Crítica a la Ley Europea de Materias Primas Críticas

La presidenta Von der Leyen ha dicho: “Asegurémonos de que el futuro de la industria se haga en Europa”, pero no ha dicho a qué precio será si se aprueba esta ley. Habla de soberanía económica pero se olvida de la sostenibilidad medioambiental y social. Un proyecto de ley a la medida de los oligopolios.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea | Foto: @vonderleyen

La transición energética hacia un futuro de energías renovables será necesaria por cuatro motivos fundamentales:

  1. Por la escasez de combustibles fósiles o minerales baratos y las consecuencias derivadas: especulación, alza de precios, revueltas, guerras...
  2. Por el aumento de temperaturas que está produciendo a nivel planetario y que están cambiando las condiciones ambientales y el equilibrio atmosférico y marino.
  3. Por la emisión asociada de gases tóxicos para la vida, que están afectando gravemente a la salud humana (y del resto de seres vivos), especialmente donde más se concentra la población, las ciudades, que ya acogen al 57% de la población mundial (90% en la península arábiga y entorno, 75% en Europa -Estado español 81%, Dinamarca 88%- y 82% en América; 81% en los países ricos frente a 34% en los pobres). Supone un alto coste económico y un terrible estrés para los servicios sanitarios que han ido sufriendo una progresiva privatización y deterioro.
  4. Por la subsistencia de la biodiversidad, totalmente necesaria para el equilibrio de los ecosistemas y, por tanto, de la salud y la economía humanas.

Pero la transición energética soluciona unos problemas y crea otros. Las energías renovables son inagotables y no contaminantes (casi), pero son inconstantes y difíciles de almacenar y de distribuir en una forma que no sea la electricidad. Requieren mucha energía para la fabricación de los equipos que, hasta ahora, ha salido de los combustibles fósiles en su gran mayoría y requiere gran cantidad de materiales plásticos (provenientes del petróleo) y de minerales. Dado el reto tan importante, la demanda de estos va a ser tan elevada que se temen colapsos de suministro en bastantes de ellos, como las tierras raras, el litio, el cobalto, el níquel, el cobre, etc.

Por este motivo, Europa se plantea una estrategia que le permita no ser dependiente del exterior como lo ha sido del petróleo y del gas y que han hecho tambalear su economía en cuanto han empezado a escasear por la guerra de Ucrania (aunque esta no sea la causa principal de su escasez, sino el aumento de los costes de extracción y la disminución de la tasa de retorno energético).

La estrategia europea plasmada en el proyecto de Ley de Materias Primas Críticas (Critical Raw Materials Act) se basa en el control de toda la cadena de suministro: producción, procesamiento, refino, reciclaje y reservas estratégicas. Y plantea cuatro objetivos: enfocarse, prepararse, fortalecerse y conservar.

  1. Enfocarse, definir qué materias primas críticas pueden considerarse particularmente estratégicas para la transición energética y para la defensa. “Daría una señal a los inversores privados”, ha dicho la presidenta von der Leyen.
  2. Prepararse, anticiparse. Crear una red europea de agencias de materias primas, es decir, coordinar las agencias de todos los países miembros con un objetivo común europeo, en vez de una competencia interpaíses.
  3. Fortalecerse, “construir una cadena de suministro más resistente, apoyando proyectos y atrayendo más inversión privada. Y al tiempo que garantiza los más altos estándares sociales y medioambientales, al estilo europeo”. “La Comisión debe estar facultada para enumerar proyectos estratégicos, que se etiquetarían como de interés europeo, en función de las propuestas de los Estados miembros. Estos proyectos podrían beneficiarse de procedimientos simplificados y un mejor acceso a la financiación”.
  4. Conservar. “El almacenamiento estratégico puede ser un instrumento para prevenir interrupciones o desequilibrios en la cadena de suministro. Pero si no se controlan, podrían materializarse discrepancias entre los Estados miembros”.“Debemos garantizar unas condiciones de competencia equitativas sólidas y sostenibles, aprovechando nuestras herramientas del mercado único, como las normas. Para que las actividades de materias primas en la UE puedan ser competitivas internacionalmente. Y atraer inversión privada”.

Del proyecto de ley se desprende que:

  1. Se pretende la centralización. La Comisión Europea se reserva el control total de las materias primas críticas y una vez que decida que un proyecto es estratégico (una mina, una fábrica, un vertedero, etc.), ya nadie podrá oponerse. Usan el eufemismo de “proyectos de interés europeo”. Esto ya es de sobra conocido en los territorios como el de Aragón.
  2. El objetivo de soberanía mineral basado en el fomento de la empresa privada es muy difícil, al ser dos conceptos antagónicos el beneficio social y el beneficio económico. Si, además, las empresas son extranjeras, ya no hay soberanía de ningún tipo.
  3. La frase más repetida es “atraer inversión privada”, a base de incentivos económicos (como subvenciones y reducción de impuestos), regulaciones ad hoc, simplificación administrativa y reducción de controles sociales. Esto nunca puede llevar a garantizar “los más altos estándares sociales y medioambientales, al estilo europeo”, sino todo lo contrario.
  4. El ahorro se nombra de pasada, lo cual quiere decir que el proyecto se basa en estimaciones de crecimiento económico y, por tanto, de consumo de energía y de materias primas. Lo que implica mayor demanda y dependencia.
  5. Europa quiere soberanía de materias primas críticas baratas para poder ser competitivos internacionalmente.
  6. Se pretende la homogenización de las normativas nacionales de reciclaje y, según el espíritu de la ley, con exigencias a la baja para eliminar “barreras a la libre circulación”.

Los ecologistas nunca se han opuesto a la minería en sí, sino a la minería que no paga todos los costes que produce, que es la que emplean las grandes multinacionales. Llegan a los territorios, cooptan a los gobiernos que les malvenden o regalan los terrenos expulsando a la propia vecindad (a la que en algunos países llegan a matar, si les es rentable); contaminan aire, tierras y agua y se van, una vez agotada la mina, dejando todo devastado. Pagan sueldos miserables y los empleos son precarios, temporales y sin control sobre la salud. Y, por añadidura, camuflan la mayoría de su actividad en paraísos fiscales para no pagar impuestos en el país.

Desde este punto de vista, Europa debería explotar sus propios yacimientos minerales pero no con criterios económicos sino de soberanía en las materias primas y de respeto a la vida y entorno de su población. Por este motivo, cualquier proyecto ético de soberanía mineral europea debe basarse en el sector público o en la industria local con fuertes imposiciones sociales y medioambientales, lo que descarta, necesariamente, a las grandes empresas transnacionales y el concepto de competitividad internacional.

Además, la minería que depende de empresas extranjeras, aunque sean de países “amigos”, cede la mayor parte de la soberanía mineral al interés económico de empresas que pueden servir, perfectamente, a otros países, si la rentabilidad económica es mayor o si sus países de origen se lo reclaman.

Esta misma argumentación sirve para todas las demás fases. El procesamiento y refino requerirá la creación de industria europea limpia y respetuosa con medioambiente y población. Lo importante no es el precio del mineral sino un proceso que no influya negativamente en ecosistemas naturales, sociales y económicos. No vale emplear la zanahoria del empleo, las minas dan mucho miedo por su trayectoria histórica de destrozos y destrucción.

En cuanto al reciclaje, además, requerirá una modificación de raíz de los sistemas productivos. No se pueden producir utensilios con fecha de caducidad temprana (obsolescencia programada), no reparables y donde los diferentes minerales estén mezclados descontroladamente. El futuro exigirá reciclaje del 100%.

Y el almacenamiento, además de lo anteriormente dicho, se basará en compras a terceros países de aquellos minerales deficitarios para Europa, la gran mayoría. Esta importación no puede basarse en la esclavitud en terceros países y en la destrucción despreocupada, porque estaríamos externalizando el problema, como hemos hecho con las emisiones de CO2 y la deslocalización de empresas.

Y aquí es donde la argumentación de Unión Europea a través de su presidenta von der Leyen hace aguas. Cuando habla de nuestros amigos y enemigos sistémicos, ya está introduciendo sibilinamente la idea de lucha, o guerra incluso, para conseguir un suministro constante de materias primas. Es la misma política que hemos hecho hasta ahora, a la sombra de EEUU y con la OTAN como brazo ejecutor. Y así nos está yendo, que nos obliga a replantearla. El futuro requiere colaboración bidireccional, incluso internacional, China lo ha entendido. Europa debe aprenderlo.

Von der Leyen viene a decir que el mercado no es capaz de garantizar el suministro de materias primas críticas a Europa, ni siendo uno de los mejores pagadores. Antes, con este sistema, eran los países pobres los que se quedaban sin suministro (miremos Líbano, Sri Lanka, Pakistán o Kazajistán). Pero esto puede llegar a Europa, que está en medio de gigantes como China, Rusia y EEUU y puede llevarse los bofetones perdidos, con toda seguridad.

El proyecto de Ley de Materias Primas Críticas es más de lo mismo. Una ley que no pretende cambiar nada y, por tanto, no trae soluciones, sino que agrava los problemas: elitiza las decisiones y rebaja exigencias a las empresas contaminantes.

La ley debería tener como primer objetivo, el ahorro de materias primas (y de energía) y el reciclado dentro de las fronteras comunitarias (no externalizado). Esto implica renunciar al manoseado “crecimiento económico” en pos de la estabilidad y el bienestar social.

Como segundo objetivo, debería admitir la decisión de las comunidades locales de oponerse a un proyecto minero o empresarial contaminante. Se puede hacer bien y la gente lo aceptaría, pero es mucho más caro y esta ley sólo busca materias primas baratas, por encima de los derechos ciudadanos.

Esta ley viene a plantear el incumplimiento de la ley medioambiental europea, ya de por sí laxa, en beneficio de empresas mineras, en pos de una “soberanía mineral”. Esto es un retroceso en bienestar humano.

La ley no plantea acabar con el colonialismo mineral de terceros países, sino que lo defiende si sirve a la “soberanía mineral” europea. Abre, además, la puerta a la minería submarina, más contaminante aún que la terrestre.

La presidenta Von der Leyen ha dicho: “Asegurémonos de que el futuro de la industria se haga en Europa”, pero no ha dicho a qué precio será si se aprueba esta ley. Habla de soberanía económica pero se olvida de la sostenibilidad medioambiental y social. Un proyecto de ley a la medida de los oligopolios.

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies