos políticos y libertades conquistadas. Sin embargo, se abren grietas constantemente entre las cuales se ha levantado el movimiento internacional en solidaridad con Palestina, un movimiento ecologista en disputa directa contra las multinacionales y luchas de trabajadoras y trabajadores sobre las que es posible levantar un proyecto ecosocialista e internacionalista, posiblemente nuestra única garantía para un futuro de paz y la libertad.
En este especial toda la información de las elecciones europeas del 9J.




