Dame tu mano y silba

10 de septiembre: Día Internacional de la Prevención del Suicidio

Foto: Angela Roma, Pexels

Deja que te cure el llanto, que te dé aceite en las heridas, dame el tiempo necesario para poder volver a la vida. Permite que escuche las lágrimas que te golpean en el pecho. Dame la mano un momento y te prometo que intentaré que tienda a eterno. Agárrate fuerte y no caigas, tiende las penas al sol que esta montaña es dura que llegaremos arriba las dos.

Como cada 10 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Prevención del Suicidio. Tanto las consecuencias como las causas del suicidio son un problema de salud pública, repercutiendo en los planos sociales, psicológicos y económicos. En el último año en España alrededor de 4.000 personas se suicidaron, necesitaban dejar de sufrir.

Las últimas noticias son esperanzadoras: tras cinco años se reducen las cifras y algunas acciones políticas dejan mejor sabor de boca, como pueden ser la conformación del Grupo Motor para la puesta en marcha del Plan de Acción de Prevención del Suicidio en España. Pero tal y como reclaman diferentes colectivos sociales, el compromiso para la prevención ha de ser cuestiones que afecten a toda la sociedad. La eliminación de los estigmas que siguen sobrevolando la Salud Mental son claves para poder trabajar más allá de los anuncios políticos que inundan el mes de septiembre.

De acuerdo a datos del propio Ministerio de Sanidad, prácticamente la mitad de las personas que se suicidaron en 2023 consumían ansiolíticos. Debemos pues seguir fomentando alternativas a la industria farmacéutica, impulsando más espacios terapéuticos y la inclusión de más profesionales de salud mental en el sistema público, dando a conocer recursos accesibles existentes en las comunidades autónomas para seguir trabajando desde un plano interdisciplinar en todo ello.

Sigamos hablando de suicidio, sigamos hablando de su prevención, no hacerlo es lo que hace que aumenten los casos, hablar de suicidio previene perder la vida. Por poner algún ejemplo, “Suicidio, el dolor invisible” es uno de los documentales más completos y de reciente estreno en España, donde se pone en marcha una ventana para dar a conocer tal problemática contando con la visión de diferentes profesionales que trabajan día a día en reducir las cifras, dando un altavoz para aquellas personas que han sobrevivido a un suicidio o para familiares que han experimentado la pérdida de un ser querido por causas autolíticas. Una puerta para la población en general, para reducir el estigma, para trabajar en prevención, para causar la alerta necesaria y urgente y frenar la problemática.

Ante la ansiedad, la tristeza o la depresión, que pueden ser antesala de un posible suicidio, es crucial actuar. Proteger la vida requiere el trabajo coordinado de profesionales de diversas áreas, como la psicología, la psiquiatría, el trabajo social o la enfermería así como de personas que han sobrevivido, vivido de cerca un caso de suicidio o son ciudadanía concienciada. Se trata de un engranaje complejo pero esencial, que involucra tanto al sistema sanitario como a los servicios sociales. Los factores de riesgo, ya sean psicológicos, sociales, culturales o derivados de experiencias personales, deben abordarse con calma pero con la firmeza necesaria para lograr una verdadera prevención y proteger la vida. La prevención será más efectiva cuanto antes se implemente, y para ello son indispensables la despatologización social, la detección temprana y un enfoque integral.

Más allá de este 10 de septiembre, con la vista puesta al futuro, tomemos parte activa social, desde la conciencia colectiva. No se trata solo de llevar símbolos, lazos en la solapa, de inundar las redes sociales o de escribir artículos como este, que sin duda ayudan, visibilizan y crean conciencia, pero no son suficientes, va de asumir responsabilidades y más allá: va de proteger la vida a través de la acción, generando políticas comunes con la inteligencia suficiente para que las palabras vuelvan a ser una herramienta para salvar vidas. Hablemos, sigamos conversando, no solo en estos días, sino de manera continua, abordando, comprendiendo, previniendo y sanando. Solo así podremos enfrentar una problemática que todos debemos asumir como propia. Seamos quienes acompañan, quienes se dejan acompañar, una red colectiva que da la mano para curar las heridas, quienes tienden la ayuda cuando la montaña es rocosa, alta y la cima parece lejos, desde arriba, tras un esfuerzo arduo, las vistas, que desde abajo no se ven, pueden ser impresionantes y cuando llegues, cuando tomes aire: silba, habrá quien pueda escucharte.

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