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Diario de la Marcha del Ebro: el trasvase del río Siurana, un proyecto caduco

La llegada al final del Ebro nos deja el último río desecado a causa de una gestión deficiente. El río Siurana desaparece tras el trasvase que abastece la ciudad de Reus y los regadios de esa zona. El final del Ebro parece recoger los defectos de todo su trazado. La vida del Delta depende de la vida que transporta el Ebro en estos hermosos paisajes que van a hacer posible la agricultura del Montsia y la pesca en la amplia zona de la desembocadura del río que le da nombre a la península.
| 21 abril, 2019 10.04
Diario de la Marcha del Ebro: el trasvase del río Siurana, un proyecto caduco

El trasvase del río Siurana, afluente del Ebro, en el Priorat, a las inmediaciones de Reus, pasando por un túnel de 10 km y por el embalse de  Riudecanyes, se diseñó hace 100 años, aunque funciona desde 1950.

Aunque el objetivo era abastecer a la ciudad de Reus, también sirve caudales a Riudoms y a los regadíos del Baix Camp, secando prácticamente el Siurana.

Al tratarse de un trasvase entre la cuenca del Ebro y la Demarcación de Cuencas Internas de Cataluña, compete a dos administraciones: El Ministerio de Transición Ecológica, a través de la CHE, y la Generalitat, a través del ACA.

El impacto ambiental es grave, al desecar varios kilómetros de cauce del río Siurana, durante la mayor parte del año. Por otro lado, el impacto social  sobre la población del valle también es muy alto, siendo una de las causas de despoblación del valle de Siurana, hasta en un 45% desde que se puso en marcha en 1950 hasta el año 2000.

Por otro lado, el trasvase limita el desarrollo de nuevas actividades económicas en la zona, como el turismo de naturaleza y enológico.

Sin embargo, existen alternativas viables y además de aplicación inmediata. El abastecimiento de Reus y Riudoms se podrían cubrir sobradamente desde el minitrasvase del Ebro a Tarragona, que de hecho ya aporta actualmente el 54% del agua de abastecimiento a Reus, mientras que las demandas de riego podrían y deberían cubrirse con la reutilización de aguas residuales depuradas; que podrían suplementarse, si fuera preciso con aguas del mismo minitrasvase.

Por todo ello, aunque el trasvase del Siurana pudiera tener sentido hace un siglo, hoy transgrede la legislación vigente (no se puede desecar un río) y puede considerarse una infraestructura, razones por las cuales hoy se demanda su clausura. al tiempo que se ponen en funcionamiento las alternativas citadas.

La sostenibilidad del Delta del Ebro

Los deltas son fruto de la fuerza de los ríos, aportando sedimentos, en competencia con la erosión del mar. Sobre ellos opera un fenómeno de “subsidencia”, de hundimiento, derivado de la compactación de esos sedimentos, por su propio peso, que tiende a compensarse por la aportación de nuevos sedimentos fluviales.

Sin embargo, la masiva regulación de los ríos junto a la detracción de caudales para usos consuntivos, han reducido drásticamente esa aportación de sedimentos.

En el caso del Ebro, sobretodo las presas de Mequinenza y Ribarroja al final de la cuenca, completan un colapso casi total de sedimentos. En régimen natural, el Ebro debería aportar entre 20 y 30 millones de toneladas de limos y sedimentos; hoy, tan apenas llegan al Delta 100.000; es decir menos del 1%.

Este colapso de “flujos sólidos”, unido al crecimiento del nivel del mar, por la fusión de masas polares generada por el calentamiento global, ha producido, entre 1992 y 2010, una subsidencia de
0,3 cm/año.

Por otro lado, la mayor parte de las arenas de playas turísticas del litoral mediterráneo proceden del aporte fluvial de sedimentos a las plataformas costeras. Por ello, el colapso de sedimentos en los embalses está generando graves problemas de sostenibilidad para esas playas, que se tratan de minimizar con escolleras y aporte artificial de arenas.

Otro problema importante del Delta es el de la penetración de la cuña salina, tanto en el cauce (por el fondo, al ser más densa el agua salada) como en los acuíferos del delta.

Por último, aunque es más desconocido, el aporte fluvial de nutrientescontinentales fertiliza la vida en las plataformas marinas. El Mediterráneo, en concreto, es un mar pobre en plankton, lo que incrementa la trascendencia de estos aportes fluviales. De hecho, la sardina y el boquerón, entre otras especies, desovan en la desembocadura de los grandes ríos, cuando bajan las crecidas, que no sólo aportan agua y sedimentos, sino enormes cantidades de nutrientes con los se alimentan los alevines, cuando nacen.

En resumen, las aguas de los ríos no se pierden en el mar, sino que cumplen funciones vitales para la sostenibilidad de deltas y playas, así como de la pesca y de la vida marina en general. Por todo ello, se viene demandando un régimen ecológico de caudales, que de momento ni siquiera está evaluado en la planificación. La actual asignación arbitraria de unos 3000 hm3/año de la vigente planificación ya fue valorada como insuficiente por la Comisión Europea en el 2000, cuando el Gobierno pretendía justificar la existencia de caudales excedentarios.

Por otro lado, se viene demandando gestionar, más allá de los caudales hídricos, los caudales sólidos. En el Ebro, en concreto, se demanda poner en marcha un proyecto piloto de movilización de sedimentos del embalse de Ribarroja, aportados por el Cinca/Segre que, con su 30% de caudales de toda la Cuenca, supondría movilizar hacia el Delta y el litoral una proporción similar del flujo sólido del Ebro.

21 abril, 2019

Autor/Autora

Feminista, ecologista, de izquierdas (@MaribelMtnez)


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