El número de personas que viven en condiciones cercanas a la hambruna se ha multiplicado por seis desde el comienzo de la pandemia

Los conflictos, el clima y el COVID-19, las principales causas, de la crisis alimentaria que azota Afganistán, Etiopía, Sudán del Sur, Siria, Yemen, Brasil, India o la región del Sahel

Imagen: congerdesign (Pixabay).

Oxfam Intermón denuncia en un nuevo informe publicado hoy que es probable que hasta 11 personas estén muriendo de hambre y malnutrición cada minuto en el mundo. Este ritmo supera la actual tasa de mortalidad de la pandemia de COVID-19, que es de siete personas por minuto.

El informe, titulado ‘El virus del hambre se multiplica, alerta de que los conflictos continúan siendo la principal causa del hambre desde la irrupción de la pandemia, sumiendo a más de medio millón de personas en una situación cercana a la hambruna, seis veces más que en 2020.

Actualmente hay 155 millones de personas en el mundo que viven en una situación de crisis alimentaria o incluso peor, lo que supone 20 millones de personas más que el año pasado. En torno a dos de cada tres de estas personas pasan hambre a consecuencia de la guerra o los conflictos en sus países.

El informe también describe cómo la inestabilidad económica, acentuada por la pandemia, y el agravamiento de la crisis climática han llevado a decenas de millones de personas a pasar hambre. El desempleo masivo y las grandes alteraciones en la producción de alimentos han provocado que el precio de los alimentos se dispare un 40%, el mayor aumento en más de una década.

“Los incesantes conflictos, las consecuencias económicas de la pandemia y el agravamiento de la crisis climática han empujado a más de 520.000 personas al borde de la hambruna. En lugar de hacer frente a la pandemia, las partes en conflicto han seguido luchando entre sí, a menudo dando un golpe letal a millones de personas que ya sufrían las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos y las perturbaciones económicas”, señala Lourdes Benavides, responsable de Países Frágiles de Oxfam Intermón.

A pesar de la irrupción de la pandemia, el gasto militar mundial ha aumentado en 51.000 millones de dólares, cantidad suficiente para cubrir seis veces y media la financiación requerida por las Naciones Unidas para acabar con el hambre en el mundo. Mientras tanto, los conflictos y la violencia han provocado que el número de personas desplazadas internamente haya alcanzado un máximo histórico, llegando a los 48 millones de personas a finales de 2020.

“Se sigue utilizando el hambre como arma de guerra, privando a la población civil de agua y alimentos e impidiendo la llegada de ayuda humanitaria. Las personas no pueden vivir de forma segura o conseguir alimentos si se bombardean los mercados y se destruyen los cultivos y el ganado” continua Benavides.

Bahjah, una madre de ocho hijos que vive en la provincia de Hajjah, en Yemen, y que ha tenido que huir de su hogar varias veces, contó a Oxfam Intermón: “Mi marido es demasiado viejo para trabajar, y yo estoy enferma. No nos ha quedado más remedio que enviar a nuestros hijos a pedir comida y a traer sobras de restaurantes. Pero incluso la comida que conseguían traer no era suficiente.”

Lourdes Benavides afirma que “la pandemia también ha puesto al descubierto las profundas desigualdades que hay en el mundo. La fortuna de las diez personas más ricas del mundo (nueve son hombres) aumentó en 413.000 millones de dólares el año pasado; según las Naciones Unidas, esta cantidad es suficiente para financiar 11 veces la totalidad de su asistencia humanitaria mundial.”

Algunas de las zonas críticas del hambre en el mundo, como Afganistán, Etiopía, Sudán del Sur, Siria y Yemen, siguen asoladas por los conflictos, y han experimentado un drástico aumento de los niveles de hambre extrema comparado al año pasado.

Según un reciente análisis de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), más de 350.000 personas en la región de Tigray (Etiopía) viven actualmente en condiciones cercanas a la hambruna. Se trata de la cifra más elevada desde la registrada en Somalia en 2011, cuando 250.000 personas murieron de hambre. Se calcula que más de la mitad de la población yemení vivirá una situación de crisis alimentaria o peor a lo largo de este año.

La inseguridad alimentaria también se ha agravado en países de renta media como India, Sudáfrica y Brasil, que se han convertido en zonas emergentes del hambre, y donde se han producido algunos de los aumentos más drásticos de casos de COVID-19.

Países vulnerables

El informe incluye algunos ejemplos de zonas críticas, como Brasil, India, Yemen, Región de Sahel y Sudán del Sur.

En Brasil, las medidas para frenar la propagación del virus obligaron a cerrar los pequeños negocios, y más de la mitad de la población trabajadora del país perdió su empleo. La pobreza extrema se ha triplicado, pasando del 4,5 % al 12,8 %, y cerca de 20 millones de personas se han visto arrastrados al hambre. El Gobierno federal solo ha garantizado ayudas para 38 millones de familias vulnerables, por lo que millones de familias más se han quedado sin ningún tipo de ingreso mínimo para sobrevivir.

Respecto a India, el aumento vertiginoso de los casos de COVID-19 ha arrasado la salud pública y los ingresos en el país, sobre todo para las trabajadoras y trabajadores migrantes y las agricultoras y agricultores, que se vieron obligados a abandonar sus cultivos. Más del 70 % de las personas encuestadas en 12 estados del país afirmó haber tenido que reducir la cantidad de alimentos que consumen al no poder comprar comida. Asimismo, el cierre de las escuelas ha privado a 120 millones de niñas y niños de su principal comida del día.

Los bloqueos, el conflicto y la crisis de carburante en Yemen han provocado que el precio de los alimentos básicos se haya más que duplicado desde 2016. La ayuda humanitaria ha caído a la mitad, limitando la repuesta de las organizaciones humanitarias y dejando a cinco millones de personas sin acceso a ayuda alimentaria. El número de personas que viven en condiciones cercanas a la hambruna se ha casi triplicado, llegando a 47.000 en julio de 2021.

El informe también recoge el caso de la región del Sahel. En los países más afectados por los conflictos, como Burkina Faso, se produjo un aumento de los niveles del hambre del 200% entre 2019 y 2020. El recrudecimiento de la violencia en la zona central del Sahel y en la Cuenca del Lago Chad ha obligado a 5,3 millones de personas a huir de sus hogares, y ha provocado la mayor inflación del precio de los alimentos de los últimos cinco años. La crisis climática no ha hecho sino agravar la situación: el número de inundaciones se ha disparado un 180% desde 2015, arrasando los cultivos y mermando los ingresos de 1,7 millones de personas tan solo el año pasado.

Diez años después de la declaración de independencia de Sudán del Sur, más de 100.000 personas viven en condiciones cercanas a la hambruna. La violencia crónica y las inundaciones interrumpieron la actividad agrícola y forzaron a 4,2 millones de personas a huir de sus hogares. Por el momento, no se ha movilizado siquiera el 20% de los 1680 millones de dólares del llamamiento humanitario de las Naciones Unidas para Sudán del Sur.

Proyectos internacionales

Mulu Gebre, de 26 años, que tuvo que huir de su ciudad en Tigray (Etiopía) cuando estaba embarazada de nueve meses, ha contado a Oxfam Intermón: “Vine a Mekele porque me habían dicho que aquí daban comida y leche a los niños pequeños. Cuando llegué, no pude encontrar comida ni siquiera para mí. Necesito comida para mi hijo, que solo tiene cuatro meses y nació bajo de peso.”

Benavides añade que “las personas que trabajan en el sector informal, las mujeres, las personas desplazadas y otros grupos marginados se ven desproporcionadamente afectados por los conflictos y el hambre. Las mujeres y las niñas están especialmente afectadas ya que, a menudo, comen menos y son las últimas en hacerlo. Se ven enfrentadas a dilemas imposibles, como tener que elegir entre ir al mercado y arriesgarse así a sufrir agresiones físicas o sexuales, o bien contemplar cómo sus familias pasan hambre.”

Desde la irrupción de la pandemia, Oxfam Intermón ha apoyado a cerca de 15 millones de las personas en situación de vulnerabilidad en varias zonas del mundo con asistencia alimentaria, transferencias de efectivo y agua apta para el consumo, así como con proyectos específicos para apoyar a las familias agricultoras. Trabajamos en colaboración con más de 694 organizaciones socias en 68 países.

La organización también ha puesto en marcha la campaña Plántate donde denuncia que la mitad de la población mundial solo es responsable del 10% de las emisiones causantes del cambio climático. De hecho, África contribuye con menos del 5% de las emisiones globales y, sin embargo, sufre los mayores impacto de esta doble crisis – alimentaria y climática-. Oxfam Intermón trabaja para minimizar los efectos que el cambio climático tiene sobre las personas más vulnerables.

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