No es la primera vez que ocurre algo parecido en los últimos años. El Gobierno español, bajo el mandato de Pedro Sánchez, realiza una crítica limitada o toma una medida sin demasiadas consecuencias prácticas en relación a la política internacional —enmarcada en Oriente Medio— y la respuesta de las fuerzas derechistas que dirigen el estado colonial israelí y, ahora, EEUU a través de la presidencia de Donald Trump coloca a La Moncloa como un referente progresista a escala mundial.
La anunciada negativa a la utilización de las bases estadounidenses en el suelo del Estado español en relación a los ataques contra Irán, aireada a principios de esta semana por el ejecutivo de Sánchez, desata duras respuestas y amenazas por parte de Trump. Aunque no está claro el alcance real de esta toma de posición, y aunque EEUU ha tenido tiempo de sobras para operar con antelación a los ataques y existen dudas sobre la capacidad de limitar los movimientos de EEUU en estas instalaciones militares, parece que la más leve divergencia hacia la estrategia intervencionista y colonial del binomio EEUU-Israel se responde con enorme crudeza y desprecio por los ejecutivos de ambos estados.
"España es un aliado terrible", espeta Trump este martes. "Le he dicho a Scott —en referencia al secretario del Tesoro— que corte todas las relaciones con España. España dijo que no podemos usar sus bases. Podríamos usar su base si quisiéramos. Podríamos simplemente volar allí y usarla. Nadie nos va a decir que no la usemos. Pero no tenemos por qué hacerlo. Pero ellos han sido poco amistosos", añade el mandatario estadounidense. Trump continúa sosteniendo que "podría detener mañana, hoy mejor aún, todo lo que tenga que ver con España. Embargos. Podemos hacerlo con España".
"No a la guerra"
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, comparece este miércoles por la mañana en el Palacio de La Moncloa para explicar la posición del ejecutivo ante la escalada de tensión tras los ataques de EEUU e Israel contra Irán y las amenazas de represalias económicas contra el Estado español de la administración estadounidense.
Sánchez resume la postura del ejecutivo estatal con una frase contundente: "La posición del Gobierno español se puede resumir en cuatro palabras: no a la guerra", en referencia tanto al conflicto en Oriente Medio como a la negativa de Madrid a autorizar que aviones o buques militares estadounidenses utilicen las bases españolas de Rota y Morón en operaciones relacionadas con la ofensiva en Irán.
El presidente defiende que el Estado español no puede "responder a una ilegalidad con otra", y subraya que el ejecutivo "no va a ser cómplice de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por miedo a las represalias".
Sánchez remarca además el daño potencial que supone escalar el conflicto en Oriente Medio y reafirma que España mantiene una postura coherente con la defendida en otros escenarios internacionales, como Ucrania o la Franja de Gaza.
Destaca que el rechazo a la agresión unilateral de EEUU e Israel no significa apoyo a Irán, sino defensa de la paz y la legalidad internacional. "La pregunta no es si estamos al lado de los ayatolás, nadie lo está. La pregunta es si estamos a favor de la paz y de la legalidad internacional", subraya.
En un mensaje implícito a la política exterior estadounidense, Sánchez señala que la operación de Donald Trump busca tapar su "fracaso" y "llenar el bolsillo de unos pocos", y critica el seguidismo de algunos socios europeos: "El seguidismo siervo y servil no es una forma de liderar".

