Durante el 28 de febrero y la madrugada de este 1 de marzo de 2026, Estados Unidos e Israel han lanzado coordinadamente una ofensiva militar ilegal contra Irán, denominada por Washington como “Operation Epic Fury”, y ‘justificada’ por fuentes israelíes como parte de una campaña para neutralizar lo que ambos países describen como “amenazas estratégicas y militares iraníes”. Los ataques han incluido bombardeos sobre Teherán y otras ciudades iraníes claves, apuntando a infraestructura militar, arsenales de misiles y centros estratégicos de comando iraní pero también contra población civil, incluyendo escuelas infantiles.
Asimismo, y según reportes de medios internacionales, la Guardia Revolucionaria iraní ha confirmado contraataques contra 27 bases militares estadounidenses en Oriente Medio y objetivos israelíes, y, por su parte, el ejército israelí ha confirmado que ha interceptado nuevas oleadas de misiles mientras pide a su población civil que permanezca en refugios.
El contraataque iraní ha generado explosiones en varios países del Golfo, incluidos Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, aunque la confirmación independiente de daños humanos y materiales todavía es parcial, que están ocasionando el caos en aeropuertos y otras instalaciones de transporte internacional.
Asesinato del ayatolá y teócrata Ali Jamenei
Uno de los aspectos más trascendentes de esta operación conjunta e ilegal de EEUU e Israel ha sido la confirmación por parte de medios internacionales e iraníes de que el ‘líder supremo iraní’, el ayatolá Ali Jamenei, ha muerto asesinado como consecuencia directa de los bombardeos. Su fallecimiento representa un punto de inflexión dramático en la política interna iraní y en las proyecciones de conflicto regional.
Irán ha prometido “represalias severas” por este asesinato, y su actual liderazgo político y militar ha sido categórico en advertir que la respuesta será proporcional al daño sufrido.
Desde Teherán, las autoridades iraníes han adoptado una postura de urgente represalia. La Guardia Revolucionaria Islámica ha declarado ataques contra múltiples objetivos estadounidenses y israelíes en la región. El Parlamento iraní y altos mandos han prometido “golpes terribles” contra Washington y Tel Aviv si las acciones militares continúan. La respuesta iraní incluye lanzamientos de misiles hacia territorio israelí y países del Golfo donde hay presencia militar estadounidense, desencadenando alertas de emergencia en varios países árabes.
Este nivel de respuesta, junto con la estrategia militar declarada, indica que el conflicto ha pasado de una operación aérea puntual a un enfrentamiento más amplio con ataques balísticos y amenazas sobre posiciones de EEUU e Israel.

Estados Unidos e Israel: primero asesinar y después mentir para justificar el crimen
Para Israel y Estados Unidos, la operación es una respuesta “preventiva y estratégica” frente a lo que perciben como una “amenaza persistente”. El gobierno israelí afirma que los ataques están dirigidos a desarticular capacidades militares que representarían un “peligro existencial”, incluidas amenazas balísticas y apoyo a grupos armados en la región. Por su parte, Washington ha defendido su acción ilegal ante el Consejo de Seguridad de la ONU, argumentando que es “un intento de impedir que Irán continúe desarrollando capacidades que podrían usarse para agredir a aliados o a territorio estadounidense”. El presidente estadounidense Donald Trump ha amenazado con que “cualquier represalia iraní será enfrentada con una fuerza nunca antes vista”, subrayando su tono de escalada militarista y su desprecio por la diplomacia y las leyes internacionales.
Reacciones árabes: condenas matizadas
Los estados del Golfo Pérsico y la región árabe han reaccionado con una mezcla de condena a las acciones iraníes, obviando la agresión ilegal de EEUU e Israel, y con preocupación por la escalada regional. Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait han denunciado ataques iraníes en su espacio, calificándolos como “violaciones de soberanía y riesgos para la seguridad civil”.
Países como Omán, que actuaban como mediador entre Washington y Teherán, han expresado su frustración por “el colapso de las negociaciones” y urgido a Estados Unidos a “retirar su implicación militar directa”. Por su parte, Arabia Saudí ha condenado los ataques iraníes enérgicamente pero ha evitado una confrontación directa con Estados Unidos o Israel. En conjunto, los estados del Consejo de Cooperación del Golfo se muestran divididos entre “reforzar la seguridad regional” y acometer “una conflagración bélica que desestabilice aún más la zona”.
Tensiones en la ONU, la Unión Europea, Rusia y China
La comunidad internacional ha reaccionado con preocupación, alarma y llamamientos a la contención. El secretario general de la ONU, António Guterres, y diversas agencias humanitarias han condenado la escalada militar, pidiendo “el fin inmediato de hostilidades” y respeto por el derecho internacional.
La Unión Europea ha expresado su “temor por la seguridad regional” y ha urgido a todas las partes a proteger a los civiles y retomar negociaciones diplomáticas, pero sin condenar los bombardeos ilegales de EEUU e Israel, y mostrando, una vez más, la división entre los diferentes estados que componen la Unión Europea.
Rusia ha condenado enérgicamente los ataques de Israel y EUU como “acto de agresión” y ha acusado a Washington y Tel Aviv de buscar un cambio de régimen en Irán -confirmado por los agresores-, proponiéndose como mediador para frenar la escalada. Por su parte, China, aunque menos específico sobre detalles tácticos, ha instado a la “inmediata interrupción de la violencia” y al “retorno al diálogo” para evitar un conflicto generalizado.
En términos geopolíticos, estas reacciones evidencian cómo el conflicto ha tensado nuevamente las relaciones entre potencias con intereses divergentes en Oriente Medio y más allá. Situando a EEUU e Israel como autoproclamados justicieros internacionales.
Consecuencias inmediatas y perspectivas de futuro
Impacto económico y social. El conflicto desatado por EEUU e Israel ya está afectando mercados energéticos globales debido a la amenaza sobre rutas críticas como el estrecho de Ormuz, elevando los precios del petróleo y generando incertidumbre en los mercados financieros.
Riesgo de escalada regional. Con misiles iraníes alcanzando en su contraataque a países del Golfo, bases estadounidenses y territorio israelí, junto con posibles represalias adicionales de los agresores EEUU e Israel, la situación es altamente volátil. El espectro de expansión del conflicto —incluyendo posibles involucramientos de actores como Hezbolá o grupos armados no estatales— no puede descartarse.
Diplomacia en suspensión. Las vías diplomáticas, que estaban activas hasta hace semanas, días, e incluso horas antes de los bombardeos sobre Irán, parecen haber colapsado, en una táctica habitual del gobierno de Netanyahu, realizar ataques militares mientras distraen al ‘enemigo’ sentándolo en un mesa de negociación. La lucha militar ha reemplazado momentáneamente al diálogo como principal vía de interacción entre Irán, EEUU e Israel.
Urgencia humanitaria en Irán y en el conjunto de la región
En la mañana de este 1 de marzo, organizaciones humanitarias confirman que la crisis provocada por Estados Unidos e Israel con su ataque ilegal contra Irán ha escalado de manera dramática, con consecuencias militares, políticas y humanitarias de envergadura global.
Las reacciones regionales y mundiales reflejan tanto “apoyo a la seguridad” como inquietud por la falta de respeto al derecho internacional y a la protección de civiles. La situación está lejos de estabilizarse y el mundo afronta horas, o días, críticos para evitar una conflagración militar aún mayor de consecuencias imprevisibles si otras potencias mundiales decidieran actuar con la irresponsabilidad criminal con que la que lo hacen EEUU e Israel.


