El legado de Isabel II: un Imperio que nunca existió

Desde el fallecimiento de la monarca de uno de los imperios coloniales con mayor influencia del siglo XX las grandes empresas de comunicación nos han machacado con noticias y reportajes. Pero, ¿Por qué este alarde informativo en el que apenas se nos ha transmitido información crítica? Recordamos algunas de sus vergüenzas reales.

La reina Isabel II, en una imagen de 2015. Foto: Scottish Government (CC BY 2.0)

Declaro ante ustedes que mi vida entera, ya sea larga o corta, será dedicada a nuestro servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial a la que todos pertenecemos

En la última semana desde el fallecimiento de Isabel II, las grandes empresas de información nos han machacado con noticias y reportajes sobre la Reina, el heredero, los protocolos fúnebres y hereditarios y otro montón de cuestiones en relación a su muerte. Es algo que a nadie se le ha escapado. La prensa se ha volcado con este hecho histórico: informativos locales desde Londres, corresponsales en el Palacio de Balmoral o aperturas especiales desde Buckingham. Pero, ¿Por qué este alarde informativo en el que apenas se nos ha transmitido información crítica?

Toda la información crítica que nos ha llegado ha estado en relación con la vida pasada del actual rey, Carlos III, siempre en cuanto a su vida privada, y nunca política. Por supuesto, esta crítica terminaba siempre con una afirmación: El pueblo lo ha perdonado, lo acepta y lo quiere como rey. Good save de King, the show must go on. Un perfecto lavado de imagen de Isabel II, de Carlos III y, por qué no, ya de paso, de ocultación de la realidad social del Reino Unido y de legitimación de las decadentes monarquías europeas. Y es que, el gobierno británico, como veremos tiene una gran experiencia en ocultar sus vergüenzas reales e imperiales.

Setenta años de reinado dan para mucho. Mas si pasan siendo la jefa de Estado de uno de los imperios coloniales con mayor influencia del siglo XX. Y a eso vamos. ¿Fue Isabel II adalid de la neutralidad política, como tanto se han esforzado en transmitirnos estos días? Si bien es cierto que el Imperio Británico fue más económico que político, a diferencia del francés, no significa que su política económica fuese neutral, pues la política económica nunca lo es, y más en este caso, que estuvo dirigida a enriquecer a magnates británicos y a garantizar la riqueza de la metrópoli a costa del expolio de las colonias, y de la tortura y el asesinato de población nativa cuando fue menester para garantizar la integridad del Imperio.

Imperio británico. Wikimedia.

Tras la desintegración del Imperio y la descolonización, las antiguas colonias siguieron, de una forma u otra, ligadas al Reino Unido a través de la Commonwealth o Comunidad de Naciones. Cuando Isabel II accede al trono (junio de 1953), el Reino Unido ya es un Imperio en desintegración y con un proceso de descolonización bien avanzado. Sin embargo, no sería hasta 1997, cuando Hong Kong fue devuelto a China, con quien concluiría, según algunos historiadores, la descolonización. En la actualidad el Reino Unido cuenta todavía con 14 territorios de ultramar, algunos de ellos en disputa con otros estados, como las Islas Malvinas, Gibraltar o Akrotiri y Dhekelia.

Estructura de la Mancomunidad de Naciones. Metrocosm.

Operación Legado (Legacy Operation)

Si hoy el imaginario popular acepta que la descolonización británica fue un proceso legal, limpio y siguiendo los cánones de la caballerosidad británica, es entre otras cosas, debido al proceso de limpieza documental que el Imperio Británico llevó a cabo mediante la Operación Legado. Esta fue desarrollada desde el final de la 2ª Guerra Mundial hasta los años 60 en 37 territorios ocupados por el Imperio. La Operación consistió en destruir toda prueba o documento marcado como secreto. El volumen total de documentos destruidos, conocidos como migrated files se calcula en unos ocho mil ochocientos, frente a los legacy files, que sí se entregaron a los nuevos gobiernos independientes.

El gobierno británico mostró la Operación como un proceso natural en la transición de poder hacia los nuevos estados descolonizados. Sin embargo, tras ese proceso de eliminación documental se ocultaron las pruebas de la represión, las torturas y los asesinatos de miles de nativos durante los siglos de dominación británica.

Y es que, no podía salir a la opinión pública que una de las potencias democráticas que había contribuido a la derrota del nazismo, llevara a cabo en sus colonias prácticas que nada tenían que envidiar a las del III Reich alemán. Sin embargo, en 2011, según el historiador Miguel Ángel Ferreiro, se descubrieron 307 cajas llenas de documentos que habían sobrevivido a aquella limpieza. “La controversia que se originó obligó a abrir una investigación oficial sobre el porqué de mantener aquello en secreto. La respuesta se convirtió en un escándalo aún mayor”, afirma otro historiador, Jorge Álvarez, de LBV.

Entre la documentación se encontró un telegrama del 3 de mayo de 1961 en el que se daban instrucciones sobre cómo rescatar y deshacerse de documentos oficiales en países recientemente independizados. En las ordenes se insistía en la necesidad de deshacerse de aquellos documentos que pudiesen “avergonzar (…), comprometer, o ser utilizados de forma incorrecta por las nuevas autoridades nacionales”, así como en la importancia de eliminar pruebas que se pudieran interpretar como actos de racismo o de cuestiones religiosas.

En todo caso, el MI5 y la Special Brach (servicio de inteligencia para el interior del país y unidad de inteligencia centrada en la seguridad nacional dentro del ámbito de la Commonwealth, respectivamente) no eliminaron tan solo aquellos documentos de índole penal, sino todo lo que reflejara algún tipo de inconveniente para la reputación de la corona, por leve que fuera. Muchos documentos fueron sustituidos por otros falsos fabricados ex profeso.

Sigue Ferrero señalando que en las instrucciones se dejaba claro que “ningún nativo podía participar de esta operación depuratoria, excepto miembros del gobierno sujetos a descendencia británica en Europa”. Y es que, lo importante era que, para el bien de la reina, ninguna nueva administración independiente se hiciese con material que pudiese “perturbar el gobierno de Su Majestad”. En palabras de Ferreiro, ese sería su legado: Nada.

Prisioneros kenianos.

Uno de los casos más conocidos de represión británica es la llevada a cabo sobre la guerrilla del Mau Mau, en Kenia. En este caso, la documentación encontrada en 2011, también revela la destrucción de los archivos de inteligencia sobre Kenia, donde se mencionaban las torturas y abusos que sufrieron los guerrilleros del Mau Mau durante los años de guerra de liberación contra el Imperio Británico (1952-1960). Con el descubrimiento de esta documentación, antiguos guerrilleros Mau Mau demandaron al gobierno británico que fue condenado en 2013 a indemnizar con 23 millones de dólares a más de 5200 kenianos víctimas de torturas, ya fuesen guerrilleros o prisioneros asesinados a palos en el campo de concentración de Hola, o en Adén (actual Yemen), donde el Imperio tenía un centro secreto de tortura, que conocía el gobierno de Londres, y donde muchos kenianos fueron ejecutados o castrados.

Los legajos descubiertos sobre Kenia fueron de los más importantes ya que, además de permitir la demanda millonaria, gracias a ellos se descubrieron los métodos sistemáticos de tortura puestos en práctica en los años 50, para sonsacar información a los detenidos. Son las conocidas como las cinco técnicas, que fueron recuperadas décadas después en la lucha contra el republicanismo en el Norte de Irlanda: Obligar a mantener posiciones incómodas, cubrir la cabeza con una capucha, someter a ruido continuo, impedir dormir y privar de alimento y bebida. “Todo ello siguiendo el plan Cowan (apellido del comisionado de prisiones), que autorizaba el trabajo forzado y el uso ilegal de la violencia contra los reos”, señala Álvarez.

Así mismo, en la documentación encontrada, se señala un viaje realizado en Malasia por cinco camiones cargados de documentación, con información sobre los 24 trabajadores de las plantaciones de caucho, asesinados por soldados británicos en 1948 en Batang Kali, durante la lucha contra las guerrillas comunistas. Un caso bien documentado y que cuenta incluso con un documental sobre los hechos.

Cartel promocional del documental sobre la masacre de Batang Kali de 1948.

Cuando se independizó la India (1947), Isabel II todavía no había subido al trono, sin embargo, toda la documentación relacionada con la presencia británica en la India también fue destruida. Por entonces, según Ferrero, la prensa local ya publicó docenas de titulares acusando a los funcionarios británicos de quemar cientos de documentos en Delhi. Muchos de estos documentos no se pudieron trasladas al crematorio especial para documentación, que el imperio tenía instalado en la base de la Royal Navy, en Singapur, por lo que las instrucciones para los papeles de la India decían que se quemaran o arrojaran “al mar a la distancia máxima posible de la costa”. Sin embargo, las matanzas de la India ya habían sido señaladas por la prensa internacional, como la de Amritsar, en 1919.

La isla de Diego García sigue siendo territorio británico, por ello Ferrero señala que “la documentación incinerada sobre esta isla fue seleccionada cuidadosamente”. Se cree que podrían haber sido destruidos los planes de depuración que EEUU solicitó al Reino Unido en los años 60 como condición para alquilar la isla como base militar, donde se pedía la expulsión de los 1800 nativos y la destrucción de la fauna, como así se hizo. Hoy la isla sigue arrendada a EEUU hasta el año 2036.

En la documentación encontrada en 2011 se conserva un parte de 1960, en el que un oficial señala que “(…) en Tanganica el trabajo se dejó hasta casi el último minuto, con el resultado de que se hizo demasiado apresuradamente”, por lo que se cree que en la zona de Uganda y Tanganica la destrucción de documentación ya se llevaba realizando desde antes de 1961. El investigador japonés Shoei Sato localizó un acta de 1960 en la que se discutía sobre la selección de documentación a destruir para ocultar de ese modo la vergüenza del Imperio en Uganda y Tanganica. Así pues, se especula que la documentación podría contener información sobre el uso de nativos tanganicanos en las minas de oro sudafricanas hasta bien avanzados los años 60.

Entre los documentos calificados como de alto secreto, además de los mencionados, se encontraron otros que, según Jorge Álvarez, trataban los casos de rebelión antibritánica de la EOKA en Chipre, rebelando que los británicos nunca tuvieron interés en la negociación, y que incluso tenían previsto el destierro a las Seychelles de Makarios, el principal negociador. U otros que ocultaban las actividades de contrainsurgencia contra grupos armados de lo que después fueron Uganda, Nigeria y Sierra Leona, que estaban clasificados como Top secret independence records 1953 to 1963 y que fueron destruidos en 1992. En los Migrated files aparecía documentación que revelaba, como hemos señalado más arriba, prácticas poco adecuadas para una potencia democrática vencedora en la II Guerra Mundial. Así, como señala Álvarez, los documentos “reseñaban el plan para usar gas venenoso contra los indígenas de Bechuanalandia (actual Botsuana), que finalmente no se realizó debido a que se echó encima la temporada de lluvias, aunque ya estaba elegida la zona para las pruebas (el salar de Makgadikgadi)”.

En 2013, después de las reticencias iniciales del gobierno de Cameron, se comenzaron a desclasificar los documentos de la Operación Legado, que pasaron a los Archivos Nacionales, con sede en Kew (Londres).

Las finanzas de la reina

Tras su legado, la nada en las colonias, como si no hubiese existido un Imperio Británico que expolió, torturó y asesinó, parece que las fianzas de la Corona han de pasar a un segundo plano. Sin embargo, no debe ser así, ya que no sería descabellado pensar que buena parte de esta hacienda se haya construido sobre la explotación y la acumulación de capital proveniente de aquellas colonias.

A su muerte Isabel II ha acumulado una fortuna de 427 millones de euros según una estimación del Sunday Times en 2022. Según Naiz: los gastos oficiales durante el año financiero ascendieron a 86 millones de libras. La Sovereing Grant, es la dotación anual que el gobierno destina a la casa real, la cual equivale a un 15% de las ganancias del Crown Estate, una cartera financiera con propiedades y otros activos. Además de la destinación estatal, la Reina contaba con la Privy Purse, o sus ingresos privados, que provienen sobre de la finca del ducado de Lancaster, pero también de 315 residencias, locales comerciales en el centro de Londres o miles de hectáreas agrícolas. En el ejercicio 2020-21 el ingreso fue de más de 20 millones de libras. Además de estos ingresos, hay que tener también en cuenta los premios en apuestas deportivas y las joyas de la Corona, valoradas en 3000 millones de libras. Por supuesto, todo este patrimonio es acompañado de la evasión fiscal, y es que el Consorcio Internacional de periodistas de investigación (ICIJ) radicado en EEUU reveló que la Reina depositó 10 millones de libras en los paraísos fiscales de Islas Caimán y Bermudas, ambos territorios británicos de ultramar.

Actuales territorios británicos de Ultramar. Wikimedia.

Dead dogs, don't bite

Como hemos visto, los recursos invertidos en mostrar al mundo un Imperio Británico ejemplar, fueron ingentes. Algo similar ocurrió con su proceso de descolonización, que no fue ni voluntario ni altruista, sino fruto de las dinámicas geopolíticas de posguerra. Su retirada precipitada, perennizó conflictos generados por el propio Imperio, llegando muchos de ellos hasta la actualidad.

Quizás el más dramático a día de hoy sea el conflicto entre Israel y Palestina, que sigue enquistado después de muchos años de haberse creado el estado de Israel (1948) en los territorios palestinos, administrados por el Reino Unido hasta ese año. Otros conflictos se encuentran en una situación de impasse, sin embargo, durante el siglo XX tuvieron puntos álgidos de enfrentamiento y/o tensión. Así fue en el Raj Británico, que se dividió en tres estados según la religión dominante: La India, Pakistán y Birmania. Las excolonias africanas se caracterizaron por sus guerras civiles o interétnicas. Ese fue el caso de Uganda, Nigeria o la Sudáfrica del Apartheid. Otros nuevos estados, como Somalia, han llegado al siglo XXI con índices alarmantes de pobreza y subdesarrollo.

Más allá de las colonias, a escasos kilómetros de Londres, el caso del norte de Irlanda es único, pues fue uno de los conflictos armados de más larga duración en territorio europeo. En 1998 se firmaron los acuerdos de Viernes Santo, sin embargo, a día de hoy su capital, Belfast, sigue dividida por un muro que separa a la comunidad unionista de la republicana.

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