Edu Lucas: "Tenemos que seguir, no hay otro camino. El exterminio de Palestina continúa"

Tras su regreso de la Global Sumud Flotilla, Edu Lucas, activista internacionalista y sindicalista de la IAC, relata cómo intentaron romper el bloqueo de Gaza y por qué la lucha por Palestina sigue siendo una urgencia que exige acción y solidaridad internacional. “Somos voceros. La voz es Palestina”, afirma, quitándose protagonismo, porque “para nosotros siempre están por delante las necesidades del pueblo palestino”.

Edu Lucas, antes de la charla organizada en Zaragoza por el CUT | Foto: AraInfo

Eduard Lucas (Barcelona, 1967) es trabajador sanitario y responsable de la Secretaría de Relaciones de la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC). Internacionalista y navegante con experiencia en otras flotillas que han intentado romper el bloqueo israelí sobre Gaza, fue una de las 500 personas que se embarcó recientemente en la Global Sumud Flotilla. Este jueves volvió a Zaragoza, al local de la Asociación Vecinal San José, invitado por el CUT, para contar su experiencia y seguir alzando la voz contra un genocidio que aún continúa. “La Global Sumud Flotilla no ha sido ni la única ni la más importante. Ha sido una más. En el mar no éramos nadie sin la gente presionando en tierra”, dijo durante la charla ante medio centenar de personas. Sufrieron malos tratos, pero Lucas no quiere poner eso por delante del sufrimiento diario del pueblo palestino. Antes del acto, pudimos hablar con él.

¿Conociendo los riesgos que se enfrentaban, qué te empujó a formar parte de la flotilla? ¿Fue una decisión individual o una apuesta colectiva dentro de vuestra militancia?

La convicción y la determinación. Era un momento crucial, vital y necesario. Entre otras cosas, porque los compañeros de Gaza nos estaban pidiendo que diéramos un paso más allá, que necesitaban que los medios de comunicación se hicieran eco de la situación que estaban teniendo y que la comunidad internacional reaccionara. Entonces, frente a esa solicitud, estuvimos dándole vueltas a ver qué situaciones podríamos generar para dar salida a esta necesidad.

Se nos ocurrió en principio la Marcha a Gaza, por tierra, donde llegamos al Cairo. Fue un punto de inflexión, porque ahí colocamos a 4.000 personas dispuestas a ir andando hasta Gaza. 7.000 venían en el convoy del Magreb, que atravesaba Libia con autobuses; 1.000 venían de Turquía y la Flotilla la Libertad había hecho zarpar un barco, el Madleen, que llegaba también a Gaza.

Esa confluencia —que terminó con una represión brutal, tanto en Libia como en Egipto como en la intercepción que padeció el buque— nos hizo volver a sentarnos. Nos reunimos en Túnez, justo después de El Cairo, con la determinación de que teníamos que hacer algo igual de grande o mucho más grande, con más repercusión aún, pero con la misma capacidad de convocatoria. Así, decidimos tirar al mar el máximo de barcos posible, que tenía que ser la flotilla más grande hasta el momento.

¿Había realmente sensación de que se iba a poder llegar a Gaza y romper el bloqueo, o el objetivo —con los pies en la tierra— era, al menos, visibilizar la represión ejercida por el Estado de Israel?

La determinación de llegar a Gaza era importante, pero para nosotros siempre están por delante las necesidades del pueblo palestino. Y eso, llegando a Gaza, no se resuelve. Pero haciendo una campaña sostenida en el tiempo que tuviera repercusión mediática y que denunciara la situación que estaba padeciendo el pueblo palestino, ya estaba cumpliendo su objetivo.

“Los compañeros de Gaza nos estaban pidiendo que diéramos un paso más allá”

El Gobierno español sacó pecho desplegando un buque militar para “auxiliar” a las personas integrantes de la Flotilla. Desde dentro, ¿cuál fue realmente el papel de ese despliegue?

Esta es una de las cuestiones que hemos puesto encima de la mesa, casi desde el primer día, en todos los medios de comunicación que nos han preguntado. Primero, el Estado español no mandó una fragata: mandó una corbeta. La diferencia es significativa. La fragata es un buque de guerra; la corbeta es un buque auxiliar. Y eso lo que quiere decir es que no iba a entrar en conflicto.

No obstante, aun no queriendo entrar en conflicto, la perversión fue mucho mayor, porque la corbeta es un barco militar que, siendo auxiliar, puede navegar a 25 nudos. Ten en cuenta que nuestros barcos eran unos barcos paupérrimos, muy primarios. No teníamos la mejor tecnología ni estaban lo más capacitados para poder ir a una velocidad importante. Y nosotros hacíamos como los ñus: íbamos a una velocidad necesaria para recoger hasta el último velero. Para ello teníamos que trabajar a cuatro nudos. La corbeta trabaja a 25. O sea, en apenas cuatro días podían recorrer el mismo trayecto que nosotros.

Sin embargo, la corbeta nunca nos llegó a coger porque la tiraron a mar a 12 nudos en vez de a 25 y, encima, la hicieron parar en Creta para repostar. Parece ser que se habían olvidado de poner gasolina, que debe ser algo común en la Armada del Estado español. Tan absurdo como eso. De hecho, no tuvimos ninguna notificación por parte de la corbeta. La única notificación que tuvimos fue a través de nuestro barco auxiliar. Sí que tuvimos presencia de dos fragatas italianas, que nos abandonaron a 130 millas de llegar a Gaza.

Y esto tiene una repercusión política importante. Apostar por una corbeta y no por una fragata es un punto de inflexión para saber hasta dónde van a llegar. Abandonarnos a 130 millas es determinante por lo que significa, por su carácter político, por la convicción a la hora de hacer las cosas. ¿Por qué? Porque los países que tienen reconocido el Estado de Palestina tendrían que reconocer inmediatamente las aguas territoriales palestinas. Con lo cual, en el momento que reconoces el Estado palestino tendrías que estar abriendo el corredor humanitario, puesto que reconoces sus aguas.

Esto no lo están haciendo porque tendrían que entrar en conflicto directo con Israel. En el caso de nosotros, al ir hacia Gaza, tendrían que estar custodiándonos. ¿Por qué? Porque los barcos que tienen banderas de países que tienen reconocido al Estado palestino podrían ser atacados, y si son atacados por un tercero tendrían que invocar a la OTAN. Entonces sería la OTAN la que iría contra Israel.

Claro, esto —yo que no soy pro-OTAN, pero juego con sus propias leyes y estupideces— lo tenemos que poner encima de la mesa para mostrar sus incoherencias. Es decir, sus juguetes les sirven hasta donde quieren que les sirvan y sus leyes sirven hasta donde quieren que sirvan. No quieren el enfrentamiento, por tanto no provocan el enfrentamiento. Dejan que sus soberanías sean mancilladas porque barcos con banderas, por ejemplo, del Estado español, fueron secuestrados y el Estado español cayó: no invocó a absolutamente nada.

Es que os acusaron de “entrada ilegal” en el Estado de Israel, pero la detención —o, más apropiadamente, el secuestro— se produjo fuera de las aguas reconocidas como israelíes. ¿Cómo es posible sostener esa acusación?

Es una trayectoria habitual. Barcos que se han mandado hacia Gaza parten desde el 2007. Las intercepciones acostumbran a realizarse en aguas internacionales. Por tanto, el Estado sionista lo que hace es piratería.

Pero no solo eso. Tenemos casuísticas importantes, como 2010: el Mavi Marmara fue atacado por comandos israelíes. Diez muertos, más de 60 heridos, en aguas internacionales. Este mismo año, cuando estábamos a punto de embarcar desde Malta a aguas internacionales, dos misiles fueron disparados por dos drones torpedeando el casco y el generador del barco.

En esta última misión, la Global Sumud Flotilla, tuvimos dos ataques con bombas incendiarias en dos días distintos, en Túnez, vulnerando la soberanía de Túnez. Posteriormente, en aguas internacionales saliendo de Sicilia, tuvimos 18 detonaciones con bombas que llevaban líquidos corrosivos. Por tanto, sabíamos que íbamos a ser interceptados. Lo sabía toda la comunidad internacional y aun así lo permitió. ¿Por qué no pasa nada? Pues porque no conviene.

Cuando nos abordan y nos secuestran, nos envían a un puerto israelí. Allí, aparte de tenernos en el suelo, ser objeto de brutalidad policial, de un menosprecio absoluto y malos tratos continuos, nos dan un papel en hebreo donde pretenden que firmes que has entrado de forma ilegal. Eso ya lo tenemos protocolarizado. Tenemos una formación para la resistencia no violenta y también estamos preparados para toda esta historieta.

El primer documento lo rechazamos; el segundo lo rechazamos; y el tercero, que tiene que ser en una lengua que tú entiendas, lo que te viene a decir es que tú aceptas la deportación vía rápida. A gente, por ejemplo, que estaba con enfermedades crónicas, le dijimos que lo firmase porque sabíamos que en prisión no iban a darles la medicación. O, por ejemplo, a gente de comunicación, periodistas, también para dar cobertura a todo lo que se estaba pasando.

Y ahí es donde ellos [el Estado sionista] se hacen fuertes: a través de la coacción. O sea, yo soy secuestrado en aguas internacionales, me llevas a un puerto israelí y, encima, pretendes que yo diga que he entrado ilegalmente. Eso les exime a ellos de cualquier carga. Por eso nos negamos a firmar, aunque nos amenazaban con tenernos un mes más en las cárceles de alta seguridad israelíes.

“Lo que hace el Estado sionista es piratería”

Eso te iba a preguntar. Aun sabiendo que tú eres blanco y occidental y que no te ibas a quedar allí de por vida... ¿Cómo fue el paso por las cárceles del régimen sionista?

Sí, efectivamente. Tampoco le damos mucha cancha a esta situación porque, evidentemente, no fue ni cómoda ni fue agradable. Y los malos tratos existieron. Pero nos ponemos en la piel de aquellos que son verdaderamente protagonistas, que son los palestinos y palestinas que están llenando las prisiones. Ellos no tienen el soporte internacional, no tienen a la gente en las calles.

Nosotros veíamos en las caras que pretendían hacernos muchas más cosas de las que nos estaban haciendo, pero seguramente tenían órdenes concisas de que eso no podía ser. De hecho, a uno se le escapaba y decía: “Si pudiéramos…”. Pero siempre tenemos que poner el foco donde está lo importante. Lo que hemos podido sufrir nosotros no es ni una décima parte de lo que sufre la población palestina que está prisionera.

¿Qué ha ocurrido con las embarcaciones? ¿Israel ha dado alguna explicación por su retención?

Las embarcaciones, protocolariamente, lo que hace el Estado sionista es decomisarlas, según dicen ellos. Para nosotros: un secuestro, una apropiación indebida. Ahora se abre un periodo jurídico donde vamos a denunciar al gobierno sionista por apropiación indebida de bienes, a la vez que nuestros secuestros y los malos tratos sufridos y vejatorios.

Pero allí, ellos están tramando un discurso propio. Ya existe una sentencia donde han tenido que devolver dinero de una embarcación expropiada indebidamente. Cuando estábamos en prisión, secuestrados, iban avisando a gente para saber si eran capitanes o no eran capitanes. Les querían hacer firmar un escrito donde decían que habían incumplido las órdenes de los militares israelíes y que habían entrado ilegalmente el barco en el país israelí, según decían ellos. Con eso se eximen de culpa. Claro, los capitanes se negaban a firmar. Pero cuando salían por la puerta, la policía israelí firmaba el papel. A estos niveles llegamos. Ahora vendrá una batalla legal que no será ni fácil ni corta.

“Lo que hemos podido sufrir no es ni una décima parte de lo que sufre la población palestina”

Edu Lucas, junto a Chabier Anadón (CUT), durante la charla en la vecinal de San José | Foto: AraInfo

Tras el secuestro de las personas integrantes de la Flotilla, hemos visto cómo el Plan Trump se ha ido asentando como hoja de ruta para buena parte de la comunidad internacional. ¿Qué lectura haces de esta aceptación y de sus consecuencias para Palestina?

La comunidad internacional, o el amo del mundo —Trump—, y sus secuaces, incluso el sionismo, se han visto obligados a mover pieza cuando la presión internacional ha sido más grande que nunca. La Global Sumud Flotilla ha sido una parte, pero, sobre todo, lo más importante ha sido la presión en las calles: en todo el mundo saliendo a la calle.

De hecho, si la gente de la flotilla estamos enteros y nos han hecho menos de lo que quisieran, ha sido por la presión de la gente. Espacios de protesta como en La Vuelta ciclista: la repercusión que tuvo fue brutal. El hecho de que en todo el mundo se esté intentando boicotear los equipos deportivos israelíes. Todo ese caldo de cultivo ha hecho que muevan pieza. Una pieza absurda, incluso negligente, en el sentido de que es una parodia, porque hablan de proceso de paz cuando es una falsa tregua, absolutamente falsa. En fases que se están incumpliendo desde el minuto uno: 500 incumplimientos del alto el fuego, denuncian las ONG. 324 muertos. Si esto es una tregua, cómo será la guerra.

Lo que pasa es que se ven obligados a esto y, en parte, les está funcionando porque la población ha bajado un poco los brazos, pensando que eso podría ser una solución. Y los medios de comunicación no están dando la batalla.

Una de las cosas que me está pasando ahora es que llevo casi 40 años de activismo y no estoy acostumbrado a que los grandes medios de comunicación den cobertura de aquello que hacemos. Esta vez han sido minutos de radio, minutos de televisión, crónicas y, además, muy bien tratados. Claro, yo les decía: “¿De verdad tengo que poner en riesgo mi vida para que tú hagas tu faena?”. O sea, tienes que darle más importancia a mi vida —la de un blanquito acomodado— que a 70.000 muertos en Palestina. Me parece terrible.

Y, por otro lado, decirles: si tú estuvieras haciendo tu faena cada día, seguramente yo no me tendría que poner en peligro. Pero para dar cobertura a esto, tenemos que hacer la de Dios. Es paradójico, pero real. Es lamentable. Y, en este caso, creo que la falsa tregua está gozando también de esta mala función que hace alguno de sus historias.

Aunque los medios no hablen de Palestina como antes, el genocidio continúa. ¿Hay intención de poner en marcha una nueva Flotilla o alguna otra acción internacional para romper el bloqueo?

Sí. Automáticamente. Hay una cosa que está clara: no se puede hablar de proceso de paz sin la participación de Palestina. No se puede hablar de proceso de paz sin territorios. Se está excluyendo toda Cisjordania de este hipotético proceso de paz. Cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento geográfico o histórico y compare lo que era Cisjordania en 1948 a lo que es ahora, ve que ha quedado reducida a un simple archipiélago.

Cada día estamos viendo muertos en Cisjordania, asentamientos de colonos que se apoderan de los campos y de las tierras palestinas, bulldozer que van arrasando pueblos enteros. ¿De qué paz estamos hablando? Porque no ha acabado el genocidio. Es un genocidio que se pretende hacer en toda Palestina y, de hecho, se está haciendo sistemáticamente en toda Palestina.

No vamos a parar. Y ya hay previstas nuevas movilizaciones internacionales mundiales. Una de ellas es generar una nueva flotilla, lo más grande posible, incluso que supere a la última y, si puede ser, doblando mucho mejor y con todas las fuerzas.

“El Plan Trump es una parodia, hablan de proceso de paz cuando es una falsa tregua”

Ante la sensación de impotencia que muchas personas sienten en Europa, ¿qué formas de solidaridad real y efectiva crees que podemos impulsar desde aquí? ¿Qué mensaje trasladarías a quienes no quieren permanecer indiferentes?

El éxito de la Global Sumod Flotilla no está en las 500 personas que subimos a los barcos. Las 500 personas que subimos a los barcos somos actores no protagonistas. Somos voceros, no somos la voz. La voz es Palestina. Y todo lo que nos acompañó en la lucha fue lo que nos posibilitó que a nosotros nos fuera tan bien o tan mal como nos fue.

Es decir, la gente que no subió al barco pero estuvo participando activamente en tierra, incluso, fue muchísimo más importante que nosotros, porque sin la gente de tierra nosotros no éramos nada. Éramos un objetivo frágil en el mar y fue la gente en todo el mundo, en todas las movilizaciones, cómo salían a la calle, cómo presionaron a sus gobiernos, las que permitieron que la cosa fuera así y no fuera más. Es la manera de ayudar, porque son ellas las protagonistas. Ellas sí que fueron protagonistas y es así como ayudamos al pueblo palestino.

El pueblo palestino nos pidió que hiciéramos algo más que aportar dinero para agua y comida. Porque, llegado a ese extremo, la gente de Gaza nos decía que la comida se está pudriendo, el agua no llega, los recursos no llegan porque los tienen paralizados. Montar un pollo lo más grande posible, que cambie la metodología, que los medios se vean obligados a hablar, que los gobiernos tengan que participar aunque no quieran.

Por lo tanto, ellos han sido muchísimo más protagonistas que nosotros. Nosotros pusimos el cuerpo, de acuerdo, pero las fuerzas las pusimos entre todos. Y yo les pediría que siguieran haciendo exactamente lo mismo. Esto no ha acabado y tenemos que seguir, porque no hay otro camino. El exterminio de Palestina continúa, no se ha parado. Los muertos siguen, el hambre se utiliza como arma de guerra. Nada ha acabado.


Más información del genocidio en Palestina en este especial.

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