La nueva etapa de Izquierda Unida Aragón llega en un contexto político convulso. Tras casi nueve años al frente de la organización, Álvaro Sanz ha decidido no optar de nuevo a la coordinación general, cediendo el testigo a Marta Abengochea, que encabeza una candidatura unitaria con el compromiso de “trabajar corazón a corazón” para afrontar “tres retos fundamentales”: la sostenibilidad ambiental, la defensa de lo público y la lucha contra la involución democrática y el avance del fascismo. Con el Parlamento aragonés bloqueado, un Gobierno de Azcón en clave electoral y un mapa político en movimiento, ambos analizan los desafíos de la izquierda y la urgencia de reconstruir una esperanza colectiva en un Aragón que “necesita sacudirse la caspa”.
Marta, encabezas una candidatura unitaria que será ratificada el 29 de noviembre. ¿Qué significa este relevo para Izquierda Unida Aragón?
Marta Abengochea: Como todos los relevos, es una etapa en la que hay necesidad de renovación de gente que ya lleva mucho tiempo. Álvaro (Sanz) llevaba nueve años y eso desgasta. Eso no quiere decir que se vaya: lo vamos a tener cerquita, también en las Cortes. En nuestra organización son importantes los relevos, el cambio. Que la gente que se va incorporando tenga espacios de responsabilidad. Porque nuestro trabajo es colectivo. Es una seña de identidad nuestra, que no nos petrificamos en los cargos.
Álvaro, ¿cómo vives este paso y el cierre de casi nueve años como coordinador general?
Álvaro Sanz: Estoy muy contento y feliz. Creo en la política y en que la gente debe organizarse: los derechos se conquistan y no te los regalan. Las herramientas políticas —así como las sindicales y vecinales— son espacios donde mucha gente debería pasar por la experiencia del trabajo colectivo y del liderazgo, si tiene esa capacidad. Todo el mundo tiene que dejarse la piel; yo lo he intentado en esta responsabilidad interna y también con la gente con la que tejemos alianzas a nivel sociopolítico. Pero, sobre todo, todo el mundo tiene que saber, cuando está formando parte de un proceso colectivo, que hay que salir. Y hay que salir habiendo hecho unos deberes que pasan por garantizar que ese proceso colectivo goza de la mejor salud posible para elegir entre sus integrantes a las mejores personas para encarnar los equipos de dirección. Y en cualquier caso, en Izquierda Unida siempre, y en este proceso también ha sido así, la política es lo primero. Por eso estoy contento, porque se dan todas las circunstancias que permiten cerrar esta etapa con la organización en condiciones. Vamos a elegir y avanzaremos en un proceso organizativo imprescindible desde la izquierda. Además, en este relevo contamos con una mujer al frente, lo que es muy importante: hay compañeras que van a estar en la dirección y eso marca una nueva etapa.
¿Qué os une políticamente?
Marta Abengochea: Nos une militancia en el territorio. Yo entré en Izquierda Unida en 2015 y Álvaro (Sanz) lleva aquí toda la vida. La ideología, las bases sobre las que se fundamenta nuestro pensamiento, creo que son las mismas. Hemos tenido conversaciones políticas y no políticas, profundas. Nos une una manera de ver la vida parecida.
¿Cómo se construye un relevo de liderazgo sin fracturas internas en una organización como IU Aragón?
Álvaro Sanz: Izquierda Unida es una organización muy compleja y muy plural dentro de sus espacios de pensamiento: conviven corrientes desde la socialdemocracia hasta el comunismo y posiciones libertarias, y siempre ha habido debate y síntesis. En estos últimos nueve años ha habido una máxima que es el trabajo colegiado, integrar todas esas miradas en la capitanía del proyecto colectivo que es IU. Eso garantiza que todos y todas seamos conscientes de las dificultades, de los problemas, de los retos, de los éxitos y de los fracasos: todas y todos somos parte. Entender una organización desde la laminación de las minorías en el ámbito de las izquierdas, y en el ámbito social, creo que es un error. Para construir condiciones que generen un buen relevo en la izquierda debe partirse de un trabajo colectivo compartido por toda la gente implicada en el proceso. Esto lo hemos intentado cumplir: con aciertos y errores, con muchas miradas, no solo las fraccionarias sino también las territoriales, que juegan un papel fundamental. Vivimos momentos políticos complejos, en el que todo el mundo tiende a conservar, y existe el riesgo de que quedemos en una propuesta defensiva; por eso el proceso de asamblea no puede cerrarse en clave puramente defensiva: hay que asumir retos y miedos, pero también ilusión.
“Tenemos que hablar de alianzas sociales como base para construir una unidad popular solvente, capaz de pasar a la ofensiva y que no se quede solo en clave reactiva”
Álvaro, con Aragón sin presupuestos y un Gobierno de Azcón en clave electoral, has advertido que “habrá elecciones anticipadas” y que el presidente “es muy poco sutil”. Ante ese posible adelanto, ¿cómo puede prepararse la izquierda aragonesa a la izquierda del PSOE para que no la pille desmovilizada?
Álvaro Sanz: La izquierda tiene el reto de plantear una propuesta disruptiva en el mapa electoral aragonés, que quiere decir unidad. Unidad en torno a varias cosas fundamentales, no unidad como fetiche por encima de todo. En cualquier caso, si hay un adelanto electoral Izquierda Unida lleva preparada un año y medio, incluso dos años. Sabíamos que este escenario iba a llegar antes del final de la legislatura. En nuestros espacios de dirección y en nuestros informes políticos, previendo que iba haber un adelanto electoral dijimos: en un contexto complejo en el que hay invisibilidad de miradas disidentes y críticas, con la opinión pública comprada a doblón por la publicidad institucional —Jorge Azcón ha triplicado prácticamente lo que gastaba el Gobierno de Javier Lambán—, en el que la sociedad y la izquierda tiende a mirarse al ombligo y a ser reactiva, tenemos que hablar de alianzas sociales como base para construir una unidad popular solvente, capaz de pasar a la ofensiva y que no se quede solo en clave reactiva. Por eso diseñamos un plan de trabajo que pasaba por esa “Convocatoria por la Democracia” y ese “pasar a la acción” de la mano de varios ejes fundamentales de trabajo y en clave de alianza sociopolítica. Hablamos de la paz —el tema del hub militar—, sanidad, vivienda, medio rural y sostenibilidad. En esos ejes estamos trabajando mucho. IU lleva un año y pico en la ofensiva, pero ahora toca escribir otras literaturas. Los actores sociales nos están pidiendo coincidir en propuestas políticas que sean capaces de garantizar unidad. Unidad en clave de coalición electoral. Unidad que responda a la diversidad, que la multiplique y que no las anule. Este es el mensaje que jalona, de alguna manera, el trabajo que hemos estado haciendo en este tiempo.
Marta Abengochea: Entre nuestra militancia tenemos analizado y debatido como queremos esa unidad. No como fin en sí mismo, sino porque es útil para enfrentar lo que nos viene. Siempre hemos defendido un frente amplio. De toda la experiencia que tenemos de las confluencias anteriores, lo que hemos vivido, que había que transitarlo necesariamente, hay que aprender. Aprender de ese proceso para ver cómo lo podemos seguir relanzando y actualizando para mejorar lo que se haya podido hacer de manera errónea o con personalismos o sin poner por delante los intereses de la clase trabajadora. Sobre eso, hay que trabajar. Nosotras vamos a poner siempre por delante la política, los ejes comunes, que los procesos sean siempre democráticos, transparentes, libres de egos y de personalismo, que tengan generosidad.
Entonces… ¿Ve Izquierda Unida posible esa alianza electoral, esa coalición, esa “carrasca”, tanto para las aragonesas como para los ayuntamientos, para no repetir la fragmentación de 2023?
Álvaro Sanz: Izquierda Unida siempre ha trabajado por la unidad, pero no hay que perder de vista lo que acaba de decir Marta. En Aragón nunca ha habido coaliciones electorales de la izquierda en los procesos autonómicos; las que hubo fueron estatales. Tampoco a nivel municipal. Ha habido procesos que se centraban mucho en la forma más que en el fondo, en amalgamar ilusiones que consiguieron, nada más y nada menos, conquistar varias alcaldías, entre ellas la de Zaragoza, con la incorporación de mucha gente a la política, y eso fue muy positivo. De todo eso hay un aprendizaje que, como dice Marta, hay que poner en común. Pero ahora tenemos que entender el momento político en el que estamos. Por eso Izquierda Unida apuesta por la unidad en base a un programa político concreto, con unas pautas democráticas de funcionamiento, con un mecanismo para deliberar sobre aquello en lo que no estamos de acuerdo, con una base social movilizada más allá de lo institucional. No tiene sentido que, con lo que tenemos enfrente, la izquierda no sea capaz de compartir una agenda común. Las diferencias siempre existirán, pero tenemos una urgencia democrática.
Existe un desencanto evidente en el electorado de izquierdas después de lo ocurrido en 2023. ¿Cómo se puede recuperar esa confianza y volver a ilusionar?
Marta Abengochea: Hay frustración. Llevamos décadas bajo un sistema neoliberal que nos roba las ilusiones y los deseos. Estamos trabajando sobre la reforma de la reforma de algo que no tiene posibilidad de reforma. Es muy difícil estar en la izquierda en los espacios donde intentas mejorar las cosas sabiendo que no siempre puedes dar el paso necesario, un paso más allá. Es como la pescadilla que se muerde la cola. La gente se frustra, se queda en casa, tenemos diferencias entre nosotras, y al final no tenemos mayorías para darle la vuelta al sistema y dejar de hacer reformas. Es complicado. Hay quien piensa que no hemos sido lo suficientemente transformadoras, y otra gente cree que lo hemos sido demasiado. Pero ahora tenemos la posibilidad de convertir esta dificultad en oportunidad: todo aquello que llevábamos tiempo advirtiendo ya está ocurriendo. El cambio climático, la privatización de los servicios públicos, la normalización del fascismo… ya están aquí. Toca recuperar la base ideológica para cambiar todo esto, intentar que la gente se sume a ese carro más allá de las frustraciones.
Álvaro Sanz: Siempre hemos trabajado para sumar, más allá de cómo se llame esa suma. A veces los problemas surgen cuando se prioriza el nombre antes que los métodos. La izquierda es plural y diversa, los afanes totalizadores no hacen más que anular los pequeños corazones que la componen. Y eso es como matar una parte de lo que somos. En tiempos duros, en tiempos reactivos, todo el mundo tiende a conservar lo que representa. Tenemos experiencias a lo largo de la historia que por hacer experimentos nos hemos cargado los objetos referenciales de la clase trabajadora, en países donde la clase trabajadora era una piedra angular de la política, como en Italia. Pero hay un equilibrio, y hay que saber leer el momento para construir herramientas que sean útiles para la clase trabajadora, también en clave electoral. Ese es el reto.
“Llevamos décadas bajo un sistema neoliberal que nos roba las ilusiones y los deseos. Estamos trabajando sobre la reforma de la reforma de algo que no tiene posibilidad de reforma. Pero ahora tenemos la posibilidad de convertir esta dificultad en oportunidad”
El antifascismo es hoy una de las urgencias democráticas más tangibles: hace poco volvimos a ver a Vox justificar abiertamente el franquismo en sede parlamentaria. ¿Cómo se enfrenta políticamente ese discurso dentro de las instituciones?
Álvaro Sanz: Hemos pasado por todas las fases: ignorarles, confrontarles, intentar hacer pedagogía… Aquí hay un problema de búsqueda fácil de la satisfacción que nos afecta al conjunto de la sociedad. Vivimos en una sociedad que busca soluciones fáciles y rápidas a problemas estructurales. Eso genera frustración y unos problemas muy grandes de salud mental. No es verdad que los problemas se solucionen de forma fácil. No es verdad que los problemas se solucionen en clave individual. No es verdad que la libertad entendida en clave de satisfacción, de apetencias personales, te vaya a permitir ser más feliz. Todo eso es mentira. La extrema derecha ofrece respuestas simples a problemas complejos. Pero mienten. La extrema derecha es una manijera del poder, una palanganera del capitalismo que es quien realmente está generando los malestares sociales. Es la primera en pedir bajadas de impuestos a los ricos y en privatizar los servicios públicos. Es la primera en negar el cambio climático y la crisis ecosocial. La primera en negar el patriarcado y que este sistema se sustenta sobre la opresión de la mitad de la población. La extrema derecha es la responsable última de apuntalar el sistema que genera el mayor dolor en la clase trabajadora. ¿Cómo podemos hacer ver a la gente normal, como tú o como yo, que no pueden encontrar soluciones en la extrema derecha? Que precisamente el papel de la extrema derecha en las instituciones no es otro que reventarlas. Están cumpliendo el plan a rajatabla. Nosotros tenemos la obligación de confrontar con los canales clásicos: organizándonos.
Ser de izquierdas es muy complicado: hay que leer, hay que pensar, llevarlo a una asamblea, ponerlo en común, debatir, acordar, actuar y evaluar. ¿No sería interesante, en esa posible coalición electoral, contar con algunas de las herramientas del “enemigo”, las que funcionan, más allá de ese trabajo interno vuestro, dar cuatro o cinco mensajes fuerza que nos permitan poder bajar al bar y confrontar?
Marta Abengochea: Claro. Y, de hecho, en Izquierda Unida todos los días sale en la comunicación como reto. Intentamos mejorar. Y en vez de centrarnos en las cuarenta hojas que hemos debatido, a lo mejor de ahí hay que extraer cinco ideas fuerza. Pero también es verdad que no tenemos las mismas armas ni de lejos. En las redes sociales no podemos competir. Lo haremos lo mejor que podamos, aprendemos, nos formamos. Pero no tenemos el mismo dinero ni los mismos recursos. Y aunque hay que estar en esos espacios, no podemos confiarnos en que únicamente con un buen mensaje vamos a poder llegar. Es luchar contra gigantes. Por eso, a la vez, hay que trabajar corazón a corazón. El vínculo. Organizarse, de verdad, con gente física. Tenemos que seguir comunicando mejor y llamar a la gente a organizarse virtualmente desde su hogar, sí, pero o recuperamos el vínculo físico con la gente, de persona a persona, organizativo, en la calle, en los barrios, en los pueblos, o nos van a comer.
“La extrema derecha es una manijera del poder, una palanganera del capitalismo”

Marta, ¿cuáles serán los principales retos organizativos de Izquierda Unida Aragón en este nuevo ciclo?
Marta Abengochea: Nuestro principal reto, además de mantener lo que ya tenemos, un trabajo cohesionado y las líneas políticas claras, es seguir fortaleciendo la organización. Intentar sumar y vincular a más gente, en el medio rural, en los barrios. En Izquierda Unida tenemos un órgano, las redes, donde se trabajan temas sectoriales, no solo con personas afiliadas o simpatizantes, también junto a activistas de movimientos sociales y plataformas. La idea es echar el resto ahí, sin abandonar el trabajo institucional, pero poniendo el acento en ese terreno organizativo y de sumar a gente.
El medio rural aparece siempre como un eje clave. ¿Cómo se pueden fortalecer las políticas de izquierda en esos territorios?
Marta Abengochea: Organizativamente tenemos estructura en el medio rural, y es sólida. En el cambio de paradigma que defendemos, el cambio del modelo productivo, de infraestructuras, de servicios públicos, de comunicaciones, el medio rural es la clave. Si queremos dejar de concentrar toda la vida, las oportunidades, el trabajo en Zaragoza, hay que empezar desde ahí. Empezar a diseñar otro tipo de vida desde lo rural.
Renovables sin control, macrogranjas, centros de datos, el Plan Pirineos... ¿Cómo afronta Izquierda Unida las luchas del territorio y qué alternativas propone?
Álvaro Sanz: Hay una cuestión básica, lo primero es escuchar a la gente. Hay un mantra, que la gente de los pueblos quiere lo que está pasando: renovables, centros de datos, toboganes, ampliaciones de pistas de esquí, parques temáticos al pie de la Peña Oroel. Pero la realidad es que la gente está muy cansada ya y sale a la calle a decir que “no”. Hay que escuchar a esa gente que está intentando construir una vida a pesar de todo. Volvemos otra vez al tema de la vivienda. Mucha gente se siente expulsada de su propio territorio. No puede ser que el Gobierno de Aragón dedique millones al Plan Pirineos o al plan de vivienda para alojar trabajadores de temporada, mientras el funcionariado público o familias no pueden pagar un alquiler, una vivienda protegida, en Jaca. Esto lo está permitiendo el Gobierno de Aragón con sus políticas. Desde este choque de realidades es desde donde tenemos que empezar a construir. Desde Izquierda Unida defendemos que hay que planificar de la mano de la gente del territorio. Dinero hay sin conocimiento, lo anuncia cada día el Gobierno de Azcón. Siguiendo el pensamiento republicano de que “muchas cabezas piensan más que una”, y aplicando una básica, que es la participación, se podrían diseñar muchas políticas de vivienda, servicios, ocio o cultura que realmente permitieran quedarse a vivir en los pueblos con dignidad. Y en este sentido, empezar a hablar. Creo que no hay mucho por inventar. El turismo puede ser una opción, pero no como se está implementando: basado en el monocultivo del esquí o en megaproyectos. La agricultura y la ganadería son necesarias y esenciales, pero no bajo el modelo de macrogranjas que ha hipotecado a mucha gente. Lo advertimos hace apenas cinco años: la burbuja porcina acabaría estallando en Aragón, y así ha sido. Mientras tanto, el Gobierno sigue poniendo alfombra roja a grandes corporaciones. Amazon, Microsoft y Google no necesitan ayudas públicas. Pon las energías de la mano de la gente, en modelos alternativos, con proyectos renovables gestionados desde el territorio
¿La alfombra roja que utiliza Azcón es la misma que utilizaba Lambán?
Álvaro Sanz: Corregida y amplificada.
Marta Abengochea: Azcón está encantado de ser el CEO de las multinacionales, lo que le decía Álvaro Sanz en el pasado debate sobre el estado de Aragón.
Álvaro Sanz: No es colaboración público-privada: es lo público puesto al servicio de lo privado. Yo aún no he visto en qué colabora lo privado con lo público.
Marta Abengochea: Y mientras tanto, devastamos el territorio.
Álvaro Sanz: Esto tiene que ir de otra cosa necesariamente. Un dirigente político tiene que planificar. La economía hay que organizarla entre todos y todas, si no, nos va a organizar ella a nosotros. Es lo que está pasando. Un trabajador que trabaja para que otros se lo pasen bien el fin de semana y no tiene donde dormir. Es una locura.
“Nuestro principal reto, además de mantener lo que ya tenemos, un trabajo cohesionado y las líneas políticas claras, es seguir fortaleciendo la organización”
Marta, ¿qué papel va a jugar la militancia de Izquierda Unida en esta nueva etapa?
Marta Abengochea: Todo, como siempre. Izquierda Unida es su militancia. Nosotras somos militantes, antes que nada. La militancia es la base de todo nuestro trabajo diario, de la lucha diaria en el territorio. Es la gente que a las 20:00 horas acaba su trabajo y se va a una asamblea de tres personas en su pueblo, que organiza una pancarta o presenta una moción en el ayuntamiento. Sin militancia, no habría forma de hacer política.
Álvaro, mirando atrás, ¿qué aprendizajes personales y políticos te deja esta etapa al frente de Izquierda Unida de Aragón?
Álvaro Sanz: Estoy muy contento. He aprendido mucho. Es una maravilla formar parte de una comunidad que piensa, que mira, que hace esfuerzos para transformar la sociedad en una dirección que cree correcta y justa. Además, Izquierda Unida es heredera de las mejores tradiciones democráticas de nuestra historia. Haber tenido la oportunidad de representarla en las instituciones y coordinarla ha sido un regalo de la vida. Y poder decir, esto se acaba en esta faceta, pero la organización queda con buena salud, cuando menos un poco mejor que cuando asumimos las responsabilidades, teniendo en cuenta que entonces el contexto era otro y que han pasado cosas muy complejas. Me siento satisfecho, honrado y he recibido muchas muestras de cariño. Ahora toca ponerme a disposición de quien entre a liderar la organización, que a final de cuentas esto es un trabajo colectivo.
Marta, ¿qué te ilusiona a ti de asumir esta responsabilidad?
Marta Abengochea: Es un privilegio, es un orgullo y una gran responsabilidad. Izquierda Unida es nuestra casa, donde te has dejado la piel. Lo hacemos toda la militancia, porque es una forma de vida. No es que le eches un rato, tu mente y tu alma están ya configuradas así. Tengo ilusión porque, como dice Álvaro, tenemos una organización amable, donde además de política se habla de afecto, de vínculo. Y eso hay que impulsarlo, ponerlo en valor. Se abre una etapa donde las cosas están difíciles fuera, pero vamos a darlo todo.
¿Tienes algún mensaje directo para la militancia?
Marta Abengochea: Que no reblen. Nosotras vamos a estar ahí, como siempre, al pie del cañón.
“Hay que acabar con esa mesa donde, cada cuatro años, siete o diez poderes que no se presentan a las elecciones deciden cómo se va a gestionar”
Si tuvierais que resumir en pocas líneas la propuesta de Izquierda Unida para Aragón y el modelo de estado que defendéis, ¿cuáles serían esas ideas clave?
Álvaro Sanz: Justicia, derechos, soberanía. Aragón necesita sacudirse el polvo, la caspa. La gente de esta tierra es profundamente valiente y capaz de no dejar en manos de otros lo que está en nuestras manos. Es duro tirar para adelante en determinados sitios, sin embargo, la gente lo hace. Y como decía Marta, no se trata de poner parches, se trata de transformar de verdad. Hace falta sostenibilidad, derechos, justicia social, reparto de la riqueza. Hay que acabar con esa mesa donde, cada cuatro años, siete o diez poderes que no se presentan a las elecciones deciden cómo se va a gestionar. Es hora de hacer una buena hoguera con esa mesa.
Marta Abengochea: Y yo añadiría tres retos fundamentales: la sostenibilidad ambiental, tanto de nuestra tierra y nuestros recursos como frente al cambio climático; la defensa de lo público frente a la privatización salvaje, brutal y sin freno de nuestros derechos; y la lucha contra la involución democrática y el avance del fascismo.
Álvaro Sanz: Tenemos que integrar a jóvenes y personas migrantes en la estructura organizativa. Esos son los grandes retos del conjunto de la izquierda. Construirnos desde esa mirada.
Marta Abengochea: Y también es muy importante que entremos mujeres en los espacios de responsabilidad. No solo por ser la mitad de la sociedad, sino porque traemos una mirada integradora, periférica, feminista, que engloba todo, capaz de comprender la diversidad, las aristas y las disidencias. Una mirada más amplia y empática nos permite analizar mejor la realidad. Y cuando se analiza mejor, puedes intervenir mejor para transformarla.

