El valor real de la financiación climática es un tercio de la cantidad que declaran los países desarrollados

A las puertas de la COP27 que se celebrará en noviembre en Egipto, Oxfam Intermón denuncia que la contabilización de la financiación climática internacional está sesgada y es profundamente injusta

Imagen de la portada del informe "Una financiación climática con trampa: El valor real del compromiso de alcanzar los 100 000 millones de dólares en 2019-20", de Oxfam Intermón.

La mayoría de los países ricos aplica prácticas de contabilidad de carácter engañoso y deshonesto para exagerar la financiación climática que aportan a los países en desarrollo. Según una investigación realizada por Oxfam Intermón, esta cifra podría haberse sobreestimado hasta un 225% en 2020.

El informe, publicado a menos de un mes de la próxima Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, la COP27 que se celebrará en Egipto, estima que el "valor real" de la financiación climática proporcionada en 2020 se sitúa aproximadamente entre los 21.000 y los 24.500 millones de dólares, frente a la cifra de 68.300 millones de dólares que los países ricos han declarado aportar en concepto de financiación pública que, junto a la financiación privada movilizada, sitúa el total en 83.300 millones de dólares. El objetivo de financiación climática mundial está fijado en 100.000 millones de dólares anuales.

"Las contribuciones de los países ricos no solo siguen estando muy por debajo del objetivo contraído, sino que son engañosas al contabilizar la financiación climática de una manera que no es correcta ni adecuada. Estos países están sobreestimando su propia generosidad y pintando un panorama demasiado halagüeño, mientras ocultan la cifra que realmente se destina a los países pobres", afirma Nafkote Dabi, responsable de políticas sobre cambio climático de Oxfam Internacional.

"El mecanismo actual de la financiación climática mundial es como un tren averiado que corre el riesgo de llevarnos a un destino de proporciones catastróficas. El exceso de préstamos está endeudando a los países pobres, que ya tienen problemas para abordar los impactos del cambio climático. Se está declarando demasiada financiación de manera dudosa y deshonesta. Como resultado, los países más vulnerables continúan sin estar preparados para enfrentarse a los violencia de la crisis climática", afirma Dabi.

La investigación de Oxfam ha revelado que instrumentos como los préstamos se declaran según su valor nominal, ignorando el reembolso de la financiación, entre otros factores. Con demasiada frecuencia, los proyectos financiados presentan un menor enfoque climático que el declarado, por lo que el valor neto del apoyo que se destina específicamente a la acción climática probablemente sea mucho más bajo del que sugieren las cifras de financiación climática declaradas.

En la actualidad, los préstamos dominan más del 70% de la provisión de financiación climática pública (48.600 millones de dólares), alimentando la crisis de la deuda a la que se enfrentan los países en desarrollo.

"Obligar a los países pobres a devolver préstamos para poder hacer frente a la crisis climática a la que apenas han contribuido es algo profundamente injusto. En lugar de prestar apoyo a los países que se enfrentan a sequías, ciclones e inundaciones que continúan agravándose, los países ricos están minando su capacidad para hacer frente a futuros impactos, además de profundizar sus niveles de pobreza", añade Dabi.

El pago de la deuda externa de los países menos desarrollados ascendió a 31.000 millones de dólares en 2020.

Por ejemplo, Senegal, que figura en el tercio inferior de los países más vulnerables del mundo frente al cambio climático, recibió el 85% de su financiación climática en forma de deuda (siendo el 29% en concepto de préstamos no concesionales), a pesar de presentar un riesgo moderado de caer en una crisis de endeudamiento, y del hecho de que su deuda representa un 62,4% de su ingreso nacional bruto.

"Si los países desarrollados cumplieran con su compromiso de movilizar 100.000 millones de dólares al año y abordaran verdaderamente sus errores de contabilización de la financiación climática, sería posible evitar una catástrofe climática a gran escala. Manipulando el sistema solo conseguirán que sean los países pobres, que son quienes menos han contribuido a la crisis climática, los que acaben pagando", critica la responsable de políticas sobre cambio climático de Oxfam.

Para Dabi, "un sistema de financiación climática que se basa principalmente en préstamos no hace sino agravar el problema". "Los países ricos, especialmente aquellos que más contaminan, tienen la responsabilidad moral de ofrecer formas alternativas de financiación climática, sobre todo subvenciones, con el fin de ayudar a los países impactados a salir adelante y seguir desarrollándose con un bajo nivel de emisiones de carbono", añade.

En las próximas negociaciones sobre el cambio climático de la COP27 que se celebrará en noviembre, "los países ricos deben comprometerse urgentemente a incrementar la financiación destinada a los países vulnerables para la adaptación al cambio climático a través de subvenciones, así como a mejorar sus prácticas defectuosas de presentación de informes", concluye Dabi.

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